Un Espacio de Conocimiento Iberoamericano

Publicado por el Jun 5, 2014

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Hace cinco años formulé una propuesta que me pareció sugestiva desde el mismo momento en que conocí el programa Erasmus. Se trataba de replicar mutatis mutandis los elementos de este programa de la Unión Europea (UE), una experiencia de integración de profesores y estudiantes que funciona muy bien en el Viejo Continente, en América Latina.

El programa Erasmus de la UE nació hace más de veinte años. Se trata de un programa de cooperación entre las universidades de Estados miembros y de ciertos Estados no miembros. Su objetivo es fomentar el intercambio de estudiantes y de profesores a nivel universitario. Más de un millón de estudiantes se han beneficiado del programa Erasmus, que ya comprende a más de treinta países. Es la iniciativa más importante del mundo en materia de intercambio académico. El Erasmus va mucho más allá de la mera adquisición de conocimientos, y podríamos decir que parte de su éxito reside en el desarrollo de sólidos vínculos interpersonales entre estudiantes de diversas nacionalidades.

Además, constituye un pilar en la formación de una conciencia de ciudadanía europea, actuando como un eficaz medio de integración en un espacio dotado de raíces comunes.

América Latina no cuenta con un programa de estas características. Puede resultar sorprendente que en una región donde los vínculos entre los países son tan profundos no se haya diseñado un programa de este tipo. Si bien es cierto que existen obstáculos para desarrollarlo, por ejemplo la falta de un visado común para la región o la ausencia de una política de cielos abiertos que abarate los vuelos, tampoco conviene olvidar que existen enormes oportunidades y que los sistemas universitarios de América Latina cuentan con una larga tradición. En la América hispana existen Universidades desde el siglo XVI y en algunos de estos países se alcanzó la plena escolarización de la educación obligatoria antes que en la mayoría de los países de Europa.

También cabe destacar que existen muchos acuerdos entre universidades que están funcionando muy bien y que el flujo migratorio de estudiantes dentro de la Comunidad se ha incrementado de forma notable. Asimismo, España avanzó de manera significativa en lo relativo a reconocimiento de títulos académicos, acortando los plazos y facilitando los trámites.

Por otro lado, en el marco de la Alianza del Pacífico se avanzó en un ambicioso programa de Movilidad Estudiantil y Académica. Este programa se funda en la firma de un acuerdo entre los gobiernos de Colombia, Chile, México y Perú quienes, como miembros de la Alianza del Pacifico, decidieron llevar a cabo un Programa de Becas de Movilidad Estudiantil y Académica. El objetivo del Programa es contribuir a la formación de capital humano avanzado de los países miembros de la Alianza del Pacífico a través del intercambio académico de estudiante de pregrado y doctorado, así como la realización de pasantías académicas.

Sin embargo, quizá si consideramos que las instituciones de la Comunidad Iberoamericana no tienen la naturaleza jurídica de las de la UE, al no estar capacitadas para aprobar normas vinculantes en los Estados miembro, sea demasiado pronto para intentar replicar de manera exacta un programa como el Erasmus.

Aunque  se puede avanzar en la posibilidad de, por ejemplo, establecer registros de los acuerdos que ya existen entre las universidades iberoamericanas y que brindarían una buena referencia para un ágil otorgamiento de visados y, además, impulsar un marco normativo que pueda abarcar y ordenar aquellas iniciativas que estén en marcha. En esta cuestión, dotar de visibilidad y de cierto orden a la multiplicidad de becas, programas bilaterales o acuerdos entre universidades redundará en beneficio de los 20 millones de estudiantes universitarios iberoamericanos.  

Asimismo, no se debería dejar fuera de estas propuestas la posibilidad de facilitar prácticas de trabajo de jóvenes emprendedores en empresas iberoamericanas que supongan un valor añadido a la educación formal.

La educación y fomentar el talento y el conocimiento son clave para combatir la pobreza y las desigualdades sociales. Estas variables combinadas con procesos de integración concretos en la materia, se refuerzan mutuamente.

Con el nuevo impulso imprimido al modelo de Cumbres Iberoamericanas, quizá sea un buen momento, coincidiendo con la próxima Cumbre Iberoamericana que se celebrará en México, incorporar a la agenda iberoamericana propuestas vinculadas a la movilidad de talentos y a un espacio de conocimiento iberoamericano.

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