El coste (humano) de los cultivos

Publicado por el Dec 29, 2011

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Café, maíz y cereales. Bajo su apacible aspecto exterior, tan solo algunas (malintencionadas) mentes lectoras podrían vislumbrar cualquier tipo de “maldición intrínseca” en estas cosechas.

Sin embargo, en el continente africano, estos productos son fiel reflejo de un deficitario sistema de producción que, lo cierto, podría amenazar la estabilidad regional en las próximas décadas.

Todo ello, pese a que sus actuales cifras ofrezcan una boyante panacea económica.

Éste es el caso de Burundi, donde los ingresos por las exportaciones de granos de café se incrementaron este año en casi un 396 por ciento con respecto a la campaña anterior.

Las cifras no engañas (las previsiones quizá sí). Según un reciente informe de la Comisión Reguladora del Café (Arfic), en el periodo 2010-2011, el país africano obtuvo cerca de 82,8 millones dólares por la venta de su cosecha anual (23.548 toneladas), en unas cifras que contrastan ciertamente con las cifras del pasado año (16,7 millones / 6.381 toneladas).

Pese a ello, como destaca Tara Polzer -autora de “Conflict and Coffee in Burundi”– la dependencia de dinero en efectivo de la economía de Burundi, dedicada casi en exclusiva al monocultivo, y su “baile de cifras” entre periodos, convierten en especialmente vulnerable a su estructuras económicas.

En la actualidad, más del 80% de los ingresos de divisas extranjeras provienen de solo dos activos: el café y el tabaco. Por ello, la salud económica es rehén de los caprichos del mercado internacional. De igual modo, para Polzer, la tierra de cultivo es sometida a presiones crecientes de la degradación, por lo que las crisis alimenticias son frecuentes.

Pero si en Burundi el café es súbdito de la naturaleza depredadora del Estado, en Malawi, otra industria -en este caso la del maíz- lo es de las inclemencias atmosféricas.

En el país africano, cerca del 40% de sus habitantes (15 millones) viven con menos de un dólar al día. ¿Los motivos? entre otros, la dependencia estratégica del país sobre el sector agrícola.

Según datos de la Comunidad de Desarrollo del África Meridional (SADC), Malawi sufre un preocupante déficit de maíz (125.000 toneladas) y cereales (155.000 toneladas) para la campaña en curso.

Sin embargo, las cifras no son nuevas: ocho años antes, el analista Lawrence Rubey ya había advertido (en un informe titulado “Malawi’s Food Crisis: Causes and Solutions”) del crítico panorama que se avecinaba. Para Rubey, la caída en los ingresos por la venta del tabaco (máxima exportación de Malawi) provocaría un efecto dominó en la taxonomía agrícola del país.

De igual modo, el analista advertía de un aumento de los precios al consumo del maíz, debido a que este producto reflejaba en aquel momento un excedente “anormal” durante el período 1999-2001. Pese a las advertencias, las inundaciones de principios de 2010 provocaron la casi total aniquilación de los cultivos del país. Una pandemia, a la que se unieron los recortes de las donaciones internacionales en apoyo de los programas de asistencia agrícola, así como la decisión del Gobierno de vender su reserva nacional de alimentos.

Y pese a la situación actual, nadie parece tener en cuenta estas crisis cíclicas.

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