Jordi Pujol, el hombre del 3%

Publicado por el sep 10, 2014

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En los años noventa, después del colapso general del comunismo en la Europa del Este y los Balcanes, la transición democrática se ha hecho de un modo acelerado. Las privatizaciones de las empresas públicas y la apertura de nuevos negocios eran obligatorias para pasar de una economía centralizada a la del libre mercado. En ésta época, a los políticos que “vigilaban” la transición, no se les llamaba por su nombre, sino por el porcentaje de las comisiones que cobraban para permitir un negocio. Así, a un alcalde de Belgrado (Nenad Bogdanovic),  se le llegó a llamar “El hombre del 7%”.  No es que la corrupción sea algo normal y deseable en las sociedades poscomunistas, pero sorprende menos. Los regimenes comunistas se mantenían gracias a la ideología, poderoso aparato militar y policial, modernización y una red del clientelismo y corrupción vinculados al aparato del Partido Comunista. Es difícil de librarse rápidamente de esta herencia.

Que Jordi Pujol sea el hombre del 3%, eso es, que cobraba comisiones para enriquecerse personalmente y para financiar su partido, no deja de sorprendernos.  Para mantener  un Estado democrático, al contrario que uno totalitario,  no es necesario tener redes de  corrupción. Al revés, huelga decir.

Para comprender la actitud de Pujol, hay que acordarse de lo que afirmó Maquiavelo hace 500 años: es más fácil conseguir oro con buenos soldados que buenos soldados con oro. Con este aforismo, lo que Maquiavelo quería decir era que el poder político triunfa sobre todas las cosas. Pero aún así, no hay que olvidar que la connivencia, la corrupción y el rentismo son consustanciales a los Estados autoritarios.

 

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