Los crímenes impunes del Señor

Publicado por el sep 23, 2011

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La “última reencarnación de Jesucristo en la Tierra”. Con un apodo de tan magna egolatría, lo cierto es que nadie duda de que el caso de Joseph Kony -líder del grupo guerrillero ugandés Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés)- discurre entre la locura y el absurdo.

En sus dos décadas de lucha por “una Uganda gobernada bajo los Diez Mandamientos”, el LRA ha asesinado en la región africana de los Grandes Lagos a cerca de 10.000 civiles. Un conflicto silencioso para el que la Administración estadounidense anunció, a mediados del año pasado, un plan para descabezar a su líder. Nadie lo tomó en serio.

Esta semana, en la primera causa judicial abierta contra un miembro de la guerrilla militar, el Tribunal Constitucional de Uganda exoneraba de todos sus crímenes al comandante Thomas Kwoyelo, uno de los más fieros lugartenientes de Kony.

Kwoyelo estaba acusado de 53 cargos de asesinato, sin embargo, la Corte ugandesa prefirió otorgarle una amnistía política, justificada tan solo en las conversaciones de paz de 2006 que garantizaban el perdón a los líderes “arrepentidos”.

Pese a ello, los actuales crímenes, tanto del comandante como del LRA, tampoco eran “peccata minuta”.

 

Joseph Kony (segundo por la derecha), en una imagen de archivo

 

Según denunciaba recientemente la organización “Enough”, desde diciembre de 2008, al menos 2.500 personas han sido asesinas por el LRA en incursiones realizadas, principalmente, en la región congoleña de Bas Uele.

Unos números, que conoce a la perfección John Baptist Odama, arzobispo de Gulu y mediador entre el grupo guerrillero y los Gobiernos locales. Como señalaba a ABC en una entrevista concedida a finales del pasado año, “pese a que desde que se iniciaron los diálogos de Juba (conversaciones abiertas, en 2006, entre el Gobierno ugandés y el LRA para el fin de la violencia) el conflicto se ha estabilizado en nuestra región; en la actualidad, el nomadismo es la seña de identidad de los guerrilleros”.

Para el arzobispo, los actuales enfrentamientos constituyen “una de las peores tragedias humanas de la historia”, en la que más de un millón de personas han sido desplazadas y cerca de 20.000 niños, secuestrados.

Por ello y ante tales cifras, resulta ciertamente curioso que el religioso defina el perfil psicológico de Kony como el de “una persona normal”.

“Durante nuestro encuentros siempre se comportaba de forma correcta. Le hacíamos preguntas y las contestaba de forma cortés. Un simple ser humano como cualquier otro. Quizá sea éste uno de los mayores dramas”, aseguraba entonces el arzobispo.

No en vano, es precisamente el halo de misticismo que envuelve a la figura de Kony, la principal arma utilizada por el LRA para expandir su legado de terror. En dos décadas, el guerrillero apenas ha concedido un par de entrevistas, por lo que prefiere que sean sus víctimas -a quienes suele cercenar las orejas y los labios- las que ejerzan de improvisados portavoces.

Ya en 2005, la Corte Penal Internacional dictó una orden de arresto contra el líder del LRA por crímenes contra la humanidad. Aunque, lo cierto es que su captura no parece que vaya a ser un camino de rosas.

Sólo unos meses después de la acción emprendida por el tribunal de derechos humanos, y en una operación auspiciada por Naciones Unidas, seis miembros de las Fuerzas Especiales guatemaltecas eran enviados al Parque Nacional de Garamba para asesinar a Kony. Ninguno de ellos sobrevivió.

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