Los mitos de China en África

Publicado por el Jul 17, 2012

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Mitos frente a realidades. En la última década, el intervencionismo chino en el continente africano despierta no pocas críticas desde Occidente. De la falta de derechos humanos, al apoyo militar a dictaduras, la mayoría se encuentran basadas tan solo en un raíz falaz: la creciente perdida de poder de las potencias coloniales clásicas.

Sin embargo, el panorama no es del todo novedoso.

Como asegura Deborah Bräutigam, autora de “The Dragon’s Gift: The Real Story of China in Africa”, las transacciones económicas entre el gigante asiático y el continente africano se remontan a la década de los 50 (en aquel momento, en forma de suave diplomacia hacia sus socios soviéticos). De igual manera, ya en los 70, se produjeron los primeros contratos de construcción (Mauricio y Sudáfrica), elemento primordial del tan criticado intervencionismo chino en el continente africano. ¿O no?

Segunda sorpresa. Hasta el momento, la más cuantiosa inversión directa china en África (ya finalizada) no es una una “maquiavélica” construcción urbana o una simple concesión petrolífera. En este caso se trata de una operación bancaria (a gran escala, eso sí) realizada en 2008, cuando el Banco Industrial y Comercial de China adquirió el 20 por ciento del Standard Bank sudafricano por alrededor de cinco mil millones de dólares.

No era simple casualidad. Ese mismo año, el montante total de la exportación de productos de consumo chinos (tales como teléfonos móviles desarrollados por las compañías ZTE o Huawei) ascendió más de 50 mil millones en el África subsahariana.

Es cierto que la lectura de estas cifras, quizá, no haya cambiado todavía el argumento de las mentes malintencionadas -negocio y más negocio- sobre el papel de China en el continente.

Aunque no tan rápido.

De forma paralela a estos acuerdos, el Gobierno de Pekín desembolsó, según cifras oficiales, 1.200 millones en ayuda humanitaria (ODA, “official development assistance”) al continente. Números ciertamente elevados si los ponemos en comparación con los del Banco Mundial (4.100 millones) o Estados Unidos (7.200 mil millones). No en vano, cerca de la mitad (46,7 por ciento, en 2009) de la ayuda anual china se dirige a África.

Por ello, nadie puede dudar que, desde un punto de vista práctico, el acercamiento del continente africano a sus nuevos socios asiáticos responde a la pura lógica. Países vilipendiados moralmente por Occidente, en los últimos años, acogen con los brazos abiertos las inversiones asiáticas.
“China comparte una misma mirada crítica hacia el colonialismo político y eso no une”, señalan desde el partido ZANU-PF, en el Gobierno de Zimbabue.

Precisamente, en la dictadura de Robert Mugabe, las cifras hablan por sí solas. Solo en los nueve primeros meses de 2011, el comercio bilateral entre Zimbabue y China aumentó un 62%, contabilizando 171 millones en transacciones (especialmente, telecomunicaciones y construcción).
De igual modo, en noviembre pasado, Pekín otorgó un préstamo de 700 millones para el desarrollo del sector minero.

La situación no es única. A comienzos del año pasado, el consorcio China Communications Construction anunció que emprendería la edificación del nuevo aeropuerto de la capital de Sudán, Jartum, tras haber obtenido un contrato valorado en 900 millones de euros.

“Después de que este proyecto se haya completado, aumentará en gran medida el grado de internacionalización de la capital, así como el impacto que China tiene en el mercado de Sudán”, aseguró entonces la compañía en un comunicado.

El faraónico proyecto tan solo subraya la estrecha relación entre Pekín y Jartum ligada, eso sí, no siempre a la mejor de las praxis.

Hasta su independencia en julio de 2011, el 98% del presupuesto de la vecina Sudán del Sur se basaba en la extracción de petróleo. No obstante, y pese a encontrarse casi el 75% de las reservas en territorio sur sudanés, los acuerdos de paz de 2005 estipulan que ambas regiones se dividieran los ingresos del petróleo a partes iguales.

Precisamente, para paliar este expolio, el Gobierno de Juba se ha embarcado en la construcción de tres refinerías y un oleoducto a través de Kenia, que eviten así territorio musulmán. Aunque esto no implique el fin de la dependencia extranjera. A día de hoy, la empresa estatal China National Petroleum Corporation controla el 40% de los consorcios petrolíferos en Sudán, tanto del norte como del sur. Y sobre todo, las exportaciones. A falta de datos fidedignos actuales (ambos países mienten de forma continua sobre su exportación real), valgan los pasados: En 2006, el 77,4% de las exportaciones tuvieron como destinatario a China (más de 4.000 millones de dólares en dividendos), siendo Europa el tercer máximo importador (2,5%) tras Japón (8,4%).

Por ello, los guiños diplomáticos hacia el mercado asiático no dejan de sucederse. Ya en 2010, Pagan Amun, secretario general del Movimiento Popular de Liberación de Sudán, reconoció que, tras la independencia, su país dotaría de mejores condiciones a las inversiones china.

Porque algunos mitos se convierten en realidad.

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Matatu a África © DIARIO ABC, S.L. 2012

"Un viaje a la realidad del continente africano bajo una mirada alternativa, pero siempre con el recuerdo de que los cínicos no sirven para este oficio". Más sobre «Matatu a África»

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