“Conmigo no enseñabas el pecho en público”

“Conmigo no enseñabas el pecho en público”

Publicado por el ago 19, 2014

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Nuño tiene la rara habilidad de hacerme sentir bien haga lo que haga. Transmite su apoyo sin decir palabra, con su mirada. Acabo de confesarle que pienso sentarme a cenar con mi ex, Marcos, y se ha limitado a sonreírme, sin hacer el más minimo comentario.

- ¿No me vas a decir nada?

- Es tú decisión y sólo puedo respetarla. No soy nadie para meterme. Lo único que tienes que saber es que yo estoy aquí.

- ¿En todo eres tan comprensivo?

Me mira de forma burlona.

- ¡En todo, no! En materia gastronómica soy sumamente exigente, así que voy a comprobar si el desayuno que has preparado está a la altura de las expectativas. Aparentemente todo tiene buena pinta, pero habrá que verificar si el sabor responde a lo que anuncia la vista.

- Lo único que puedo asegurar es que no morirás envenenado ¡Ja, ja, ja…! Aunque tampoco estoy muy segura…

Apenas son las nueve de la mañana, aún tengo todo el día por delante para esperar la llamada de Marcos y poder organizarme. Me gusta tener a Nuño sentado en la terraza desayunando, verlo ojear el ABC mientras se unta tostadas y bebe café. “Eres una chica con suerte”, pienso.
Lo cierto es que mi naturaleza pesimista me ha atormentado constantemente durante toda mi vida. Siempre me ponía en lo peor: de niña pensaba que nadie quería jugar conmigo, en el colegio creía que iba a suspender todos los exámenes, durante la adolescencia me veía fea, en la universidad vivía obsesionada por sumar matrículas de honor, estaba convencida de que nadie me iba a querer y desde que empecé a trabajar siempre estoy obsesionada con que me van a despedir.

Me ha costado mucho madurar y desprenderme de mis miedos. Pero hoy me veo distinta y tengo que reconocer que era una ridícula. El trabajo hecho por Marta y María estos días me ha transformado interior y exteriormente. Me río al recordar las pequeñas broncas que me echaban cuando llegamos al pueblecito y que eran el último rescoldo de mi inseguridad.

Primero desterraron al fondo del armario mis vestiditos para que luciera mejor mi cuerpo con ropa más juvenil. Luego, confiscaron mis bragas de cuello alto. Y me quitaron la parte de arriba del bikini para evitar que tuviera marcas de moreno.

Sólo me planté en la depilación de las ingles, pero ahora que tengo el ego subido por los coqueteos con mi vecino, me estoy planteando que quizás no vendría mal un retoque a mi entrepierna. No tanto como una depilación integral estilo Marta, pero sí un rasurado brasileño como lleva María. Al pensarlo me siento más sexy, echo los hombros para atrás, me recojo la melena a un lado y de forma disimulada me desabrocho un botón más del vestido.

Nuño levanta la vista del ABC y me mira fijamente de nuevo. Confieso que me gusta cuando lo hace, porque parece que me acaba de descubrir.

- ¡Ya estás otra vez!

- ¿Otra vez, qué?

- Me miras con ojos que parecen que me traspasan.

- Te miro porque, ¿sabes una cosa?, estás muy guapa.

En ese momento me lo habría comido a besos. Qué sencillo y qué directo es. Sabe tocarme la fibra. Disimulo sorbiendo de zumo.

En el salón se oyen ruidos y me giro. Es Marta, completamente desnuda, como siempre va cuando está en casa. No parece que se haya dado cuenta de que estamos en la terraza y asistimos a la exhibición de un cuerpo perfecto.

- ¡Nuño! ¡Que se te cae la baba!

- ¡Ja, ja, ja…! Tienes que reconocer que es un bonito espectáculo.

Tuerzo la boca de forma pícara y me pongo de pie. Me coloco frente a él, con el sol atravesando el vestido a mi espalda y dibujando mi silueta. Me siento guapa. Abro las piernas de forma descarada y coloco los brazos en jarras mientras echo la cabeza hacia atrás para que la melena se distribuya sobre mis hombros.

- Pero la que está desayunando contigo soy yo, ¡guapito!

- Y eres una belleza de mujer, perfecta en todo. De mente, de alma y de cuerpo.

Marta ya se ha dado cuenta de nuestra presencia, nunca le ha preocupado demasiado estar desnuda, pero hace el paripé cogiendo un almohadón para cubrirse.

Regresa unos minutos después con una camiseta y se sienta con nosotros a desayunar. Hacemos planes para pasar el día. Se une al grupo María, que nada más llegar me da un beso en la frente.

“Definitivamente, tengo mucha suerte. Este verano creo que será la frontera de mi vida. Hasta ahora la he gastado pensando en los demás, agobiada por todo, y ahora lo voy hacer con la seguridad de que yo soy lo más importante”

Pasamos el día de forma tranquila, en la playa, leyendo, paseando. Por si acaso me llama Marcos, me he llevado el móvil metido en el cesto con la toalla. El libro que me ha dejado Nuño es interesante, las aventuras de un pirata moderno; consigue distraerme. Yo hubiera preferido una historia de amor, este es más un libro para chicos, pero se deja leer.

Marta se coloca frente a mí, me retira el libro de la mano y me ayuda a levantarme del asiento de arena que me ha fabricado Nuño.

- ¡Vamos, chicas! Toca paseo.

Andamos despacio hacia el final de la playa. Con las prisas no me he puesto la parte del bikini. “No me gusta pasear en topless -pienso-”. Mientras avanzamos noto que los ojos masculinos no se nos despegan. En otra ocasión me habría encogido y echado los hombros hacia adelante, pero ahora me da un poco igual, hasta se me olvida el complejo por mis pezones.

- ¡Hola Mar! Veo que has cambiado mucho. ¿Desde cuándo haces topless?

Me paro en seco y mis amigas se colocan a mi lado de forma automática. Es Marcos, que está saliendo del agua. Hay que reconocer que está impresionante, aunque ya empieza a notársele un poco de barriguita.

Marta salta como un resorte.

- ¿A ti qué te importa? Mar hace lo que le da la gana.

- Tranquila. Es una pregunta inocente.

- Tú nunca haces preguntas inocentes, le suelto mientras me encaro con él.

- Me sorprende verte enseñando en público el pecho, conmigo nunca lo hacías.

- Contigo había muchas cosas que no hacía. Entre ellas, adivinar tus mentiras.

- Veo que hoy tampoco hemos empezado con buen pie. Te llamo luego.

Martínez se ha unido a mi ex, al vernos. No dice nada, pero nos devora con los ojos a las tres. “Podría disimular un poco y no mirar de forma tan descarada”, pienso de forma asqueada.
Marta se gira hacia él.

- ¡Gordito! Parece que no has visto en tu vida a tres chicas. Cierra la boca.

Seguimos con nuestro paseo.

- ¿Qué vas a hacer?, pregunta María

- Enfrentarme a mi vida y sentarme a cenar con Marcos para liberarme de mi pasado.

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Mar picada © DIARIO ABC, S.L. 2014

Tres amigas cuarentonas (la mejor edad de la vida), un pueblo con playa y el calor del verano. Con estos alicientes se construye un relato que, día a día, recorre el camino de Mar: una búsqueda de la felicidad a través de todo aquello que hasta ahora se negó por vergüenza y prejuicios.Más sobre «Mar picada»

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