¿Qué educación queremos?

Publicado por el Nov 5, 2013

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Creo que lo he dicho ya más veces, trabajar en educación es lo mejor que le puede pasar a uno. En cualquier puesto, sea de profesor o de gestor, de administrativo o de jardinero. Hay pocos empleos en el que se pueda sentir tan de cerca el estar trabajando por los objetivos más hermosos: los jóvenes, el futuro, la igualdad, el progreso social o la democracia, entre otros. El trabajo se disfruta cuando se está realizando y en los ratos libres. Cuando uno se dedica a la educación es fácil ser el centro de atención de los amigos; todos quieren saber tu opinión sobre este ámbito, cómo está y qué necesitamos para mejorarla.

Estos días, como todos los días hasta donde yo puedo acordarme, la educación anda revuelta. Aunque ahora parezcan causas distintas, siempre son las mismas: no nos ponemos de acuerdo sobre la educación que queremos. Los intereses creados a su alrededor son múltiples e incompatibles entre sí. Y cada ministro, es decir, cada partido, o lo que es lo mismo, cada ideología política o religiosa, pretende saber la educación que necesitamos y quiere su propia ley para imponerla. La que ahora viene tiene incorporado su certificado de defunción. Los partidos que no la apoyan, más o menos la mitad del espectro político, amenazan con cambiarla en cuanto lleguen al poder; es decir, no piensan darle una oportunidad al igual que tampoco se hizo con las leyes anteriores.

Decía antes que trabajar en educación concita el interés de los amigos en cenas y reuniones. ¿Qué piensas tú?, te preguntan como si la solución fuera obvia. Por mi parte, me he habituado a contestarles con un lacónico "no lo sé". Por supuesto no me creen e indagan con metáforas de mal gusto tales como ¿qué harías tú si fueras Ministro de Educación?, y yo les digo que, primero, no ser nunca ministro de nada y, segundo, escucharles a ellos. Decidme qué queréis vosotros, qué desean vuestros hijos, como veis el colegio y a los profesores cuando habláis con ellos. Les recomiendo no faltar a una reunión de padres, no saltarse una sesión de tutoría. Aprovecharlas no sólo para hablar de sus hijos, sino de los demás, de la vida del colegio y de las de los profesores; del entorno donde se están educando sus hijos y de las condiciones de los que están a cargo de esa educación. Y de la gestión de los recursos a disposición de los educadores. Mientras más viajo, más me parece que el gran déficit de la educación en España es la gestión. No aprecio grandes diferencias entre programas o maestros, pero si en la manera de gestionar los recursos y en la calidad de sus gestores. Todavía hoy, en cualquier colegio de España, parece que ser director de departamento, coordinador de curso, jefe de estudios e incluso director de un centro, es una cruz que a uno le toca llevar por un tiempo como si de ser presidente de la comunidad de vecinos se tratase.

El problema de nuestro sistema educativo es, sobre todo, que no sabemos lo que queremos. Sí, claro, sabemos lo que queremos unos pocos, pero no la sociedad en su conjunto. Y en una sociedad que no sabe lo que quiere, la pequeña minoría que sí cree saberlo trata de imponer su criterio a la mayoría. Y así nos va.

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