“Admite este consejo: no te acerques a Mar”

“Admite este consejo: no te acerques a Mar”

Publicado por el ago 8, 2014

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Mi beso parece que ha dejado frío a Nuño. De hecho, no tengo muy claro si le ha molestado. Sigue mirando al horizonte sin decir nada, con la mirada perdida, buscando, imagino, una repuesta a lo que ocurrió hace cuatro años.
- ¿Nos vamos, parejita?
Es Martín, que ha venido a buscarnos hasta la roca. La roca en la que he conocido la verdad que atormenta el alma de mi vecino. Que lo tiene atrapado en una burbuja de dolor desde hace cuatro años, cuando su mujer Cecilia se dejó la vida en la última curva de la carretera antes de poder abrazarlo. La roca en la que por fin ha compartido conmigo la amargura de no haber podido celebrar la mitad de la vida de la persona con la que quería pasar el resto de la tuya. “Competir contra un fantasma es una misión imposible”, pienso.
Nuño se levanta impulsado como un resorte al oír a su hermano.
- Esperadme en la playa. Vuelvo nadando.
Se lanza al agua y enfila de forma horizontal la línea de la playa.
Martín me ayuda a incorporarme para regresar hasta donde están mis amigas.
- Vecina, me tienes muy abandonado últimamente.
La afirmación ha sonado a reproche. Odio los reproches, me recuerdan demasiado a mi ex Marcos, que prácticamente me exigía que sólo estuviera pendiente de él, mientras él estaba pendiente de todas.
- ¿Yooooo? Más bien me tienes abandonada tú. Pero si no me haces caso desde la cena en vuestra terraza. Parece que sólo tienes ojos para María.
“Esto último me lo tenía que haber ahorrado -me arrepiento de forma instantánea, según lo suelto-. Ha sonado precisamente a reproche de mujer en celo”.
- ¿Qué quieres que haga si me habla y se sienta a mi lado? Además, desde que te he presentado a mi hermano te has pegado a él como una lapa.
No me gusta nada el camino que está tomando esta conversación. Parece una riña entre novios, lo que es absurdo. Es cierto que los coqueteos de María con Martín me pusieron un poco celosa el otro día, pero también lo es que esto me ha permitido conocer mejor a Nuño.
Me paro, lo cojo de la mano.
- ¿No te parece un poco absurdo que discutamos por esta tontería?, le pregunto.
- Desde luego, vecina. Tú y yo estamos por encima de todo, somos invencibles ¡Ja, ja, ja…!
Me abraza por el hombro y avanzamos rápido hasta donde nos esperan Marta y María recogiendo. Prácticamente llegamos a la vez que Nuño, que ha recorrido la distancia a nado en tiempo récord. Sale del agua sonriendo, aunque por la respiración acelerada se nota que se ha empleado a fondo. Coge la toalla para secarse y, sin pensarlo dos veces, se desprende del bañador.
Las tres nos hemos quedado mirándolo como si viéramos una escena de película. El sol está bajando y pinta de dorado todo lo que toca con los rayos. El cuerpo de Nuño es perfecto. “Me encanta su torso”, opino para mis adentros.
De nuevo vuelve a ocurrirme lo mismo que me pasó con Martín por la manaña: tengo que dar órdenes precisas a mis ojos para que no miren la entrepierna. Al ver que mis amigas no pierden detalle, decido unirme a la contemplación de la réplica del David de Miguel Ángel de carne y hueso, pero sin rizos.
Marta silba a mi lado piropeando a Nuño.
- ¡¡¡Eso es un cuerpo de bomberos y de la policía junto!!!
A lo que Nuño responde con una risotada que le quita tensión al momento.
- ¡Oye, chicas! -interrumpe Martín-. Estoy un poco dolido, esta mañana yo no he tenido piropo y he estado en pelotas con vosotras todo el rato.
María silba imitando a Marta.
- Tu cuerpo también está estupendo, ¡celosón!
Durante el camino de vuelta, mis amigas recuerdan que esta noche es la fiesta romana en el chiringuito Waikiki. Los chicos no parece que se den por aludidos.
Marta empieza a acariciar la nuca a Nuño y yo me revuelvo en el asiento de atrás.
- ¿Verdad que nos vais a acompañar? ¿A que no nos vais a dejar solas? Seguro que hay muchos ‘Nerones’ con ganas de devorar a tiernas cristianas…
- Nuño seguramente no querrá ir, pero contad conmigo como guardia pretoriana.
- ¿Por qué dices que no quiero ir, hermanito?
- Porque nunca te han gustado las fiestas.
- Creo que va siendo hora de conocer el mundo exterior.
Lo dice con una gran sonrisa mientras me guiña el ojo a través del espejo retrovisor.
Quedamos a las diez de la noche. Dejo a las chicas en casa, cojo el bolso y me escapo para buscar unas diademas de flores que tengo fichadas en una tiendecita cerca de la playa y que serán un complemento perfecto para nuestros disfraces.
La tarde es preciosa y me siento en Waikiki a tomar algo. Mi amigo Mario y su novio están muy ajetreados decorando todo para convertir el chiringuito en una casa romana, así que no quiero distraer.
Saco el móvil del bolso para enfrentarme al whatsapp que entró el otro día. Cuando lo abro, encuentro un montón de mensajes. Varios de mi madre, otro de mi hermana y seis de Marcos, del maldito Marcos. Dejo el teléfono encima de la mesa y tomó aire antes de enfrentarme a su lectura.
“Cometí un error, perdóname”.
“Diez años juntos justifican poder tener una nueva oportunidad”.
“Dime dónde estás y cruzo el mundo para cenar contigo”.
“Necesito verte, te necesito”.
“Yo te sigo queriendo”.
“Eres lo más importante de mi vida”.
Se me hace un nudo en el estómago. Vuelvo a tirar el móvil en la mesa.
- ¡Hola vecina!
Es Nuño, que se sienta a mi lado mientras suelta una red y espadas de juguete.
Mario me llama desde la barra y me levanto a saludarlo. Cuando vuelvo observo a mi vecino mirando fijamente a mi teléfono. No me hace ninguna gracia, pero espero que no haya leído los mensajes del imbécil de Marcos. Sobre todo los dos últimos, que creo que son los únicos que estaban en la pantalla cuando me he levantado.
Regresamos a casa haciendo chistes de romanos. Me cuenta que él y su hermano van a ir de gladiadores, con un taparrabos, sandalias y cascos y espadas de plástico. “Nosotras iremos de sacerdotisas de Venus”, desvelo. Quedamos en vernos en el chiringuito.
Los vestidos que compró Marta en el mercadillo nos quedan de muerte, aunque desde mi punto de vista son un poco de putón, porque el escote llega hasta el ombligo. Propongo un imperdible para evitar que se nos escape el pecho, pero la propuesta es desestimada por mis amigas.
- Unas sacerdotisas de Venus tienen que invitar a la lujuria, sentencia Marta, que se pone un tanga color carne cuya superficie textil apenas cubre su pubis. Si miras a un par de metros da la sensación de que va sin bragas.
Waikiki está perfectamente ambientado. Con colchones y cojines extendidos por todas partes. Hasta el grupo que actúa esta disfrazado. Se ve mucha sábana anudada para simular togas. Una chica ha conseguido meterse en una funda de almohada y se ha anudado un cordón dorado a la cinturas. Cuando se sienta se le ve completamente la braga. “Marta va a tener competencia hoy a la hora de captar las miradas -pienso al verla-”.
Mario nos coloca en la mesa VIP después de piropearnos.
- ¡Vais a ser las reinas de la orgía!
Yo no paro de buscar con la mirada a mis vecinos. Por la puerta entran dos gladiadores con taparrabos. El casco impide que se les vea la cara, pero muestran cuerpo atlético, uno completamente depilado y el otro, no. Pego un codazo a María.
- ¿Son ellos?
- Creo que sí.
- Están para comerlos. Con ese taparrabos parece que tienen una dotación descomunal, suelta Marta a bocajarro.
Nos miramos las tres y nos echamos a reír…
Marta se acerca a ellos rápido. Al levantarse da la sensación de no llevar ropa interior. Los chicos de al lado empiezan a cuchichear. “Creo que el duelo con la chica de la funda de almohada para captar las miradas masculinas ya lo ha ganado mi amiga”, rectifico.
Decido ir a la barra a recoger los gin tonics que ya me tiene preparados Mario.
- Mar, aquí hay un pesado que viene todos los días preguntando por ti, me comenta.
Me giro con las copas en la mano, pero no distingo a nadie conocido. Es difícil con toda la gente disfrazada. Avanzo con dificultad hacia nuestra mesa, siento que alguno de los chicos no se mueve para rozarme a mi paso.
- ¡¡¡Sabía que eras tú!!!
Frente a mí se sitúa un ser tirando a gordito, de piel rosada vestido de dios Baco. Es Martínez, el esbirro de Marcos, el ser más odioso que conozco. El buen mandado que hace los trabajos sucios de su jefe.
De la impresión se me caen las copas al suelo. La gente se gira a mirarme. Me quiero morir. El líquido ha empapado mi túnica y da la sensación de que llevo el pecho al descubierto. La ira me va subiendo por dentro y estallo.
- ¿Qué coño quieres, Martínez? ¿A qué has venido? ¿Te manda el impresentable de tu jefe a espiarme? Pues dile de mi parte que se muera.
Mi voz es lo único que se escucha en el chiringuito. Siento que mis ojos se llenan de lágrimas y que las piernas me fallan. Un brazo fuerte me sujeta por el hombro mientras con la otra mano empuja a Martínez.
- ¡No se quién eres! Pero admite este consejo: no te acerques a Mar…

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Mar picada © DIARIO ABC, S.L. 2014

Tres amigas cuarentonas (la mejor edad de la vida), un pueblo con playa y el calor del verano. Con estos alicientes se construye un relato que, día a día, recorre el camino de Mar: una búsqueda de la felicidad a través de todo aquello que hasta ahora se negó por vergüenza y prejuicios.Más sobre «Mar picada»

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