“Mañana estaré en el pueblo donde te tienen secuestrada”

“Mañana estaré en el pueblo donde te tienen secuestrada”

Publicado por el ago 14, 2014

Compartir

¡Menudo embrollo en el que me acaba de meter Marta!

“¿Qué respondo yo ahora? ¡Piensa, Mar! ¡Piensa rápido!”. Mi cabeza trabaja a mil revoluciones ante la pregunta directa de Nuño desde detrás de la mampara de separación de la terraza.
Encima, él insiste.

- No me mires con cara de susto, Mar, responde: ¿cuándo vas a dejar de tontear conmigo?

Marta y el vecino no me quitan la vista de encima. La cara de pícara de mi amiga me está poniendo nerviosa y le devuelvo un gesto de “te mataría”. Cojo aire y me giro hacia Nuño con mi pose más chula.

- ¿Por qué das por sentado que tonteo contigo?

- ¡Mujer! ¡Por favor! Es evidente…

- Martita, esto no va contigo. Le he preguntado a él. ¿Por qué dice que tonteo?

- Me vais a disculpar -se despide mi amiga-. No he dormido mucho, así que me voy a acostar.

Miro fijamente a Nuño a los ojos. Feliz en mi interior por los cursos de ‘coaching’ en los que me enseñaron a responder con una pregunta cuando se quiere ganar tiempo.

- Chica lista. En las entrevistas de trabajo debes de ser un hacha, pero esto es la vida real. Yo pregunto y tú respondes. Luego, tú preguntas y yo respondo. Fácil. Responde: ¿Cuándo vas a dejar de tontear conmigo?, lo digo más que nada porque ya estoy cerca de la cincuentena…

- ¡Cincuenta años! No me lo creo, no llegas a los cuarenta y cinco.

- Ni para ti ni para mí: cuarenta y ocho. Pero responde a la pregunta.

- En el caso de que fuera cierto que estoy tonteando, la respuesta es muy simple: lo haré cuando tú dejes de hacer lo mismo -le suelto con mi mejor sonrisa-. Ahora responde tú: ¿Por qué dices que tonteo contigo?

Nuño coge aire, puede que sea porque aún está recuperándose de la carrera mañanera, pero a mí me ha sonado a suspiro.

- Lo primero que quiero aclarar es que lo que he hecho, entrometerme en una conversación en la que no estaba invitado, ha sido una falta de educación y te pido perdón. Lo segundo es que la pregunta me ha salido de forma refleja, quizás porque yo también estoy sumido en un “mar” de dudas por culpa de Mar… ¡Ja, ja, ja…!

- Eres muy ingenioso…

- No he terminado, quiero argumentar mi respuesta. ¡Acércate a la mampara!

Obedezco de forma lánguida, sin dejar de mirarlo a los ojos y recorro los dos pasos que me separan hasta situarme a su lado.

- ¿Así está bien?

Mi brazo está junto al suyo. Sólo nos separan los cinco centímetros de la mampara.

- Así está perfecto. Pienso que tonteas conmigo porque el otro día te besé, exactamente aquí, y no me dijiste nada al día siguiente. Pienso que tonteas conmigo porque tú me besaste en la roca y nunca has hablado de ello. Pienso que tonteas conmigo porque ayer te esperé como un tonto en la puerta del chiringuito a que te calmaras del calentón con el tal Martínez y me ignoraste al volver… ¿Quiéres que siga?

Intentó procesar todos los detalles del argumento. La verdad es que al escuchar este argumentario todo seguido parece tener razón. “¿Qué demonios dicen las tácticas de ‘coaching’ para salir de esta situación?”, me pregunto.

- ¿Vale cómo respuesta: “no sé cómo comportarme”? Es que es la verdad. Después de que me besaras nos encontramos en el mercadillo y me hiciste bromas sobre mis “bonitos melones”, muy ingenioso por tu parte, pero a mí me desconcertó. Sencillamente pensé que no le dabas importancia al beso y me limité a ponerme la coraza de protección. En la roca te besé porque me pareciste el ser más indefenso y adorable del mundo después de contarme la muerte en la carretera de tu mujer. Y ayer te dejé ir para que no creyeras que estaba demasiado interesada…

Nuño me aprieta la mano, por un momento pienso -y deseo- que se va a inclinar de nuevo para besarme. Sin embargo gira la cabeza hacia el mar.

- Hagamos un trato.

- Lo qué digas…

- Así, sin más, claudicas a mi oferta sin conocerla. No sé si pensar que eres muy confiada, muy inocente o muy insensata…

- Creo que contigo soy las tres cosas. Lo que hago es una muestra de mi confianza hacia ti de forma inocente e irreflexiva.

- ¿Empezamos de nuevo?

- Noooo…

Nuño me mira con cara de susto y me interroga con la mirada.

- No pienso devolverte el beso que me diste y tampoco pienso pedirte que me devuelvas el que yo te di. Para todo lo demás, me parece perfecto.

- Pues empecemos. ¡Hola vecina! Me llamo Nuño y me encantaría que aceptaras venir conmigo a la playa.

- ¡Hola vecino! Soy Mar y lo que más me puede apetecer hoy es bajar a la cala a leer y pasear a tú lado.

En ese momento se gira y me deposita un suave beso en la mejilla. No puedo evitar cerrar los ojos y desear que se detenga en mi boca antes de besar la otra mejilla…

- Nos vemos en la playa. Me pongo en mitad de la cala, justo antes de la zona nudista… para que Martín pueda exfoliarse ya que… -Nuño parece dudar-. Creo que ese chiste te lo contaré cuando tenga más confianza.

- ¿Qué manera es esta de empezar de cero? ¡Cuéntame el chiste ahora mismo!

- Es una ordinariez y yo no tengo ninguna gracia.

- ¡Prueba!

- Viene de cuando teníamos veintitantos. Nos fuimos tres amigos de vacaciones. Cada uno éramos de una forma de ser distinta. Para resumir uno era un ligón, otro era una persona normal y el tercero era muy tímido. El balance final del verano, este es el chiste, te aviso para que veas que es una ordinariez, fue el siguiente: “Uno folló mucho, otro folló algo y el tercero sólo exfolió”.

- Es lo más burdo que he oído jamás.

- Cosas de tíos. Por eso no te lo quería contar, aunque me gustaría saber cuál es el balance de vosotras tres al final del verano.

- Estás empezando muy mal vecino. Pero que muy mal. Creo que vas a tener que esforzarte mucho para volver al nivel de química que teníamos antes.

Le guiño un ojo y me alejo hacia el interior.

Tengo a mis amigas desaparecidas entre los brazos de Morfeo -”señor que se pasa el día abrazando gente”, pienso mientras sonrió con mi estúpido chiste, no sé si peor que el de Nuño…

Me siento en el sofá y cojo el móvil. “No me gusta nada este maldito aparato, sólo me da disgustos”.

En el icono de Whatsapp veo que hay más de veinte mensajes. Dudo sobre leerlos o no y me decido a abrirlos. “Desconocer las cosas no cambia la realidad”, me animo a mí misma. Casi todos los mensajes son de mi madre y de mi hermana, pero el último en entrar es de mí ex, Marcos.

“No me resigno a no poder hablar contigo. Necesito hacerlo. Mañana estaré en el pueblecito en donde te tienen secuestrada tus amigas. Mil besos”.

Compartir

ABC.es

Mar picada © DIARIO ABC, S.L. 2014

Tres amigas cuarentonas (la mejor edad de la vida), un pueblo con playa y el calor del verano. Con estos alicientes se construye un relato que, día a día, recorre el camino de Mar: una búsqueda de la felicidad a través de todo aquello que hasta ahora se negó por vergüenza y prejuicios.Más sobre «Mar picada»

Categorías
Etiquetas
agosto 2014
L M X J V S D
« jul    
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031