“¡Deja a Nuño en paz! ¿A qué has venido, demonio?”

“¡Deja a Nuño en paz! ¿A qué has venido, demonio?”

Publicado por el ago 18, 2014

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- ¡Hola Mar! ¿Cómo estás?

Agarro con tanta fuerza el brazo de Nuño que le estoy clavando las uñas, pero él no se inmuta. Está parado, como una estatua, en guardia y a la espera de una señal mía. Intuye que ese personaje rubio de melena lisa repeinada debe de ser Marcos.

En vista de que me mantengo en silencio, mi ex se gira hacia mi acompañante.

- ¡Hola, soy Marcos! El marido de Mar. Tú debes de ser el famoso guardaespaldas del que tanto me han hablado…

- ¡Déjalo en paz! ¿Qué quieres? ¿A qué has venido, demonio?, salto como una metralleta disparada.

- Espera, Mar. Tranquila -me interrumpe mi vecino, que se gira hacia mi ex-.

Se ponen frente a frente, parece que yo ya no pinto nada en la escena.

- Desconocía que fuera “famoso” por ser guardaespaldas. Me imagino que la información te la ha pasado tu acompañante, que el otro día me llamó “pelele de discoteca”, “chulo de gimnasio” y no recuerdo cuántos piropos más. Yo soy bastante más educado. Me voy a presentar: me llamo Nuño y me gusta cuidar de mis amigos.

A Marcos nunca le ha gustado que nadie le oponga resistencia. Lleva muchos años acostumbrado al ordeno y mando. Lo cierto es que no le ha ido mal. Su ascenso en el mundo de los negocios ha sido fulminante a pesar de su relativa corta edad -43 años-: ya ocupa varios sillones en distintos consejos de administración, además de presidir una importante compañía tecnológica. No se consigue esa posición si eres tonto, y Marcos siempre ha sido un hacha en la manipulación de las personas.

Sabe que está en minoría, sólo lo secunda su fiel esbirro Martínez, así que cambia su tono agresivo por otro aparentemente más conciliador. De inmediato, extiende la mano hacia mi vecino.

- ¡Encantado de conocerte Nuño! Mar tiene mucha suerte de tener a gente que la cuide, porque es una mujer maravillosa que sólo merece lo mejor.

Mientras lo dice, se vuelve hacía mi con su sonrisa tan falsa como encantadora. Marta y María ya están a mi lado. Martín se ha colocado en un segundo plano, justo detrás de su hermano. La tensión se puede cortar con un cuchillo y el dueño del chiringuito, Mario, que nos conoce tanto a Marcos como a mí porque estudio ADE con nosotros, interviene para que no estalle una nueva trifulca en su local.

- Hace casi veinte años que no te veía, Marcos. Me tienes que contar todas tus andanzas, aunque muchas de ellas las he seguido por la prensa económica.

Conozco muy bien a mi ex, sé que no le ha gustado nada la interrupción y, lo que es peor, no le gusta nada Mario, quizás por su condición sexual. Pero sabe que necesita aliados en esta situación. Y maquillar su imagen real. Tira de su encanto y lo abraza de forma campechana.

- ¡Claro, compañero! Nos tomamos una cerveza y nos ponemos al día. Bueno, Mar, estoy en el hotel del final de la playa, te llamo mañana y quedamos para tomar algo. ¡Hasta luego chicos!

Nos quedamos todos mirando cómo se aleja mi ex agarrando del hombro a Mario. Nuño hace lo mismo conmigo y me atrae hacia su pecho para darme seguridad. Tengo el pulso disparado, creo que estoy al borde de una taquicardia. El maldito Martínez no me quita ojo, parece anotar todo lo que ocurre en su mente para irle con el cuento a su jefe. “Cada vez me da más asco”.
Toma la iniciativa Marta, que nos hace girar a todos para marchar por el lado contrario.

- ¡Vámonos!, ordena.

Obedecemos todos como una sola persona. Está claro que mi amiga es una líder que se crece en situaciones de crisis. Salimos del chiringuito y emprendemos camino a casa en silencio.

Martín le pregunta a María de qué va esto, el pobre no sabe absolutamente nada de mi vida. Mi amiga le pone al corriente de forma rápida.

En mi cabeza no paro de darle vueltas a cómo salir de esta encerrona. Había pasado un día magnífico con Nuño, con una inmersión absoluta en todos mis sentidos. Incluso me había olvidado de la amenaza lanzada por mi ex de que venía a buscarme. Y era cierta.

Cuando nos sentamos en la terraza yo ya tengo decidido qué hacer. Llevo mucho tiempo buscándome la vida y soy muy cabezota.

- ¡Gracias por acompañarme chicos! Pero no es necesario que os amarguéis por cosas que no van con vosotros.

- Si piensas que te vamos a dejar sola comiéndote el coco, estás completamente equivocada, me interrumpe Marta.

Martín también se mete en la conversación de forma impulsiva.

- Está claro que hay que pasar de ese tipejo, aunque yo debería mantenerme un poco al margen porque he leído que su empresa está a punto de absorber a la mía.

- Hermanito, tienes la sensibilidad de un caracol. Lo que preocupa es Mar. Además, ese tipejo no conoce a los empleados a los que manda. Si llega a comprar tú empresa será prácticamente imposible que te cruces con él, así que olvida ese tema.

- Esto es una cuestión personal mía, y la resolveré yo solita. Repito mi agradecimiento por preocuparos por mí. Me voy a la cama.

- ¡Ni de coña! No te escondas -me suelta Marta a bocajarro-. Es lo que has hecho toda la vida, no enfrentarte a los problemas y esperar a que el tiempo devuelva a las cosas a su sitio. De esa actitud se ha aprovechado Marcos desde que lo conoces y ha jugado contigo como si fueras un pelele.

- Creo que ya estoy preparada para enfrentarme a él. Estas vacaciones me han servido para aprender a quererme y no creo que sea tan fácil manipularme ahora. ¡Hasta mañana!

Me levanto para irme. Me inclino junto a Nuño cuando paso a su lado para susurrarle al oído: “Hoy he sido muy feliz a tu lado”. Lo beso de forma suave en la mejilla y me pierdo en mi habitación.

Desde la cama los oigo hablar.

La cabeza sigue dándome vueltas y sé perfectamente que me va a costar dormir. Es como si tuviera un examen mañana y aún debiera repasar el temario. Yo sólo sé presentarme a un examen cuando lo domino todo a la perfección. Repaso una y mil veces las posibles conversaciones con mi ex.

Apenas he dormido un par de horas, pero con el primer rayo de sol me levanto. El espectáculo del sol saliendo en el horizonte, sobre el mar, merece la pena. Descubro tonos de naranja que nunca había podido imaginar.

- ¡Hola vecina! ¿Has dormido bien?

Es Nuño, embutido en una ropa de correr que no deja margen a la imaginación sobre su perfecta anatomía y que me sonríe con sus dientes inmaculados.

-¡Bien!

- ¿Seguro?

- Si quitamos que tengo el cuerpo como si me hubiera pasado una manada de elefantes por encima y la cabeza más agujerada que tras una noche de borrachera, estoy muy bien… ¡Ja, ja, ja…!

- Acepto “muy bien” como respuesta ¡Ja, ja, ja…! Te invitaría a venir a correr conmigo, pero creo que no es lo que más te puede apetecer.

- Ya sabes que cualquier cosa relacionada con la actividad física y yo somos incompatibles, pero te hago una contra propuesta.

- Esto se pone interesante. ¿Qué propones?

- Te invito a desayunar cuando vuelvas.

- Aceptado.

Nuño se gira para marcharse.

- ¡Espera! ¿Cuánto tardas en volver?

- Dentro de una hora me tienes sentado en la terraza.

Nuño es como un bálsamo, me gusta hablar con él y me tranquiliza que esté cerca. Tengo una hora para preparar algo parecido a un desayuno profesional. Me pongo mi vestidito de playa y cruzo los dedos para que la panadería esté abierta. Compro croissants y ensaimadas, además del ABC, donde leo en primera página que “el PSOE renuncia a la reforma federal que propugnaba Rubalcaba”. No sólo yo estoy hecha un lío…

Pongo la mesa como si fuera el bufet de un hotel: café, leche, zumo, fruta, bollos, galletas, tostadas…

Contemplo mi obra encantada, pero al conjunto le falta un toque femenino. “Una vela no pega para desayunar. ¿Qué pongo? ¡Ahhhh, ya sé, flores!”

Cuando vuelvo con una rosa que he arrancado de la maceta del vecino, me encuentro con Nuño trepando a pulso por la valla.

- ¿No sabes entrar por la puerta?

- Es por no despertar a los demás, lo que me obligaría a compartir los bollos y no hay para todos.

- ¡Eres un zampabollos!

Mi vecino me mira sonriendo.

- ¡No me mires así! Me haces pensar que llevo algo raro, que tengo la cara manchada o el vestido roto.

- Tranquila, tienes todo en su sitio y muy bien puesto. Te miro así porque me gusta verte feliz.

- Estoy bien… ¿No me preguntas qué voy a hacer con Marcos?

- Me lo contarás si quieres. No pienso presionarte con este tema.

- Quiero contártelo. Voy a quedar a cenar con él esta noche.

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Mar picada © DIARIO ABC, S.L. 2014

Tres amigas cuarentonas (la mejor edad de la vida), un pueblo con playa y el calor del verano. Con estos alicientes se construye un relato que, día a día, recorre el camino de Mar: una búsqueda de la felicidad a través de todo aquello que hasta ahora se negó por vergüenza y prejuicios.Más sobre «Mar picada»

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