¿Microcréditos o limosnas?

Publicado por el mar 28, 2012

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En un país como Kenia, donde más de diez millones de personas se ven obligadas a vivir con apenas un dólar diario, ser emprendedor no resulta nada sencillo. De igual modo, fundar una empresa con el objetivo de conceder prestamos a interés cero a mujeres empresarias, cuando la tasa de pobreza femenina se encuentra cercana al 50%, puede suponer un negocio con limitadas posibilidades de subsistencia. O no.

Establecida en 1981, la Kenya Women’s Finance Trust -KWFT- cuenta con más de 100.000 clientes repartidos en siete de las ochos provincias del país africano. Con la única meta de que “las mujeres africanas sean partícipes de la lucha contra la miseria”, la KWTF se ha convertido en la principal institución del continente dedicada a los microcréditos para mujeres.

Un pacto de confianza, así como una aportación inicial de entre 2 y los 20 euros son los únicos elementos necesarios para que el proceso se lleve a cabo. Sin embargo, y pese a unas garantías tan limitadas, los riesgos son mínimos. Los proyectos financiados deben tener al menos un año de vida y la cuantía del préstamo varía en función del tamaño de la empresa.

La ventaja de no contar con intermediarios y ser un sistema rápido y eficaz -Kenia es un país donde el exceso de burocracia es seña de identidad- son las principales virtudes de esta institución. Como destaca Kate Maclean, profesora de geografía humana en el King’s College de Londres, la efectividad de estas redes de capital social (tasa de desembolso cercana al 90%) es garantizada gracias la presión (moral) que ejerce el grupo sobre el deudor.

Para Maclean, las instituciones que ofertan microcréditos a cero interés extrapolan la idea de la banca tradicional. Si la orientación de los primeros se basa en que las empresas de sus clientes generen dinero, el objetivo de las segundas es que su cliente genere intereses. Por ello, las tasas de devolución de estos “bancos de los pobres” siempre se presentan tan elevadas. Si ninguna de las dos partes está involucrada en generar intereses, el dinero será siempre devuelto.

El argumento, eso sí, no es unánime. En los últimos tiempos, un buen número de voces autorizadas se muestran en contra de este sistema. Éste es el caso del académico Milford Bateman, quien denuncia que los microcréditos son un problema para África, ya que disuaden el desarrollo sostenible.

“Este tipo de préstamos han acelerado el primitivismo en América Latina, y corren el riesgo de hacer lo mismo en África. Los microcréditos son antagónicos al desarrollo económico y social sostenible, y por lo tanto, también a la reducción sostenible de la pobreza”, destaca.

Para el analista, el principal problema es la carencia de instituciones capaces de promover el espíritu empresarial: “Acepto plenamente que hay algunos beneficios menores derivados del uso generalizado de este sistema. Sin embargo, estos beneficios son insignificantes si se comparan con las enormes desventajas a largo plazo”.

Que cada uno saque sus propias conclusiones:

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