Las miserias del negocio humanitario

Publicado por el dic 30, 2011

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Enmarcado en su perpetuo disfraz de “buen rollismo” y mejores intenciones, lo cierto, es que el floreciente negocio humanitario muestra, en los últimos años, una preocupante crisis de identidad empresarial.

En la actualidad, se estima que cerca de 40.000 organizaciones humanitarias operan internacionalmente (2010). Un número que, sin embargo, se proyecta sobremanera si ampliamos esta definición a organismos locales; ya que en Kenia -por ejemplo- hasta 5.000 “organizaciones sin ánimo de lucro” han sido registradas -sólo- en la última década.

Sin embargo, y pese a las innumerables ventajas que ofrecen estas empresas del desarrollo (como un mayor grado de especialización y mano de obra cualificada); el negocio humanitario muestra, de igual manera, demasiados claroscuros.

Primero, porque apenas genera instituciones políticas fiables, al destinarse la mayor parte de las inversiones a pseudo empresas pertenecientes al sector privado (ya en julio de 2010, un informe de Naciones Unidas enumeraba las incipientes ventajas de otorgar inversiones a ONGs, en lugar de hacerlo a los propios Gobiernos; dada la endémica corrupción que sufren algunos países del Cuerno de África como Somalia).

De igual modo, muchas de estas “empresas” que operan en el continente africano sufren un vacío legal que impide que sus cuentas se hagan públicas, así como demostrar quiénes son sus inversores.
De acuerdo con cifras ofrecidas por el Banco Mundial, en 1994, el 12 por ciento de toda la ayuda extranjera a países en vías de desarrollo se canalizaba por medio de organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, sólo dos años después, este porcentaje ya se había doblado, hasta obtener una facturación cercana a los 7 mil millones de dólares.

En la actualidad, y sólo en África, las ONGs gestionan cerca de 3.500 millones de euros en “servicios humanitarios” (crisis cíclicas -Somalia dixit- al margen). Aunque, según un reciente informe realizado por la Universidad John Hopkins, en 2005, sus gastos tan sólo fueron de 1.600 millones.

Pero entonces, ¿dónde queda el resto?
Para Aquilino Aciita -director jurídico del Consejo Nacional de ONGs kenianas-, la corrupción es una de las grandes lacras a las que se enfrentan estas organizaciones, y a la postre, los inversores extranjeras que tienen como destino el continente africano.
“Actualmente, la mayor parte de los actores que nutren el negocio humanitario se comportan como empresas, el problema es que ninguno de ellas está regulado como tales”, asegura Aciita, quien recuerda que “sólo en Kenia, cada año se denuncian 20 casos de corrupción en ONGs”.
Ya en 2005, un informe keniano destinado a monitorear la eficiencia de todo un Gabinete presidencial reveló un incipiente abuso generalizado de los fondos proveniente de organismos humanitarios. De igual modo, para Aciita a día de hoy es demasiado sencillo registrar organizaciones “fantasma” o que rozan la ilegalidad y que posteriormente recibirán subvenciones de donantes con buenas intenciones, pero con nulo conocimiento del terreno.
Por ello, para el empresario, resulta necesario que los propios donantes se impliquen en la supervisión y evaluación de los proyectos que financian, así como realicen un seguimiento a posteriori.

Sin embargo y pese a las denuncias de Aciita, las miserias del negocio humanitario no se limitan tan sólo al continente africano. En agosto de 2010, hasta 334 ONGs fueron clausuradas en Bangladesh, debido a su implicación en negocios fraudulentos.
De igual modo, actualmente, en países como Haití, hasta el 80% de los servicios básicos como la sanidad o educación, están regulados por empresas que pertenecen al sector privado, siendo la mayoría de ellas organizaciones humanitarias.
Por ejemplo, durante el albor mediático originado por el pasado terremoto en el país americano en 2010, la Cruz Roja estadounidense obtuvo cerca de 255 millones dólares de donaciones privadas; sin embargo, sólo se asignaron 106 millones para ayuda directa al país americano.
Como señala Bill Quigley -director del Centro de Derechos Constitucionales- resulta paradójico que mientras esta organización -con tan sólo 15 empleados en Haití- recibiera unos emolumentos tan elevados, “Partners in Health” -con cerca de 5.000 trabajadores (eso sí, en su mayoría haitianos)- tan sólo obtuviera 40 millones de dólares.

Y así, ante estos números, no resultan extrañas las palabras del primer ministro de Somalia.

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"Un viaje a la realidad del continente africano bajo una mirada alternativa, pero siempre con el recuerdo de que los cínicos no sirven para este oficio". Más sobre «Matatu a África»

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