Elecciones en Colombia: el primer round para Zuluaga

Publicado por el May 26, 2014

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El pasado domingo se celebraron elecciones presidenciales en Colombia. El candidato uribista, del partido Centro Democrático, Oscar Iván Zuluaga, ha sido el más votado con un 29,25 % de los votos, seguido del actual presidente y candidato a la reelección Juan Manuel Santos, con un 25,68 %. El tercer candidato en número de votos ha sido  Marta Lucía Ramírez, la candidata del Partido Conservador, con un 15,52 %; muy cerca ha quedado la candidata del Polo Democrático Alternativo (PDA), candidata de izquierda, Clara López (15,25 %), y Enrique Peñalosa, de la Alianza Verde que ha obtenido el 8,3 % de los sufragios. El futuro presidente de Colombia saldrá electo en una segunda vuelta prevista para el 15 de junio en la que participarán los dos candidatos que mayor número de votos han obtenido en estos comicios: Zuluaga y Santos.

Para  acceder a la Casa de Nariño el candidato ganador deberá centrar sus esfuerzos  en seducir a los tres segmentos del electorado que serán decisivos:

  • Los ciudadanos que se abstuvieron en la primera vuelta (la participación en primera vuelta ha sido muy baja, con una abstención histórica cercana al 60 por ciento –la participación más baja en los últimos 20 años-). 
  • El electorado de izquierdas que votó por los verdes (8,3%), y por el Polo (15,2%).
  • El electorado del tradicional Partido Conservador (15,52%), con una importante implantación territorial.

Seguramente, la estrategia de Santos será redoblar el ataque al uribismo argumentando que se trata de un movimiento que no podrá conseguir “la paz” con la organización terrorista de las FARC, intentar conquistar el centro apelando al voto miedo y pactar con la izquierda una “tracción” de sus votos.

Por el lado de Zuluaga, la estrategia seguramente sea pactar con el Partido Conservador un acuerdo de gobernabilidad, apelando a la distancia de los conservadores con Santos y a la existencia de afinidades programáticas en temas sensibles como la forma de encarar el conflicto armado y una determinada visión del orden moral. La implantación territorial del Partido Conservador podría allanar a Zuluaga el camino a la presidencia. La noche de las elecciones el candidato tendió la mano a los conservadores “Quiero agradecer a la doctora Marta Lucía Ramírez y reconocerle su liderazgo, su talante, su vocación patriótica y su preparación. La invito, motivado por el mutuo respeto que hemos edificado, para que unamos esfuerzos en beneficio de Colombia y construyamos el cambio que nuestro país anhela y necesita”.

En cuanto a la movilización del electorado que no ha ido a votar y que sí podría hacerlo en segunda vuelta (aunque históricamente, en Colombia, la participación en el balotage es menor), todo indica que tanto por un lado como por el por el otro se incrementarán las fricciones en una batalla dialéctica y judicial de acusaciones extremadamente graves ad hominem, especialmente en cuestiones tan delicadas como la presunta vinculación de los candidatos con prácticas ilícitas.

Santos ha sido un buen presidente. La economía colombiana creció, ha sido impulsor de procesos de integración exitosos como la Alianza del Pacífico; cerró el TLC con EE.UU.  y logró que Colombia superase el PIB de Argentina. Sin embargo, está pagando caro la decisión de emprender un diálogo y una negociación con la banda armada de las FARC precisamente cuando éstas atravesaban uno de sus momentos de mayor debilidad. Sentarse a negociar con los terroristas ha sido no solo contraproducente para los intereses electorales de Santos sino que también lo ha sumido en un callejón sin salida al que se entra por La Habana.

Con los terroristas el diálogo solo puede ceñirse a la constatación del cese de la violencia. El pueblo colombiano ha sufrido la pesadilla narcoterrorista demasiado tiempo, ha destinado demasiados esfuerzos como para sentarse, ahora, con los delincuentes en pie de igualdad y realizar concesiones, en ocasiones, de lo más peregrinas. Porque como suele suceder en estos procesos, los radicales siempre piden más, y se rehacen dialogando mientras que el Estado comienza a debilitarse y queda convertido en rehén de negociadores buenistas. Estos negociadores suelen ser una panda que deambula por el mundo con un negocio que consiste en proclamar que no hay buenos y malos sino “partes” en conflicto, que no habrá vencedores ni vencidos, por la sencilla razón que si se definieran con juicios de valor no serían contratados para la siguiente negociación.

En fin, menos de un mes nos separa de la decisión final del pueblo colombiano, el desenlace de la segunda vuelta es incierto y los ejes del debate serán los siguientes Paz/guerra o Sumisión al terrorismo/derrota al terrorismo. Dependiendo cuál de ellos prevalezca, obtendrá la victoria uno u otro candidato.

 

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