Las exportaciones alternativas de África

Publicado por el oct 28, 2012

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El ejercicio roza el absoluto simplismo. Piense en las principales exportaciones de materias primas que el continente africano destina hacia la Unión Europea. Quizá le vengan a la cabeza petróleo, diamantes o piedras preciosas (no va mal encaminado, de 54 países con los que cuenta el continente, tan solo cinco no producen o realizan excavaciones para obtener crudo). Tal vez, productos como el cacao, la madera o el algodón.

O quizá ninguno de ellos. Porque también hay alternativas.

En la actualidad, Kenia, por ejemplo, es el mayor exportador mundial de flores hacia territorio europeo, con cerca de 122.000 toneladas en 2011.

No en vano, el pasado año, la industria de la floricultura dejó cerca de 400 millones de euros en las dañadas arcadas del Estado africano gracias, sobre todo, a la reciente depreciación del chelín keniano (el producto se encuentra asegurado en dólares por lo que los agricultores reciben mayores ganancias cuando convierten su divisa de vuelta a Kenia).

“Nuestros principales puertos de entrada son Holanda, Reino Unido, Alemania, Francia y Suiza”, destaca Winnie Muya, portavoz del Consejo keniano de flores, quien asegura que Europa importa desde Kenia el 35 por ciento de todos sus brotes.

No resulta extraño, por tanto, que durante el colapso en 2010 de los aeropuertos internacionales debido a la erupción del volcán islandés Eyjafjallajökull, la Unión Europea sufriera una carestía de flores durante meses, ante la incapacidad para realizar los envíos.

Eso sí, los afectados no solo fueron los seguidores incondicionales de Cupido.

“En Kenia, alrededor de 100.000 agricultores trabajan de forma directa en el negocio, con cerca de 1,2 millones de personas que derivan su sustento de esta industria”, destaca Muya.

Pero al margen de cifras y tras disfrutar una noche de rosas, qué mejor que acompañar la velada económica con vino.

Con cerca de 100.000 hectáreas dedicadas solo al cultivo de vides, Sudáfrica cuenta con una de las mayores superficies del mundo para la producción de tan alcohólica sangre.

Así, solo en el periodo 1998-2010, el número de exportaciones creció en un 200%, siendo Reino Unido el principal mercado para el vino ya empaquetado, con cerca de 100 millones de euros en ganancias, solo, en este país.

¿El nuevo horizonte? China, donde se espera que el próximo año las exportaciones aumenten al menos un 71% (a día de hoy, el lejano Oriente recibe 2,8 millones de botellas) gracias al acuerdo de la región vinícola de Franschhoek, en el Cabo Occidental, para la producción de una nueva marca destinada, en exclusiva, al mercado asiático: L’hugonote.

“El vino sudafricano comienza a verse en el mundo como una primera opción de calidad, no un simple alternativa a los caldos europeos o californianos”, destaca el analista Ryan Khumalo

No menos internacional, aunque sí con mayor pasado histórico, resulta el siguiente negocio.

Introducida en 1871, la flor de la vainilla es una de las principales exportaciones de Madagascar. Sobre todo, de la ciudad de Antalaha conocida como “la meca de la vainilla”.

No es extraño. Desde esta localidad se dirige cerca del 30% por ciento de la producción mundial (1.900 toneladas, según números de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). Cifras, eso sí, ciertamente alejadas de principios de siglo, cuando la población malgache llegó a controlar el 70% del comercio de este producto debido al buen clima y suelo fértil del que goza la isla.

Introducidas las primeras exportaciones, quizá el lector acuse al que suscribe de haber elegido las potencias regionales (económicas o por envergadura) para demostrar su tesis de exportaciones alternativas.

Pese a ello, son otros dos países al margen de los anteriores quienes escenifican a la perfección que, conflictividad y escaso tamaño no son inconvenientes para garantizar una vía de escape al petróleo.

Mientras que la pequeña isla de Seychelles (apenas 450 kilómetros cuadrados) es uno de los mayores exportadores mundiales de atún enlatado (en una industria que crece al 5% anual), la dilapidada Somalia cuenta con una curiosa forma de autofinanciación.

Aunque con cierta ilegalidad.

Solo en 2011, y desde el puerto de Kismayo, la milicia islamista de Al Shabab generó —según fuentes gubernamentales— más de 25 millones de dólares (un incremento cercano al 50% con respecto al año anterior) gracias al monopolio con el que cuenta el grupo en la exportación del carbón vegetal que se dirige hacia los países del Consejo de Cooperación del Golfo.

De igual forma, y pese a que en febrero pasado el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la resolución 2036 que impide la importación de carbón vegetal desde Somalia, a día de hoy, ésta continúa siendo la principal fuente de ingresos de la milicia. Sobre todo, gracias al “laissez-faire” de dos de los principales importadores de esta mercancía: Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí.

Porque gusté o no, en ocasiones, es complicado huir del negocio de los compuestos orgánicos.

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"Un viaje a la realidad del continente africano bajo una mirada alternativa, pero siempre con el recuerdo de que los cínicos no sirven para este oficio". Más sobre «Matatu a África»

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