La vacuna de la gripe, quién y por qué

Publicado por el oct 24, 2014

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La gripe está producida por un virus del tipo ARN. Se transmite mediante la vía aérea por los aerosoles o gotitas que se expulsan al hablar, toser o estornudar, o por contacto con las mucosas en superficies contaminadas, al compartir utensilios de comida por ejemplo.  Puede contagiar desde un día antes hasta más de una semana tras el inicio de los síntomas, siendo el  periodo de incubación de uno a cuatro días. Además de a los humanos,  también pueden afectar a  aves, cerdos o caballos. El virus tiende a cambiar continuamente, y así evita la inmunidad adquirida por el huésped; por ello no es una enfermedad  erradicable y hay que fabricar una vacuna distinta anualmente.

Generalmente hay una epidemia estacional invernal anual, y cada 20 o 30 años ocurre un cambio genético mayor en el virus produciendo una pandemia, que produce un alto índice de morbilidad y mortalidad, ya que las personas no tuvieron contacto con virus similares anteriormente como pasa en el caso de las variaciones menores de las epidemias anuales. Del 5 al 20% de la población puede enfermar en una epidemia invernal normal, y hasta el 50% en caso de pandemia.

En una temporada invernal, no todos los síndromes gripales son gripes. Sin embargo, disponemos de una vacuna para este virus, y no para otros que nos producen enfermedades respiratorias invernales.

La gripe epidémica suele tener un curso leve, y la infección natural confiere protección duradera, de décadas. La padecen en mayor número los niños menores de 1 año y las personas ancianas o con enfermedades crónicas.  Sabemos que coincidiendo con la circulación del virus,  existe un aumento de mortalidad por todas las causas en personas ancianas, un aumento de descompensaciones de las enfermedades crónicas y un incremento de las tasas de consulta y hospitalización.

La medida más eficaz para prevenir la gripe es la vacunación. El objetivo principal de las campañas de vacunación es proteger a los grupos de riesgo en los cuales la enfermedad es potencialmente grave por sus complicaciones. También la higiene de manos o evitar la convivencia directa con un enfermo son barreras para prevenir la transmisión de la enfermedad.

La vacuna no puede producir gripe por elaborarse con virus muertos, siendo esta una creencia falsa muy común.

Todas las vacunas actualmente comercializadas tienen muy buen perfil de seguridad, con efectos secundarios leves frecuentes a nivel local de la inyección,  y muy poco frecuentes efectos generales como fiebre, malestar general,… La respuesta inmunitaria a la vacuna aparece a las 2-3 semanas, y permanece 6-12 meses, siendo menor en los mayores de 65 años.

Para que la vacuna sea efectiva es fundamental que haya coincidencia entre los virus incluidos en la vacuna y los circulantes, cosa que no sucede en algunas temporadas en las que el virus varió de forma no esperada.

Las principales indicaciones de la vacunación antigripal son: las personas mayores de 60 años,  los menores de 60 años que presenten una condición clínica con alto riesgo de complicaciones si enferman de gripe, las personas que pueden transmitir la gripe a aquellas con alto riesgo, y otros grupos como los trabajadores en servicios públicos esenciales que deben estar activos laboralmente si ocurriera una gran epidemia de gripe.

Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas de la semFYC

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