Más que deporte

Publicado por el abr 6, 2016

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Cada vez somos más los convencidos de que el deporte es socialmente mucho más importante de lo que creíamos, y si no, asómense a la calle un fin de semana cualquiera. O al menos es más importante de lo que nos querían hacer creer los intelectuales de la Transición que encubrían su aversión a practicarlo con el socorrido “pan y deporte” para manipular a las masas.

Para algunos, entre los que me encuentro entusiásticamente, el deporte es, por encima de todo, diversión. Nos produce, como dicen los científicos (y a mí me lo contó nada menos que el doctor Fuster) endorfinas, y con ellas una sensación de placer y bienestar comparable a los opiáceos. Placeres comparables, y no lo digo yo, al enamoramiento o a consumir chocolate. Ahí es nada, todo ello tan simple como quedar con unos amigos el domingo para jugar un partido de pádel.

Pero hay más. Estudios avanzados como los que se llevan a cabo en la Universidad Europea relacionan de manera muy evidente el deporte con la salud. Si se quiere recuperar uno de un problema serio de salud, o de una operación quirúrgica, nada como el ejercicio pautado y controlado. Un poquito de “deportitis” y olvídese de los fármacos para el colesterol o el azúcar. Cuando envejecemos, más deporte para alargar la vida y, sobre todo, mejorar su calidad. 

¿Y qué decir de su poder de convocatoria social y su potencial como actividad económica? ¿Se imaginan ustedes un día de televisión sin una buena competición que llevarse a la boca? Cifras mareantes que pagan los medios por tener en su parrilla los grandes eventos, lo que se traduce en espectadores e ingresos publicitarios.

Hasta la moda y los comportamientos se contagian. Quién si no se atrevería a ir al hiper en chándal, o al Congreso en zapatillas de correr. ¿Qué me dicen ustedes de esa moda absurda, y un poco guarra, si me lo permiten, de ir a desayunar a la cafetería del hotel sudando después de haberse ejercitado en el gimnasio del hotel (que por cierto está abierto las 24 horas)?

Pero lo que más ha llamado mi atención últimamente es la importancia que el deporte ha cobrado en nuestra manera de educar. Los grandes deportistas son lo héroes modernos. Y todos, sobre todo los niños, necesitan héroes como ejemplo que seguir y espejos en los que mirarse para desarrollar su propia personalidad. ¿Se han enterado de esto nuestros atletas más reputados? Seguramente no, sino no actuarían muchas veces como lo hacen. El poder actual del deporte es tal, que cada vez más se utilizan sus principios para formar personas y profesionales. De hecho, las técnicas más modernas de trabajo en equipo, comportamiento frente a la adversidad o liderazgo, se inspiran en las vivencias de la alta competición. 

¿Debemos, por tanto exigir a los deportistas que sean ejemplo de conducta? Seguramente sí, pero antes habrá que formarles a ellos mismos. Si se dejan…

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