¿Es amor o sólo sexo?

¿Es amor o sólo sexo?

Publicado por el ago 25, 2014

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Noto los latidos del corazón en mis sienes. La sangre circula a velocidad de vértigo por mi cuerpo mientras escapo del comedor en el que he cenado con Marcos. Mis oídos no quieren oír sus palabras y en mi cabeza sólo hay un pensamiento y un deseo: huir.

Salgo rápido del salón privado, sin mirar hacia atrás. Al llegar a la puerta del hotel, me cuesta situarme. Nunca había estado por este lado del pueblo y la orientación nunca ha sido mi fuerte. Marcos se reía de mí porque siempre, no se cómo lo hago, voy hacia el lado contrario. Hoy, además, soy incapaz de reconocer siquiera dónde estoy. “Me da igual, cualquier sitio es mejor que seguir escuchando las mentiras de mi ex”, me digo al avanzar rápido por la calle.

Decido buscar la playa. “Una vez que la encuentre, será fácil orientarse”, me animo a mí misma.
En mi cabeza no paran de surgir mil preguntas. “¿Por qué le costará tanto reconocer que me ha puesto los cuernos? ¿Tan difícil es confesar que me ha engañado? ¿Cree que así es más fácil volver conmigo?”.

El sonido de las olas me ayuda a encontrar la playa y, desde ahí, el camino de regreso. Me descalzo para volver andando por la orilla. A mi derecha veo el corazón del pueblo e, incluso, soy capaz de adivinar la música que está sonando en Waikiki.

Intento buscar la lógica masculina que hace que mi ex se niegue a reconocer la verdad, pero se me escapa. Las mujeres somos mucho más simples, a pesar de que siempre nos acusan de lo contrario. Una vez le pregunté a Marta cómo podía tener relaciones sexuales con desconocidos y no volverse loca. “Yo, desde luego, soy incapaz”. Su respuesta fue muy sencilla: “Es sólo sexo”.

Así de básico, “sólo sexo”. “Coges los sentimientos, los encierras en un cajón, y te metes en la cama con una persona por placer, por notar la excitación del cuerpo mientras te acaricia y la tensión de la espalda al llegar al orgasmo. Luego vuelves a casa y sigues amando a tu esposa o marido”.

“Lo siento -me digo a mí misma-, pero no voy a pasar esa línea. Me puedo estar muriendo de ganas de tener sexo. De hecho, este verano ya me ha pasado más de una vez, primero con Martín y luego con Nuño, pero yo quiero algo más. Si llevo seis meses sin hacer el amor podré esperar a la persona adecuada”, me convenzo.

El paseo me ha tranquilizado un poco, mi pasos son más cortos. El mar está caliente y parece llamarme. Me paro a contemplar el reflejo de la luna en el horizonte. Me giro para ver si hay alguien cerca. Nadie. Me desabrocho el vestido y lo doblo con cuidado encima de mis sandalias y mi bolso. Según me acerco al agua, paro y doy la vuelta. “Mejor me quitó también el tanga para ponerme la ropa seca cuando salga”.

No me lo puedo creer. “Yo, la más miedica del mundo, la que calcula todo lo que hace, está dentro del mar, dejando que las olas la acaricien, sola y completamente desnuda. ¡Muy bien, Mar!”, me animo al sumergirme.

El estar a cerca de treinta grados a la una de la madrugada ayuda a que no sienta frío al salir, pero tengo que dejar que mi cuerpo se seque antes de vestirme de nuevo. Sin embargo, me pongo el tanga, que sube a regañadientes y se enrolla en mis piernas mojadas. Cuando lo tengo puesto, me siento más segura, a pesar de que prácticamente es lo mismo que no llevar nada. “De hecho, si alguien me estuviera viendo, creería que estoy desnuda”, pienso, mientras intento colocarme el hilito en el lugar adecuado, entre mis nalgas.

Continúo mi paseo semidesnuda, esperando que el aire de la noche seque mi cuerpo.

Paso junto a una pareja que jadea en la arena entre un amasijo de piernas, brazos y ropa a medio quitar. No se dan ni cuenta de mi presencia. La luz de las farolas llega muy debilitada. Además, la montaña de tumbonas apiladas que hay a su espalda impide que los vean desde el paseo marítimo. Menos mal…

Me siento un poco voyeur, pero no puedo evitar mirar. El estampado del vestido de ella me resulta conocido, es muy similar a uno que tiene María. “Es ropa de temporada que tiene mucha gente”, me digo para descartar la posibilidad de que sea mi amiga la que está haciendo el amor en la playa.

Aunque según me alejo sonrío imaginando que podría ser ella, que se ha escapado con Martín a la playa. “Parece que el abandono de su novio Mauri por whatsapp desde Brasil ya es historia”, pienso según continúo mi camino hasta llegar a los restos de dos montañas de arena: “Mí montaña de arena”.

Está situada junto a la de Nuño, orientadas hacia el horizonte como los tronos de los cuentos infantiles. Me paro un rato y me palpo el cuerpo para comprobar que esta secó, pero decido no ponerme el vestido aún. “Me gusta este momento de libertad en un lugar mágico”.

Desando mis pasos despacio. Debe de haber pasado una hora desde que escapé de la cena con Marcos. Busco en mi bolso el móvil para ver la hora y tropiezo con la piedrecita blanca de Nuño. “¡Qué bueno es! Está siempre pendiente de todo, como si tuviera la responsabilidad de que el mundo fuera perfecto”, reflexiono mientras empiezo a vestirme y enfilo mis pasos hacia el paseo, al mismo tiempo que enciendo el teléfono para ver la hora. Son cerca de las dos, pero lo que me llama la atención son un par de mensajes: uno de Marcos y otro de Marta.

“¡Qué pesado es mi ex! ¿Por qué no desaparece de una vez?”.

Abro el whatsapp de Marta.

“Espero que todo te vaya bien con el bicho de tú ex”.
“Vamos a bajar a Waikiki con Martín…”.
“Tú Nuño no quiere saber nada de nosotras cuando no estás…”
“Besitos…”.

Decido que no voy a ir al chiringuito. No me apetece estar en un lugar lleno de gente que no me importa.

Subo a buen paso hacia casa con una idea muy clara en mi mente. “Ya está bien de hacer las cosas que organizan los demás. Es hora de hacer lo que yo quiero”. Según me acerco al portal, veo una sombra asomada en la terraza.

Estoy en el rellano del piso y toco con decisión el timbre de los vecinos.
Abre Nuño con cara de sorpresa.

Lleva puesto sólo un pantalón corto.

No le dejo abrir la boca, simplemente me cuelgo de su cuello. Y lo beso.

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Mar picada © DIARIO ABC, S.L. 2014

Tres amigas cuarentonas (la mejor edad de la vida), un pueblo con playa y el calor del verano. Con estos alicientes se construye un relato que, día a día, recorre el camino de Mar: una búsqueda de la felicidad a través de todo aquello que hasta ahora se negó por vergüenza y prejuicios.Más sobre «Mar picada»

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