“Creo que he ligado”

“Creo que he ligado”

Publicado por el jul 10, 2014

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¡Maldito, maldito y mil veces maldito sea Marcos!

¿Porqué se empeña en joderme la vida?

Yo estaba feliz en la playa, con mis amigas, recuperándome del divorcio, de los más de diez años de mentiras a su lado, espantando los recuerdos que me asaltan en cada esquina y ahora esto, un whatssap: “Necesito hablar contigo. Soy Marcos”.

Me he tenido que sentar en la cama para tranquilizarme. No sé qué hacer. Me levanto y salgo a la terraza con el teléfono en la mano. Miro al mar en busca de una respuesta.

- ¡Hola vecina!, escucho a mi espalda.

Giro la cabeza, lentamente, cabreada por atender a alguien cuando tengo la cabeza trabajando a mil revoluciones en busca de una solución al mensaje.

- ¡Huy!, perdona. Hablamos luego.

Era Martín, con su pelo revuelto y sus ojos curiosos, que se retiraba apresuradamente de la mampara de separación de los balcones.

En ese momento caigo en que estoy desnuda. El whatssap me ha trastornado y no me he acordado de que acababa de salir del baño al oír el mensaje, justo después de discutir con mis amigas por no ser partidaria de la depilación brasileña de ingles.

La situación me hace sonreír. Desnuda siempre me he sentido vulnerable, pero en esta ocasión hasta casi me gusta que el vecino me haya visto, aunque solo haya sido la espalda. Lo que unido a la exploración visual a mi camiseta de encaje transparente que había hecho por la mañana, convierte a Martín en el hombre que más partes de mi anatomía ha visto en menos tiempo.

- ¿Qué te pasa?, pregunta María, que siempre ha sabido interpretar a la perfección los gestos de mi cara.

Le cuento el maldito whatssap.

- ¿Qué necesita hablar este imbécil?, ¿qué pretende ahora?, pregunto al aire en busca de una respuesta.

Marta sale del baño al oír mis gritos. Le pongo al día y sentencia, como siempre, al más puro estilo Marta.

- Olvídate de él, no le hagas ni caso, me ordena cogiéndome la cara para que la mire a los ojos. Es tóxico -insiste-. Hemos venido aquí a olvidarlo, a reinventarte, a sacar de tu cuerpo y de tu mente los recuerdos de alguien que nunca supo valorarte, ni quererte. ¡Venga, María!, manos a la obra, vamos a convertir a Mar en el ser más irresistible del planeta. Te vas a poner un vestido que tengo, que deja toda la espalda al aire y que es sinónimo de éxito.

Me dejo vestir y sonrío mientras Marta y María no paran de repetirme lo guapa que estoy.

El chiringuito “Waikiki” no defrauda, está animado. Hay actuación en directo, como todos los días. Hoy le toca a “Lagartija Nick”. Mario, mi ex compañero de facultad y dueño del local, nos coloca en una mesa reservada en primera fila.

- El mejor sitio para las tres chicas más guapas del lugar. Os tengo que mimar mucho porque sois tres imanes para la clientela. Ahora mismo os traigo un gin-tónic.

El concierto está bien. Los moscones empiezan a merodear con sus copas en la mano alrededor nuestro. Los bailes de Marta y de María consiguen que la gente esté más pendiente de ellas que de la actuación del grupo. Hasta yo me estoy viniendo arriba, mis piernas empiezan a moverse y mi cadera no puede evitar seguir el ritmo de la música.

- ¡Hola vecina! -escucho pegado a mi oído-. Porque eres mi vecina, ¿verdad?

Me giro, veo a Martín y asiento con la cabeza.

- Es que no lo tenía muy claro, como es la primera vez que te veo con ropa -sonríe de forma pícara-. Me ha ayudado mucho el vestido, la espalda es la última visión que tengo tuya de esta tarde, y la llevas completamente al aire.

El comentario me hace sentir sexy.

Cojo a Martín de la mano y le invito a bailar a mi lado.

El pobre es un poco arrítmico, pero no parece importarle hacer el ridículo. Aprovecha cualquier excusa para cogerme por la cintura y deslizar la mano por mi espalda.

Creo que he ligado. Hacía mucho tiempo que no sentía la descarga de adrenalina de notar que un hombre guapo, simpático y, sobre todo, lo más importante, limpio, se fija en mí.

Marta, por su parte, anda tonteando al fondo del chiringuito con el hippy de las rastas del día anterior, mientras María charla al final de la barra con Mario.

Acabo de encontrar la respuesta a mis dudas sobre el whatssap. No voy a llamar a Marcos, no quiero saber nada de él. Es mucho más divertido ver a Martín esforzarse en conquistarme.

Quizás le dé una oportunidad. Tengo ya muchas cosas adelantadas. Hasta me ha visto desnuda.

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Mar picada © DIARIO ABC, S.L. 2014

Tres amigas cuarentonas (la mejor edad de la vida), un pueblo con playa y el calor del verano. Con estos alicientes se construye un relato que, día a día, recorre el camino de Mar: una búsqueda de la felicidad a través de todo aquello que hasta ahora se negó por vergüenza y prejuicios.Más sobre «Mar picada»

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