La actividad física, un pilar fundamental en la calidad de vida

Publicado por el Apr 2, 2014

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En el ser humano la actividad física es una manifestación primaria y esencial de la vida. Desde el principio de su existencia el hombre ha necesitado del movimiento para poder sobrevivir y adaptarse a las dificultades que ponían en peligro su existencia. Sin embargo, su evolución y organización social han hecho cada vez menos necesaria la actividad física para su supervivencia. Al finalizar el siglo XIX con la revolución industrial se crea toda una serie de maquinaria que disminuye el trabajo físico del hombre. En el siglo XX se busca el estado de bienestar, se inventa el automóvil que permite desplazarse de forma más cómoda, maquinaria agrícola que facilita el trabajo en el campo y una serie de ingenios mecánicos como son las escaleras, pasillos y ascensores que le hacen la vida más fácil a cambio de disminuir cada vez más el esfuerzo físico diario del ser humano y en consecuencia disminuyendo su forma física.

Los estilos de vida de la sociedad moderna con unos hábitos preferentemente sedentarios son nocivos para nuestra salud y las consecuencias negativas de la falta de actividad física abundantes. La OMS sitúa el sedentarismo en el cuarto lugar entre los principales riesgos de mortalidad global a nivel mundial y lo responsabiliza de aproximadamente un 6% de las muertes. Así pues la actividad física no constituye solamente una actitud deseable para el individuo sino una necesidad para su salud y calidad de vida.

La calidad de vida tiene como un elemento esencial la salud, entendida como la capacidad de las personas para desarrollar una vida satisfactoria de forma individual, a nivel físico, social y psicológico. En 1974 Marc Lalonde, ministro de sanidad en Canadá, elaboró un informe en el que describía cuatro componentes determinantes generales que influyen en la salud. Posteriormente, en 1976, Dever precisó la relación y efecto de cada uno de estos factores sobre la salud, y concluyó que el estilo de vida era el factor que más contribuía a la reducción potencial de la mortalidad, estimando dicha reducción en un 43%, mientras que los sistemas sanitarios únicamente contribuían a reducir está mortalidad en un 11%. Así pues, nuestro esfuerzo debía dirigirse a actuar sobre un estilo de vida saludable.

El estilo de vida saludable se basa en cuatro grandes componentes: La forma física, la alimentación equilibrada, una vida social satisfactoria y evitar los hábitos tóxicos (tabaco, alcohol y otras drogas).

La forma física es la capacidad del ser humano de poder desarrollar las actividades de la vida diaria con rapidez, sin fatiga y que le permite disfrutar de actividades de tiempo libre y responder de forma efectiva a las situaciones imperiosas e inesperadas. Sus componentes son: la resistencia cardiorrespiratoria, la resistencia muscular, la fuerza, la flexibilidad, el equilibrio y la velocidad. Esta capacidad es susceptible de variar con la actividad física.

En la actualidad disponemos de la suficiente evidencia científica que nos permite afirmar que el ejercicio físico realizado de forma regular disminuye la mortalidad prematura por cualquier causa, baja la incidencia de cardiopatía isquémica, enfermedad cerebrovascular e hipertensión arterial, reduce en una tercera parte la aparición de cáncer de colon y mama, la incidencia de diabetes tipo 2, síndrome metabólico y obesidad. Aumenta la densidad ósea en la columna, cadera y muñeca en mujeres pre y postmenopáusicas, mejora el equilibrio y disminuye el riesgo de caídas. En las personas de más de 65 años ha mostrado reducir el riesgo de demencia y deterioro cognitivo. Mejora la calidad del sueño y los síntomas de ansiedad y depresión en las personas con tendencia a estos trastornos. Además constituye un importante elemento en el co-tratamiento de diferentes patologías establecidas (Hipertensión arterial, diabetes mellitus, obesidad, Hipercolesterolemia, EPOC, etc.).

Esto justifica que toda la población realice ejercicio físico de forma regular con el fin de desarrollar al máximo su forma física, mejorar el estado de salud físico-mental y en consecuencia la calidad de vida. Para que este ejercicio resulte efectivo debe aumentar la capacidad aeróbica, la fuerza muscular, la coordinación general, la movilidad de las articulaciones y el equilibrio.

Estos beneficios se obtienen si se realiza un mínimo de 30 minutos de ejercicio aeróbico moderado al menos 5 días por semana, o bien un ejercicio intenso durante 20 minutos un mínimo de 3 días a la semana. Es aconsejable además efectuar 8 a 10 ejercicios que trabajen la fuerza de los grandes grupos musculares al menos dos días a la semana, realizando entre dos y tres series de 10 a 15 repeticiones cada una. Como complemento indispensable, se debe trabajar la elasticidad al menos dos días por semana, es decir, hacer de 8 a 10 ejercicios de estiramientos que permitan mantener una adecuada longitud de reposo en los músculos.

Los beneficios del ejercicio físico se observan en todas las edades, independientemente del género y de la forma física previa y son mayores cuanto mayor es el volumen o intensidad del ejercicio.

En resumen, para disfrutar de una buena calidad de vida es indispensable introducir el ejercicio físico como parte de nuestra rutina diaria, sin olvidarnos de una alimentación saludable y equilibrada, unas buenas relaciones sociales y no consumir tóxicos.

En la siguiente dirección, http://educacionpapps.blogspot.com.es , podéis encontrar toda una serie de consejos de salud para mejorar la calidad de vida que se van actualizando de forma muy ágil.

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Dr. José Ignacio Ramírez Manent. Coordinador del Grupo de Trabajo de la semFYC de Actividad Física. Director Médico C.S. de Calvià

Dr. Manuel Sarmiento Cruz. Vocal del Grupo de Trabajo de la semFYC de Actividad Física

Autoría de las fotos: Grupo de Trabajo de la semFYC de Actividad Física

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