¿Qué fue de la campaña para capturar a Kony?

Publicado por el Dec 30, 2012

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“Enviado de Dios”. “Mano Divina”. “Jesucristo reencarnado”. Son solo una parte de los apelativos utilizados a diario por los miembros del Grupo rebelde ugandés Ejército de Resistencia del Señor (LRA) para referirse a su líder, Joseph Kony; pero que disfrazan la leyenda de un guerrillero que, en apenas dos décadas de lucha silenciosa (el movimiento se inició en 1987), ha provocado la muerte a decenas de miles personas y el secuestro de 20.000 niños en la región africana de los Grandes Lagos. Un grupo que, el pasado mes de marzo, saltaba a la actualidad informativa después de que la organización (¿humanitaria?) Invisible Children pidiera la cabeza de Kony, y el envío de tropas internacionales a la región, bajo una perspectiva simplista y próxima al videoclip para adolescentes. Sobre todo, ante el desconocimiento de una realidad demasiado compleja para quedar reducida a apenas media hora de metraje.  

La fecha para poner fin a la barbarie no podía ser más absurda: 31 de diciembre de este año. ¿Los logros obtenidos? Escasos.

Sin ni siquiera la frágil lógica de otros grupos armados africanos, la lucha del LRA se centra en la defensa del milenarismo bíblico y la construcción de un Estado gobernado conforme a los Diez Mandamientos. Sin embargo, la lucha por el control de los recursos minerales de la zona, principalmente el coltán, un mineral utilizado en la mayoría de los dispositivos electrónicos, se presenta como un motivo a tener en cuenta como método definitorio de sus actos.

No en vano, es precisamente el halo de misticismo que envuelve la figura de Kony, la principal arma utilizada por el LRA para expandir su legado de terror. En dos décadas, el guerrillero apenas ha concedido un par de entrevistas, por lo que prefiere que sean sus víctimas -a quienes suele cercenar las orejas y los labios- las que ejerzan de improvisados portavoces.

“Durante nuestro encuentros siempre se comportaba de forma correcta. Le hacíamos preguntas y las contestaba de forma cortés. Un simple ser humano como cualquier otro. Quizá sea éste uno de los mayores dramas”, asegura a este diario John Baptist Odama, arzobispo de Gulu y mediador entre el grupo guerrillero y los gobiernos locales.

Es cierto que nadie, en su sano juicio, dudaría de que la historia transmitida por las víctimas de esta infamia es del todo sangrante ¿El principal problema? Que es ya cosa del pasado. Al menos, bajo la carga moral que Invisible Children pretende inculcar a sus fieles.

“Actualmente se está tergiversando el conflicto. Desde hace ocho años, el LRA no se encuentra activo en nuestra región (Uganda). En aquel momento, era empuñar el fusil o morir. Ahora ya no”, destaca a a ABC Moses Rubangangeyo. Sabe de lo que habla.

El 22 agosto de 1996, este joven ugandés fue secuestrado en su escuela de las afueras de Gulu por una decena de miembros del LRA. Tenía solo 16 años.  

Durante los ocho siguientes, viviría cautivo del grupo armado, convirtiéndose en uno de sus principales comandantes y viajando al sur de Sudán, región -junto a República Centroafricana y República Democrática del Congo- donde vive el actual conflicto. Pese a que Invisible Children se empeñe en verter las tintas armadas sobre Uganda.

“El LRA ya no se encuentra activo en nuestro territorio y esta campaña tan solo puede provocar que vuelva a intensificar su matanzas. Nadie nos ha preguntado por nuestro dolor”, reitera Moses.

En 2004, tras desertar del movimiento, el joven se encontró con el rechazo de la población local y la incomprensión de sus vecinos. Un abandono moral, que lucha porque no se vuelva a producir.

“El vídeo tan solo trae malos a los que fuimos víctimas y verdugos del movimiento. Ahora es necesario pasar página”, destaca.

Y a buena fe, que Moses parece haberlo logrado. En mayo, este ex guerrillero obtenía su ansiada licenciatura en Desarrollo Comunitario. Dieciséis años después, el niño soldado se convertirá en constructor de la paz.

Sin embargo, una pregunta se pierde de forma continua en sus labios: ¿Por qué este interés creciente en volver a retomar el conflicto? ¿En enviar nuevas tropas (el pasado octubre, Estados Unidos ya aprobó el despliegue de 100 asesores militares)? Más aún, cuando la base operativa de la guerrilla no supera los 200 miembros.

Pese a que algunas mentes malintencionadas culpen al reciente descubrimiento de petróleo en la región (cerca de 2.500 millones de barriles) de ser el verdadero motivo de esta moda mediática, la propia estupidez de Invisible Children se presenta como una hipótesis más loable.

Según datos del “LRA Crisis Tracker” (una herramienta creada precisamente por el grupo humanitario), en los últimos doce meses, las víctimas causadas por el grupo rebelde “apenas” sobrepasaron el centenar, fundamentalmente en República Democrática del Congo. Unas cifras (pese a lo ya de por sí excelso que es acabar con cualquier vida), ciertamente alejadas del inmenso número de muertes que cada año provocan los otros grupos rebeldes que operan en la región. Eso sí, desde el olvido mediático.  

No es para menos. En la actualidad, las estimaciones más realistas establecen que, en la región y al margen del LRA, actúan entre cinco y seis mil rebeldes congoleños (ligados a cerca de 17 milicias), así como tres mil combatientes ruandeses (en su mayoría, del las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda, un grupo rebelde formado, en gran parte, por ex miembros de la guerrilla ‘Interahamwe’, quienes llevaron a cabo el genocidio de Ruanda y se refugian ahora en el este del Congo).

“La comunidad internacional piensa que es llegar y capturar a Kony. Sin embargo, la orografía impide un mayor éxito de nuestra misión. Y cuando hablamos de competencia con otros grupos armados, la situación es casi imposible”, reconoce a este diario el coronel congoleño Baliwa Flamand, encargado de pacificar el este del Congo.

Los fracasos, mientras, se suceden. En 2006, después de que la Corte Penal Internacional dictara una orden de arresto contra el líder del LRA por crímenes contra la humanidad, y en una operación auspiciada por Naciones Unidas, ocho miembros de las Fuerzas Especiales guatemaltecas eran enviados al Parque Nacional de Garamba (Congo) para asesinar a Kony. Ninguno de ellos sobrevivió.

“Solo queremos poder continuar con nuestras vidas. Convivir a solas con nuestro dolor. El LRA es una página que debe quedar cerrada en nuestra historia y las armas no lo lograrán”, destaca el ex niño soldado Moses.

Por ello, no es extraño que desde el inicio de la campaña mediática tan solo se haya producido una detención notable, la del comandante Caesar Achellam, quien era considerado, eso sí, uno de los cinco líderes más importantes del grupo rebelde ugandés.

¿De Kony? De momento, ni rastro. Por muchas campañas mediáticas que pese.

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