Hungría: el ocaso de la democracia

Publicado por el abr 6, 2014

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Hoy se celebran las elecciones generales en Hungría. Su resultado es  previsible y preocupante: todo hace presagiar que la coalición de derecha  FIDESZ-KDNP del actual primer ministro Víctor Orbán cosechará la mayoría de los votos  (aunque no se repetirá su éxito de 2010, cuando ganó con el 52,7% de los votos) y que el partido JOBBIK, de extrema derecha, será la tercera fuerza en número de votos.

 

Los comicios serán un examen de revalida para Víctor Orbán. Su posible tercer mandato confirmaría que los húngaros aprueban la destrucción sistemática de las instituciones y de la cultura democrática durante los últimos cuatro años.  Desde 2012, el gobierno de Orbán, prevaliéndose de la mayoría absoluta de su partido en el legislativo, ha cambiado numerosas leyes,  la Constitución entre ellas, limitando los poderes locales y la libertad de expresión. Ha rehabilitado figuras históricas como del fascista Miklos Horty, conocido por su colaboración con el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Si a estos hechos añadimos los ataques (que dejaron 6 muertos y 55 heridos) contra gitanos y judíos, que siguen impunes porque sus autores son militantes del partido nacionalista  Pax Hungariana, (conocido por su ideario antisemita y xenófobo), podemos afirmar, en el décimo aniversario de la entrada de Hungría en la Unión Europea, que hay un declive de la democracia en este país centroeuropeo. El discurso político de la derecha húngara es nacionalista y populista: afirma que Hungría es una colonia de la UE y achaca todos los males que sufre el país a la forma en que se hizo la transición a la democracia, presentando el liberalismo como la mayor catástrofe que ésta trajo consigo.  Hungría ha estrechado sus relaciones con Rusia, mediante el acuerdo de construcción de dos plantas nucleares en Piks por valor de 15 mil millones de euros, mientras los europeos hablan de la necesidad de librarse de la dependencia energética respecto a Rusia.

 

El reciente éxito del Frente Nacional de Marine  Le Pen en Francia nos recuerda que  el auge del nacionalismo y del populismo no es un fenómeno exclusivo de los nuevos socios de la UE, aunque en éstos debido a la debilidad de sus jóvenes instituciones democráticas y su pasado comunista sea más difícil combatirlo.

 

El nacionalismo y populismo van de la mano y amenazan directamente a las libertades y a la identidad europea. Para vencerlos habría que reconstruir Europa como un espacio de libertad, paz y seguridad, aplicando instrumentos legales como el artículo 7 del Tratado de Ámsterdam (1997) que contempla la posibilidad de retirar el derecho de voto en el Parlamento Europeo a los países que consientan y estimulen la degradación de las instituciones comunes.

 

 

 

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