48 horas en Caracas en 2014

Publicado por el Apr 29, 2014

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Hace cuatro años escribí un artículo que se titulaba 48 horas en Caracas. En él trazaba una instantánea de mi breve visita a la capital venezolana, que ofrezco de nuevo al lector al final de esta columna. La semana pasada visité de nuevo Venezuela durante 48 horas.

 

Fui invitado como ponente al foro «América Latina: la libertad es el futuro» en ocasión del treinta aniversario de CEDICE, el principal think thank de Venezuela dedicado a la defensa de la libertad. Entre los ponentes destacaba el Nobel Mario Vargas Llosa; la diputada venezolana María Corina Machado; los alcaldes de Caracas y Chacao, Antonio Ledezma y Ramón Muchacho; el escritor colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, o el presidente de Atlas Foundation, Alejandro Chafuen. Además, aprovechando la visita, tuve la oportunidad de celebrar encuentros con destacados representantes de la oposición venezolana como Ramón Guillermo Aveledo, María Corina Machado, algunos familiares de Leopoldo López y representantes de Primero Justicia, liderado por Henrique Capriles .

 

Pues bien, la máxima según la cual que toda situación es posible de empeorar, lamentablemente se ha cumplido en el país sudamericano. Encontré una Venezuela desbastada institucionalmente, con una economía en caída libre, y con una evidente ruptura de los lazos sociales que hacen posible la sana convivencia.

 

Como manifestó Mario Vargas llosa en su primer intervención, en las jornadas de CEDICE, “Parece mentira que Venezuela se haya empeñado en retroceder, y se haya ido acercando a los ejemplos más patéticos de fracaso económico, político y social, como los son Cuba y Corea del Norte”.

 

No es casual que el país haya involucionado, pues las malas políticas acarrean ineludiblemente malas consecuencias, y éstas, en el caso venezolano, han sido no malas, sino nefastas. El desmoronamiento del régimen continúa y las consecuencias institucionales y económicas las está pagando una sociedad venezolana que vive en desazón. A los que mandan en Venezuela ya no les queda más maquillaje para el disfraz democrático que solían utilizar. El alcance del descalabro que ha causado el autoritarismo populista es de tal magnitud que sus responsables se ven desbordados e impotentes en los sectores institucionales, sociales y económicos.

 

En lo económico, la inflación se disparó a niveles exorbitantes. El intervencionismo económico en general y los controles de precios en particular son solo una muestra del la deletérea conjunción de economía planificada e incompetencia. Se trata de una combinación que explica que uno de los países con mayores de reservas de petróleo en el mundo, hoy no tenga alimentos básicos en los estantes de los mercados, ni medicinas esenciales en sus farmacias.  El billete de mayor valor en circulación del mercado es equivalente a 1,20 euros, y no alcanza para comprar una lata de atún o leche para los niños.

 

En términos políticos, la ferocidad persecutoria del régimen es de tal magnitud que lo aberrante ya se percibe con cierta normalidad. Así, pueden encarcelar a  dirigentes opositores, privar de la inmunidad parlamentaria a quienes tienen las agallas de enfrentarse al régimen, y, sin embargo, me costó mucho trabajo encontrar a un dirigente opositor que me pudiese asegurar que no tenía un proceso abierto contra él por supuestos y absurdos delitos. En definitiva, se trata de una forma más que tiene el régimen de pervertir el poder judicial para intentar callar atemorizar y amedrentar a quien se oponga a sus objetivos revolucionarios.

 

Los estudiantes protestan a diario en las calles exigiendo justicia y democracia. No obstante, los medios de comunicación, que están absolutamente dominados por el régimen, nos muestran una Venezuela falsa, amenazada por supuestos terroristas que conspiran contra el régimen. Emplean de forma burda estrategias que ni siquiera George Orwell pudo imaginar.

 

Mientras que el pueblo venezolano lucha por salir de esta pesadilla, la comunidad internacional observa y hasta promueve un ritual granhermanesco, en el que los perseguidores dicen querer entenderse con los perseguidos. El régimen seguramente pretenderá lavar su cara y transmitir cierta percepción de normalidad con ese dialogo.

 

Sin embargo, a pesar de las trampas que les tienda el régimen, los opositores deben continuar unidos porque la unidad ha costado mucho esfuerzo durante estos años y solo con una oposición unida, exigente y con una visión estratégica se puede ofrecer a los venezolanos y mostrar al mundo una auténtica alternativa viable.

 

La neutralidad es complicidad, dijo Mario Vargas Llosa en el seminario. Se han cruzado ya muchas líneas rojas como para que el silencio sea un comportamiento aceptable. Por ello, es necesario que el apoyo de las naciones democráticas y de los organismos internacionales en defensa de los derechos humanos, la democracia, la paz y la libertad sea categórico.

 

Venezuela y América latina necesitan que triunfe la causa de la libertad, la justicia y la democracia. Ojalá que esta pesadilla termine pronto y que lo haga de forma pacífica.

 

Mientras tanto, en las últimas 48 horas 56 cadáveres ingresaron a la morgue forense de Bello Monte en la ciudad de Caracas…

 

 

A continuación se transcribe 48 horas en Caracas (2010)

 

Al llegar tengo prevista en agenda una cena con amigos. Venid “casual elegante”, me advierten. Sin embargo, los anfitriones nos esperan encorabatados en sus sobrios trajes. Nos explican que el cambio de atuendo obedece a que vienen del funeral de uno de los dueños de un medio de comunicación opositor al régimen, acribillado por “malandros” ese mismo lunes.

Pero la vida sigue en Venezuela, en este país que en los primeros dos meses del año ya carga con alrededor de mil muertes por homicidios, una cifra similar a la que arroja la reciente tragedia de Chile. Una noticia tapa a la otra en Venezuela. El ritmo informativo guarda un asombroso parecido con el caótico tráfico de su capital. Todo pasa a mil, “full”.

Todo el mundo está con su ‘black’ y su ‘ping’. Todo es una mezcla frenética de desazón y desconcierto generalizado condimentados con una alegría transitoria, fruto de una idiosincrasia repleta de una calidez encantadoramente chévere.

Y las noticias se suceden, el informe de la Comisión Interamericana de derechos humanos que manifiesta de forma contundente la vulneración de los derechos fundamentales y las libertades individuales del Regimen se solapa con los indicios para investigar las supuestas conexiones entre la banda terrorista ETA, la narcoterrorista colombiana Farc y el gobierno de Venezuela sugerida por un prestigioso magistrado español.

La denuncia presentada por médicos cubanos que se sienten explotados eclipsa al mismo tiempo la noticia de la huelga de hambre del agricultor, iniciada para defender sus dominios y a la postre encerrado en un hospital militar diagnosticado como “loco”(si, aquí, a veces las palomas le disparan a las escopetas). La cruzada expropiadora: el exprópiese!! (dixit) queda tapado por el ensordecedor encadenamiento televisivo del dictador.

De día, el caudillo dice disparates por televisión, por ejemplo quiere prohibir los videojuegos por considerarlos una influencia bélica perniciosa para los niños pero lo hace vestido de militar, y  con tanques como decorado de fondo. Representa de forma ejemplar ese modelo decaudillo presente en el subgenero de literatura latinoamericana de las novelas de dictadores con un toque de comedia. Mucha gente le ríe sus gracias… por no llorar. Y la gente sigue como puede. Con luz y sin luz (hay cortes todos los días), con agua y sin agua (también hay cortes).

 

Ya por la noche un tipo con una gorra y una camiseta del Ché Guevara nos insulta en la televisión por haber celebrado un acto sobre la libertad, la democracia y las instituciones junto a la oposición. “Conspiración internacional” proclama… “Cortemos relaciones diplomáticas” con el imperio. En fin, el viejo truco: para tapar un follón, crear otro más gordo (asignatura: Goebbels 1, aprobado). Y sin embargo el desmoronamiento del régimen parece estar ahí. Tiene frentes abiertos por todos lados y el bote está lleno de agujeros. Pero el desmoronamiento lleva estando ahí cinco años, tan inminente, que paradójicamente, también parece eterno. Pese a ello, hay esperanza.

Nos juntamos con amigos, vamos a conferencias, todo el mundo habla de Chávez. La vida diaria gira alrededor de sus atropellos. Me acuesto y me acuerdo de una frase de San Martín: el enemigo puede ser grande y poderoso pero más grande y poderoso parece si se lo mira de rodillas. Pero aquí no están de rodillas. Hace cinco años que vengo a este gran país donde el tejido social sigue vivo pese a las adversidades, y la oposición no baja los brazos. Su lucha democrática es admirable.

También veo una buena gestión de los alcaldes opositores, como Ocariz del municipio Sucre del Estado de Miranda. Están de pie, más razones para la esperanza. Me encanta Venezuela, me encanta el pueblo de Venezuela, pero confieso que detesto a Chávez. El conductor que me lleva de regreso me dice, “¿se acuerda de estos lugares? Estos bares que hace años estaban llenos de chamos rumbeando,  divirtiéndose, bueno han cerrado todos, entre el toque de queda de la inseguridad que guarda a todo el mundo en sus casas, más los cortes energéticos, esto está todo muerto”.

Mientras señala con el dedo los bares, agrega, “ahí también mataron al escolta de Gerardo” ¿…Y usted tiene miedo? Le pregunto al escolta, ‘Pompeyo’, un moreno enorme de dos metros y 110 kilos, cinturón negro de Yudo y Mua Thai, y con dos “pipas” gigantes en los bolsillos. Me dice, “la verdad que sí: estos círculos que ha construido Chávez se han desbordado. Están sin control y se confunden con el hampa común. Pero igual quédese tranquilo doctor, si pasa algo, yo también me ‘aplico’. En fin, una maldición gitana advierte “ojalá te toque vivir tiempos interesantes” y todo indica que se la han echado a los pobres amigos venezolanos.

Pero estoy en el avión de regreso, con esa nostalgia tanguera que me agarra cuando me despido de amigos que se quedan en territorio difícil, pero cierro los ojos, tomo aire  y algo dentro de mi me dice que pronto, como siempre, prevalecerá la libertad sobre la tiranía, porque la voluntad y determinación de los hombres libres siempre se impone sobre la opresión por mas poderosas que sean sus garras.

 

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