El negocio de alimentar a un continente

Publicado por el Nov 24, 2012

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Embutido en un traje dos tallas inferior al sentido común, el keniano Wycliffe Kamau espera su turno impaciente. A cada paso, la nerviosa turba ante sus ojos comienza a reducirse. Los sudores empiezan a aparecer. Ya queda menos.

Una hora después, el premio se presenta. Aunque tras sesenta minutos de espera, éste quizá desilusione al lector: tan solo una pieza de pollo con patatas fritas. Eso sí, a Kamau tan dorado manjar le sabe a gloria.

El pasado agosto, Kentucky Fried Chicken (KFC) se convertía en la primera red de comida rápida estadounidense en abrir un establecimiento en el Cuerno de África. Desde entonces, en la capital de Kenia, Nairobi, centenares de personas se agolpan cada fin de semana para adquirir alguno de sus productos.

Un fenómeno social, que amenaza con repetirse.

Pese a que el imaginario colectivo vincula la ausencia histórica de franquicias en el África subsahariana con un problema de escasa capacidad adquisitiva, la falta de suministros (o la baja calidad de éstos) se antoja como una razón de mayor peso.

Nuestros proveedores tienen que pasar por una auditoría antes de su aprobación, ya que la calidad tiene que cumplir con los estándares mundiales (por ejemplo, ante la falta de productores locales de patatas fritas congeladas, KFC importa esta materia prima de Egipto hacia Kenia)”, reconocen desde la compañía.

Sin embargo, es ahora, engullidos en plena crisis económica mundial, cuando la franquicia comienza a ser una notable fuerza de resistencia ante la intemperie en el continente africano.

En países como Sudáfrica, por ejemplo, la industria –cerca de 700 marcas- emplea ya a más de 500.000 personas de forma directa, mientras genera 30.000 millones de euros al año (12% del PIB).

La creciente popularidad de la franquicia es debido, en parte, a las reformas legislativas en los países que habían impedido anteriormente estos derechos de licencia”, destaca Kendal H. Tyre en su obra “Franchising in Africa: Legal and Business Considerations”.

Éste es el caso de Sudáfrica, donde su ley de franquicias data de 2008, o Angola, cuyo ​marco legal entró en vigor en 2003.

Y esta influencia gubernamental, comienza a ser ya visible. Al menos, en cuanto a las franquicias locales se refiere.

Desde que abrió su primer restaurante en 1987, la red de restaurantes de comida rápida sudafricana Nando’s se ha expandido a más de mil localidades en 30 países de los cinco continentes. ¿El secreto de su éxito? Una agresiva campaña publicitaria (el pasado verano la compañía se veía obligada a retirar un anuncio televisivo ante su alto contenido xenófobo) combinada con la producción de comida tradicional adaptada a los nuevos tiempos (el pollo “piri piri” es su seña de identidad).

La franquicias no solo son monopolio de grandes multinacionales, sino que pueden beneficiar a empresas de nueva creación. Sobre todo, porque la experiencia adquirida a través de este modelo de negocio garantiza el éxito”, asegura Michael Babalola, director ejecutivo de la Asociación nigeriana de franquicias, quien recuerda que el negocio no se limita a la venta al por menor y los restaurantes. “De sectores derivados del petróleo o el gas, a las telecomunicaciones, las posibilidades son ilimitadas. Comercializar una marca ya respetada proporciona una credibilidad inmediata”, destaca.

Aunque éstas tampoco tienen que ser de origen occidental. Mientras que Nigeria cuenta con más de 170 establecimientos de la cadena de hamburgueserías Mr Bigg’s (de corte similar a McDonald’s), Sudáfrica alimenta a su población con Steers (más de 500 restaurantes).

La franquicia es el camino a seguir en el futuro”, reconoce Dominic Kosen, fundador de la keniana Kula Corner (del swahili “kula”, comer). “Esto es en parte debido a que los empresarios utilizan métodos de prueba y error. Sin embargo, ser franquiciado cuenta con la ventaja de utilizar un método probado que es más probable que tenga éxito”, añade.

No en vano, según un reciente estudio del Banco Africano de Desarrollo, en su primer año de existencia, tan solo el 15% de las pequeñas y medianas empresas franquiciadas se ven obligadas a cerrar, mientras que la tasa de fracaso de otros negocios independientes es del 80%.

Sin embargo, no todo son buenas noticias. Al margen de la falta de distribuidores fiables, la apertura de una franquicia se encuentra todavía con ciertas dificultades. En primer lugar, en la mayoría de ocasiones, las empresas internacionales solicitan a los franquiciados comprometer directamente más del 50% de la inversión total. Y en el África subsahariana lograr un préstamo no es tarea sencilla.

De igual manera, la escasa normativa sobre propiedad intelectual existente en la mayoría de países africanos (hay que tener claro que el ‘franquiciador’ concede su licencia por un tiempo limitado y bajo términos o condiciones concretas) es observada todavía con cierta preocupación por buena parte de marcas.

Porque nadie dijo que alimentar a un país fuera un camino de rosas. Ni de hamburguesas.

 

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"Un viaje a la realidad del continente africano bajo una mirada alternativa, pero siempre con el recuerdo de que los cínicos no sirven para este oficio". Más sobre «Matatu a África»

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