Bolivia, el litio y no quedarse sin batería

Publicado por el may 16, 2014

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Bolivia posee la mitad de las reservas mundiales de litio. Este recurso se encuentra fundamentalmente en el Salar de Uyuni, una planicie de más de 10.000 kilómetros cuadrados en el departamento de Potosí.

¿Por qué el litio es importante? En la actualidad la cantidad de dispositivos móviles en el mundo es asemeja a la cantidad de habitantes del planeta y este fenómeno aumenta de forma exponencial. Los celulares, móviles, tabletas, cámara de fotos, los acondicionadores de aire, necesitan litio para que los puedas usar. Los coches “del futuro” también. El litio es un ingrediente clave para el funcionamiento de los coches híbridos y eléctricos. La importancia de este recurso natural ha iniciado una carrera global para obtener el preciado metal. En los últimos años la demanda internacional de litio ha aumentado considerablemente, y ya se escucha hablar de la “era del litio” como un nuevo paradigma técnico e industrial.

Se atraviesa una etapa de aumento exponencial de la demanda de este metal que representa solo el comienzo de un fenómeno que no sabemos dónde puede terminar y que parece no tener techo. Sin embargo, algunos análisis son más cautos y destacan que hay que esperar y observar diversos factores: comprobar si el paradigma de los autos eléctricos despega, si las estaciones de recarga de baterías de coches se desarrollan y si, en definitiva, a los consumidores les resultará atractivo este tipo de productos que el mercado les puede llegar a ofrecer.

Hoy, la extracción de litio en el Salar de Uyuni está paralizada a pesar de la inauguración a principios del año pasado de una planta piloto de carbonato de litio. Según el propio Presidente Morales en su discurso del 22 de enero pasado, en el 2013 Bolivia habría logrado producir nueve toneladas del compuesto, Esta cifra es diminuta, comparada con las 200.000 toneladas de carbonato de litio que se produjeron a nivel mundia

Una frase repetida hasta el cansancio en América latina es “qué pena, con tantos recursos naturales y que siga habiendo tanta pobreza…” Pero los recursos naturales no garantizan prosperidad. Sobran los ejemplos de países que siendo pobres en recursos naturales gozan de una prosperidad envidiable. Porque los verdaderos motores del desarrollo de las naciones son el respeto a la propiedad privada, la seguridad jurídica, la libertad económica, la estabilidad política, la educación y la inversión en capital humano.

Es decir, abundan los regímenes intervencionistas y estatistas que controlan ingentes recursos naturales y que sin embargo se muestran incapaces de mejorar las condiciones de vida de sus pueblos. En estos casos, las rentas del petróleo no redundan en beneficio de la población. Por otro lado subyace un fenómeno económico insoslayable: muchas veces las malas políticas en las exportaciones de hidrocarburos pueden desplazar y menoscabar las exportaciones no petroleras, lo que va en detrimento de la sana competitividad, al mismo tiempo que se vuelve ociosa la economía.

Esta es el llamado “síndrome holandés” o la maldición de los recursos naturales. Se denomina así porque en los años sesenta se descubrieron unos importantes yacimientos de gas en el Mar del Norte. A pesar de ello, las rentas obtenidas terminaron perjudicando la competitividad de las exportaciones no petroleras. Otro ejemplo análogo de este fenómeno en la historia lo podemos encontrar también en la España del siglo XVI con la denominada “revolución de los precios”, el proceso que se desencadenó con la llegada de metales preciosos procedentes de América y que fue una variable que produjo una brutal inflación en el continente europeo.

La voluntad estatista y de nacionalizar el litio obstaculizando la iniciativa privada y la inversión extranjera, dos elementos imprescindibles para explotar debidamente este recurso, serían decisiones desafortunadas que pueden terminar perjudicando al pueblo boliviano.

El litio es una oportunidad para Bolivia, y lo idóneo es diseñar marcos jurídicos sólidos y reglas de juego claras que permitan a las empresas del sector extractivo que quieran explotar esos recursos cumpliendo la ley, hacerlo.

Ojalá que el futuro de Bolivia pase por aprovechar sus riquezas naturales con visión estratégica y pueda ubicarse en los mercados internacionales gracias a este recurso natural. Solo el tiempo nos revelará si el metal cobrará la dimensión y el protagonismo previstos, si quien toma las decisiones al más alto nivel evita creer que la explotación y exportación del litio son la panacea para solucionar los problemas del país y si éste tiene la suficiente sagacidad para aprovechar las oportunidades que ofrece a un país contar con este recurso.

En caso contrario, Bolivia se podría quedar sin batería y sin posibilidad de recargarla.

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