Biocombustibles (2): El expolio del continente africano

Publicado por el abr 18, 2012

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¿Alimentar estómagos o vehículos? Sumergidos en la lucha constante por evitar la escasez de recursos energéticos, en los últimos años, los biocombustibles -caso del biodiésel (fabricado a través de aceites vegetales o grasas animales) o el bietanol (obtenido, entre otros, del maíz, el trigo o la caña de azúcar)- aspiran a convertirse en la gran panacea que dé alas al futuro.

Sus ventajas no son menores: Fáciles de utilizar, baratos, biodegradables y renovables. Sin embargo, su uso encierra demasiados claroscuros.

No es para menos. Según un reciente informe de la plataforma EuropAfrica-FIAN, la actual política de biocombustibles de la Unión Europea es una seria amenaza para la seguridad alimentaria del continente africano. El informe denuncia cómo, actualmente, el 66% de las apropiaciones de tierra agrícolas en África (unos 18,8 millones de hectáreas) se destinan a la producción de biocombustibles, en lugar de alimentos.

Todo ello, en una región que el pasado año vivió una de sus peores crisis alimentarias de la última década. Eso sí, su influencia no resulta infame tan solo en las “alejadas” y “aburridas” depresiones del Tercer Mundo. También en su bolsillo.

Como asegura a ABC, Roman Herre, analista del FIAN (organización en lucha contra el hambre), en la última década, el incremento en la demanda de biocombustibles camina de forma paralela al precio de los alimentos (en el último año, el coste del saco de maíz -por ejemplo- ha pasado, en el norte de Kenia, de costar 14,4 dólares a 50).

Para el experto, esta influencia se debería a varias elementos: Primero, debido a que la producción de biocombustibles demanda una mayor superficie de tierras de cultivo. Segundo, porque provoca que el mercado agrícola se muestre -aún más- dependiente del precio del crudo (y su precio va en aumento). Y tercero, “gracias” al mayor peso específico logrado por los especuladores financieros. Eso sí, y al margen de su bolsillo, el coste humano de los biocombustibles es ciertamente inquietante.

Para muestra, un botón. Recientemente, el Gobierno de Etiopía se ha embarcado en una campaña para reubicar -de forma forzosa- a más de 1,5 millones de habitantes de la región de Gambella. ¿El interés? Subastar sus tierras para la producción de biocombustibles.

Aunque no culpen tan solo a la clásica gula dictatorial. Según un informe del Instituto Oakland, un “think-tank” con sede en Estados Unidos, el precio del arrendamiento en esta zona se ha disparado, en solo dos años, hasta en un 400%. Y con 3,5 millones de hectáreas para repartir entre los inversores extranjeros, el pastel económico es más que apetitoso.

No obstante, el caso no es único. Ya en 2008, los habitantes del distrito de Kisarawe (Tanzania) fueron “persuadidos” para vender sus tierras (cerca de 8.000 hectáreas) a la británica “Sun Biofuels” a cambio de promesas de futuro mejor y oportunidades de empleo.

A día de hoy, es este solar alimentario prima el desempleo. “Importado biocombustibles, la Unión Europea exacerba la apropiación de tierras en África y viola el derecho a la alimentación”, asegura Nora McKeon, coordinador de EuropAfrica.

Para McKeon, “la UE tiene que darse cuenta de que sus políticas energéticas y agrícolas tienen efectos a escala mundial, afectando a menudo a los más vulnerables en los países pobres”. No solo esto: Otro riesgo del uso de biocombustibles es el aumento de las emisiones de carbono debido a la destrucción de los espacios naturales.

Como destaca el Instituto de Política Europea de Medio Ambiente, el carbono liberado por la deforestación vinculada a los biocombustibles podría aumentar en un 60% en el año 2018.  Aunque no será fácil buscar un sustitutivo. A pesar de la posición oficial, Bruselas es especialmente dependiente de las importaciones alimentarias.

No en vano, solo en 2008, la UE importó casi el 40 por ciento de sus materias primas para la producción de biocombustibles o biocarburantes.  Y más aún, cuando los intereses son encontrados.

Pese a que no existe un registro real del número de adquisiciones de tierras en África, solo Reino Unido cuenta con cerca de 50 empresas asentadas en más de 20 países. Y algunas, como Crest Global Green Energy, disponen de hasta 900.000 hectáreas en Malí, Guinea y Senegal.

“A principio, todo el mundo acusaba a los gobiernos y a las empresas extranjeras de ser los principales depredadores en este negocio. Ahora, tenemos evidencias sustanciales de que los inversores financieros (bancos, gestores de fondos, fondos de pensiones …) son los principales actores”, destaca Herre.

Para el analista, solo hay una posible forma de corregir el problema: “Fortalecer la industria local. Los países africanos se están volviendo más y más dependiente de las importaciones de alimentos. Solo en la última década, éstas aumentaron en un 460%”.

Aunque no se preocupe, para su vehículo siempre habrá alimento.

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