“¿Cuándo vas a dejar de tontear conmigo?”

“¿Cuándo vas a dejar de tontear conmigo?”

Publicado por el ago 13, 2014

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La noche ha sido divertida y ha obrado el milagro de alejar algo de mi mente los fantasmas del pasado. Me quedé mirando a Nuño mientras se marchaba de la fiesta. Deseaba abrazar su cuerpo sudoroso de gladiador, pero me alegro de no haber salido detrás de él. Por una vez la querencia conservadora de la Mar de antaño tenía razón.

Volvimos a casa María y yo custodiadas por Martín, que no nos dejó solas ni un minuto. La química que había entre los tres seguramente despertó en la mente de los incautos que intentaron acercarse a nosotras la idea de que formábamos un trío. De hecho, los bailes provocadores que protagonizamos, con María abrazándome mientras simulaba que me besaba en la boca, al tiempo que Martín nos cogía a ambas de la cintura, parecían coreografías de algún vídeo musical subido de tono.

Lo mejor de todo es que fuimos capaces de divertirnos, y mucho, sin ingerir demasiado alcohol. Con moderación. Yo no recuerdo haber tomado más que un gin tónic. María se hidrataba sólo con refrescos y Martín, con alguna que otra cerveza.

Lo cierto es que nos reímos un montón, en parte de nuestras tonterías y de las caras de la gente que nos veía en acción.

“Un momento de desfase controlado alegra el alma”, concluyo con mi taza de café asomada en la terraza. Miro al mar y vuelve a despertar el pueblecito en otro día soleado. Observo por la zona de los barcos de pesca a un hombre corriendo, me imagino que puede ser Nuño. Mi piel aún recuerda su cuerpo cuando bailaba abrazada a él.

Me giro hacia el salón al oír ruido. Supongo que será el ligue de Marta en su ritual mañanero de beber agua. Me equivoco de plano, es mi amiga, que regresa a casa. Lo normal es que se traiga a sus hombres a nuestro apartamento, más que por afán de exhibicionismo -”algo de exhibicionismo también tiene”, puntualizo en mi interior-, para contar con nuestro apoyo si un día su radar de hombres se estropea y mete en la cama a un loco.

Al verme en la terraza, coge una botella de agua y se une a mí.

- ¡Hola guapa! ¿Cómo acabaste anoche? ¿Te tiraste al cirujano? Lo tienes completamente embobado.

- ¡Qué bruta eres, Marta!

- Sigues siendo una pardilla en el tema de la interpretación de los hombres. Tienes a los dos hermanos colados por tus huesitos.

- Pero si Martín se pasa el día tonteando con María.

- Ante la falta de respuesta por tu parte ha puesto en marcha el plan B, que en esta ocasión se llama María.

- Porque eres mi amiga y te quiero un montón ¿Cómo puedes llamar plan B a María?

- No te piques, Mar. No estoy diciendo que sea un mal plan, que yo también quiero un montón a María: es una tía estupenda en todos los sentidos, con unos ojos que perecen el faro de Alejandría. Lo que digo es que tú eras su primera opción.

Me quedo meditando un rato.

- Es posible -admito- que últimamente no le haya hecho mucho caso, pero ayer por la noche nos reímos un montón los tres.

- Eres un poco malvada querida.

- ¿Malvada? Hoy has venido un poco agresiva. Si soy una santa. Tú misma me has acusado mil veces de ser una mojigata.

- Una mojigata, calienta braguetas.

- ¿Y esta acusación gratuita?

- Te voy a hacer un resumen de lo que estás haciendo y que parece que no ves.

- Ahora sale la Marta psicoanalista….

- Ahora sale la Marta observadora. Tonteabas con Martín porque te hacia gracia ¿A quién no le gusta tener a un chico guapo pendiente de nuestros pasos? Pero tú sabes perfectamente que nunca podría pasar de ser una aventura. Lo que para mí no habría estado mal, pero para ti, aún, hoy en día, es un problema.

- A lo mejor porque yo no tengo especial interés en hacer muescas en el cabecero de mi cama.

A Marta no le molesta mi respuesta y sonríe de forma comprensiva.

- Mar, estás picada y lo estás porque sabes que tengo razón. Ya sé que tú no eres yo. Es más, no pretendo que seas yo, perderías todo el encanto que tiene mi amiga del alma.

- Independientemente de todo esto. Martín me cae fenomenal, es un tipo cojonudo y un hallazgo de los que merecen la pena.

- ¿Que merecen la pena para qué?

- Merece la pena como persona, como alguien en quien confiar.

- Tú misma lo estás diciendo. Merece la pena como amigo. Con Nuño te está pasando algo más.

Creo que me estoy poniendo colorada. Así que me giro para mirar el mar y decido cambiar de tema.

- ¿Y tú, dónde has dormido?

- He roto varias de mis reglas.

- Ya lo he visto, la primera de ellas, la de no dormir en el apartamento con nosotras.

- La otra ha sido repetir con el mismo hombre tres veces en un verano.

- ¿Otra vez con el rastas?

- El rastas se llama Maurice.

- ¡Uy, uy, uy! Cuando un hombre tiene nombre en la boca de Marta es que no es una muesca más en el cabecero de la cama ¿Me equivoco?

La sonrisa franca de mi amiga me indica que tengo razón.

- No adelantes acontecimientos, Mar. Maurice es una caja de sorpresas. Me gustaba por el toque salvaje que tiene, el peinado con rastas y las pintas de desaliñado que lleva, pero poco a poco estoy viendo otras cosas. La más importante es que es un hacha en la cama, tiene un cuerpo precioso y una dotación perfecta para lograr posiciones imposibles del kamasutra… Mira cómo se me pone el vello del brazo sólo con recodarlo.

- ¿Tan bueno es entre las sábanas?

- Un profesional, Mar.

- ¿No te da un poco de asco la falta de higiene?

- Maurice es el hombre más limpio que he conocido jamás.

- ¡Venga ya, Marta! Has perdido el sentido común. Pero si debe de vivir en una chabola en la playa y no usa calzoncillos, que lo he visto yo.

- No tienes ni idea ¿Crees que un sin techo podría pagarse las copas del mejor whisky en el chiringuito?

Me quedo mirando a mi amiga, invitándole a que continúe con el relato.

- ¿Sabes dónde está alojado?

Niego con la cabeza.

- En una de las villas exclusivas del hotelazo que está pegado a la playa. Es cierto que la ropa que lleva es de mercadillo, pero esta mañana he cotilleado su armario antes de venir y hay ropa de los principales diseñadores internacionales, además de todos los gadgest de última generación. Tiene que tener pasta para aburrir.

Choco las manos con mi amiga en señal de triunfo.

- ¿Cuándo vas a dejar de tontear con Nuño y vas a dar un paso más?

- ¿A qué viene ahora esa pregunta?

Por detrás de la mampara se oye un ruido. Es mi vecino, completamente sudado, con las mallas de correr puestas y el torso desnudo, que me está mirando.

- Eso Mar, responde: ¿Cuándo vas a dejar de tontear conmigo y vas a dar un paso más?…

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Mar picada © DIARIO ABC, S.L. 2014

Tres amigas cuarentonas (la mejor edad de la vida), un pueblo con playa y el calor del verano. Con estos alicientes se construye un relato que, día a día, recorre el camino de Mar: una búsqueda de la felicidad a través de todo aquello que hasta ahora se negó por vergüenza y prejuicios.Más sobre «Mar picada»

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