Las claves de #BringBackOurGirls

Publicado por el Jun 14, 2014

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Cuando este sábado se cumplen dos meses del secuestro de más de 200 estudiantes de un internado del noreste de Nigeria, he aquí algunas claves de la crisis abierta por la milicia islamista de Boko Haram.

 

¿Por qué aún no han sido liberadas?

Primero, debido a la complejidad natural del reducto islamista: el bosque Sambisa, una reserva natural en la frontera entre Nigeria y Camerún, se prolonga por más de 60.000 kilómetros cuadrados. Coja la ciudad de Londres, multiplíquela por cuarenta, añada la densidad natural y entenderá lo dificultoso de la misión de rescate.

Segundo, porque Boko Haram no es un grupo totalmente uniforme, sino decenas de subcomandos en bicefalia constante. En ellos, las jóvenes habrían sido dispersadas. Una táctica utilizada a menudo por grupos regionales como el Ejército de Resistencia del Señor ugandés (LRA) a la hora de realizar secuestros. En este sentido, ya desde el inicio de la crisis, fuentes consultadas por este diario aseguraban que el desenlace del caso podría prolongarse por varios años.

Y tercero, ante la ineficiencia política y militar, en una tropa desmoralizada y mal pagada.

Hay que tener en cuenta, que en los últimos días, tan solo cuatro de las más de 200 jóvenes secuestradas el pasado mes de abril por la milicia islamista de Boko Haram al noreste de Nigeria han logrado escapar de sus captores. Este punto es importante: han huido, no han sido rescatadas por las fuerzas armadas del país africano.

 

¿Cuáles son las acciones militares que se están llevando a cabo?

El pasado 26 de mayo, el jefe de la Fuerza Aérea, Alex Badeh, asegurabahaber localizado a las niñas secuestradas, pese a descartar una intervención armada por motivos de seguridad.

Mientras, la milicia islamista continúa campando a sus anchas por la región. En la matanza más reciente, al menos 200 personas perdían la vida en diversos ataques a localidades del Estado de Borno, al noreste del país y donde, hace casi dos meses, eran secuestradas las jóvenes.

A pesar de que la población local había advertido al mando militar nigeriano de un ataque inminente, el Ejército tardó varios días en aparecer.

De igual modo, las promesas internacionales de ayuda militar se limitan a apoyo técnico, no a misiones operativas en el terreno.

 

¿Y las negociaciones diplomáticas?

Desde el inicio del secuestro, la cúpula política de Nigeria ha mostrado una evidente desunión sobre sobre los futuros pasos a seguir para la liberación de las jóvenes.

En este sentido, el sector que se ha posicionado de forma más clara en la necesidad de establecer un diálogo es el liderado por el expresidente Olusegun Obasanjo, quien se ha reunido con familiares de miembros del grupo terrorista. Precisamente, en septiembre de 2011, el exmandatario había viajado a la capital del Estado de Borno, Maiduguri, enclave donde opera Boko Haram, para entrevistarse con parientes del fundador del grupo radical, Mohamed Yusuf, tras el ataque a la sede de Naciones Unidas en la capital nigeriana, Abuya.

Otros, sin embargo, no parecen apostar de forma tan optimista por el diálogo. Sobre todo, después de que Boko Haram haya dinamitado el proceso.

 

¿Cuál es el poderío real de Boko Haram?

Solo en el periodo entre mayo de 2013 y marzo de este año, el grupo radical ha acabado con la vida de al menos 3.000 personas. E hipermotivados quizá por el secuestro, la milicia continúa con su reguero mortal de sangre: más de mil muertos en apenas dos meses.

Las especulaciones sobre cómo consigue Boko Haram financiación son constantes. En 2012, David Alton, miembro de la Cámara de los Lores británica, denunciaba que organizaciones de caridad basadas en Reino Unido captaban fondos para el grupo radical.

Para poner fin a estas conexiones internacionales, a finales del año pasado, el Departamento de Estado norteamericano incluía al grupo yihadista en su lista de organizaciones terroristas. La decisión estaba encaminada a congelar los activos del grupo armado, imponer prohibiciones de viaje a sus miembros, así como impedir que cualquier ciudadano estadounidenses ofrezca material de apoyo a los milicianos.

Pese a ello, la realidad demuestra que las operaciones sobre el terreno de la milicia islamista no son para nada costosas. Sobre todo, ante la facilidad para reclutar tropa base en el deprimido norte, el flujo de armas heredadas del conflicto libio que ha inundado la región y las conexiones con la clase política del norte de Nigeria.

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