Regreso al futuro en Turkana

Publicado por el feb 2, 2014

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17 de junio de 2011*

Son las siete de la mañana y Sarah Cephas comienza a golpear la tierra. Desde hace dos meses, esta joven de la región de Turkana repite cada día su ritual, ahoyando el páramo en busca de pozos subterráneos que ayuden a paliar la sed. En el camino, centenares de agujeros. El primero de ellos, la tumba de su hijo. «Perdí a mi bebé en junio, tan solo un mes después de haber dado a luz. Estaba seca y no tenía nada con que alimentarle», cuenta a ABC esta joven que, pese a rondar la veintena, ya cuenta con cuatro vástagos. Todos ellos, en evidente estado de desnutrición.

Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), tras la sequía del último año la tasa de mortalidad en la región de Turkana se ha disparado hasta el 22 por ciento entre los menores de cinco años. UNICEF denuncia que la hambruna —que afecta principalmente a Somalia, Kenia, Etiopía y Yibuti— amenaza la supervivencia de dos millones de niños en la región. Y de ellos, medio millón presentan un «riesgo inminente» de muerte.

Lucy Kasula vivió en su carne lo que representan estas cifras. El pasado abril, esta mujer residente en las cercanías del distrito de Loima (Turkana) tuvo que enterrar a uno de sus hijos. Tenía solo dos años y desconoce las causas reales de la muerte. Nunca fue vacunado. «La mayoría de las clínicas están demasiado lejos para que podamos llegar a ellas», dice la joven, cuyos tres hijos llevan dos días sin probar bocado .

Más suerte tiene Kevina Kasula, que se agolpa junto a un centenar de mujeres en un centro hospitalario móvil en Kakimat. Su hija de ocho meses será inmunizada por primera vez en su vida. Aunque el tratamiento de la polio, agotado, deberá esperar. «Nunca había vivido una sequía similar», afirma Kasula. «En solo dos meses la mitad de las cabras han muerto y las que quedan con vida no sé si aguantarán más de dos semanas. Nuestros hijos ya no tienen nada que comer. Estamos desesperados».

Alejandro Campón conoce a la perfección todas estas miseria. Tras más de 21 años de trabajo en la región, este sacerdote español anuncia que, ante la escasez de lluvias del último año —un 30% menos que en el periodo 1995-2010—, las organizaciones humanitarias ya se preparan para lo peor. «La región está totalmente seca y desde hace más de tres meses no se distribuye comida. Además, no está prevista la llegada de lluvias hasta noviembre», dice el religioso.

Mientras, en el páramo de Turkana, la joven Sarah Cephas continúa su búsqueda compulsiva de agua. Quizás, espera, algún día, su hijo resucite en uno de estos hoyos.

 

18 de junio de 2011

Akuwom Lomoe deshace nerviosa el envoltorio de la caja de galletas. Desde hace más de cuatro días, esta joven de la región de Turkana —en la frontera entre Kenia y Etiopía— apenas ha probado bocado. «En Turkana todo se muere. El ganado y la gente. Llevamos más de un año sin que llueva y no sé si aguantaremos otro más», confiesa la joven entre lágrimas. Según Naciones Unidas, tras la sequía de este año —ha llovido un 30% menos que en el periodo 1995-2010—, el este de África se enfrenta a la peor hambruna de los últimos 60 años. La Red de Sistemas de Asistencia Temprana contra la Hambruna (Fewsnet) asegura que en Turkana al menos un 37% de su población sufre desnutrición grave. Todos ellos, con nombre y apellidos. Peter Achuka, con más de 70 años, hace tres días que no come.

«Desde abril del año pasado, ni una sola gota. Y lo peor está aún por venir», asegura el anciano. «Sobre todo porque la gente ha comenzado a quemar los árboles secos para revenderlos como carbón». El paisaje lunar de Turkana es testigo de ello. Cabras huesudas y niños hambrientos, todos ellos luchan por hacerse con la última gota de agua. En el horizonte, caravanas de camellos se dirigen a la ciudad para ser comerciados ante la ausencia de pastos. Con la miseria llegan también otro tipo de negocios.

«En poblaciones como Kangirisae o Kalimunyana —ambas en Turkana—, el precio del saco de 90 kg. de maíz ha pasado, en apenas seis meses, de 14,4 dólares a 50. «Con esos precios no tenemos nada que comer», asegura Joseph Napeikiru, líder local. «Llevamos tres meses de pleno abandono», añade.

La miseria trae también la violencia. En los últimos dos meses, al menos 150 personas han muerto en esta región en los enfrentamientos fronterizos protagonizados por los propios pastores. El objetivo, la lucha por el control de los pozos de agua. «Cuando comenzó la sequía, algunos jóvenes decidieron emigrar hacia la región de Pokot para que su ganado tuviera alimento. No fueron bienvenidos. Varios de ellos fallecieron».

Por ello, en el páramo de Turkana, algunos pastores ya han sustituido el «panga» o cuchillo tradicional por el fusil de asalto.

«En Turkana, las balas son ahora más baratas que el agua», reconoce con sorna George Naadung, un joven local. «Pero sobre todo, efectivas. Porque al menos ellas te garantizan el control de la situación», añade. Su sonrisa se apaga al mirar al cielo de Turkana. De nuevo, tocará esperar.

 

*Estos textos fueron publicados hace ya casi tres años.  Ahora, de nuevo, la amenaza del hambre se cierne sobre Turkana, donde el Gobierno local asegura que son necesarios cerca de 20 millones de euros para atender a la población.

 

 

 

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