Historia española en EE.UU., a toda vela

Historia española en EE.UU., a toda vela

Publicado por el may 30, 2013

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La historia de Estados Unidos empezó aquí. San Agustín, desde donde empiezo a escribir este post, es la ciudad permanentemente habitada más antigua del país. La fundó en 1565 un enérgico asturiano, Pedro Menéndez de Avilés, con el expreso encargo de Felipe II de parar los pies a los hugonotes franceses que se habían instalado poco antes en un lugar llamado Fort Caroline, más o menos a la altura de la actual Jacksonville.

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Menéndez de Avilés desembarcó con un grupo de colonos y cumplió las órdenes sin contemplaciones. Ejecutó a los 200 hombres que encontró en el fuerte y después, cuando sorprendió en una playa a otro grupo de franceses que iba a atacar a los españoles y que había naufragado, tampoco se apiadó de ellos. Todavía hoy existe allí un río Matanzas y un fuerte con el mismo nombre levantado por los españoles que no deja lugar a dudas sobre el baño de sangre con el que pusieron fin a la presencia gala en la zona. Y para que tuvieran la lección bien aprendida, tras pasarles a cuchillo, se dice que dejaron unos carteles en los que se advertía que habían sido muertos “no por franceses, sino por herejes”.
Con este cruento episodio, propio de unos tiempos en los que la convención de Ginebra y los derechos de los prisioneros quedaban aún muy lejos, comenzó el asentamiento de los europeos en Norteamérica. Los españoles se adelantaron así 42 años al primer asentamiento inglés (Jamestown, en Virginia, en 1607), y 55 al legendario desembarco de los peregrinos puritanos del Mayflower en Massachusetts.
448 años después, pasear por San Agustín es un fascinante viaje al pasado español de Estados Unidos, gracias en buena parte al orgullo con que sus habitantes, a pesar de ser gringos de pura cepa, sienten estas raíces hispanas de su ciudad. Sus calles conservan nombres como Málaga, Saragossa o Spain y cuenta con la que posiblemente sea la única plaza en América dedicada a la constitución española de 1812, la célebre Pepa, ya que hasta 1821 no se arrió la bandera española en la ciudad.
En realidad, sigue ondeando aún hoy en el castillo de San Marcos, la inexpugnable fortaleza que construyeron los españoles en el siglo XVIII. En concreto, se trata de la bandera de la cruz de Borgoña -un aspa roja con fondo blanco- que utilizaban antaño nuestras tropas.
No es la primera vez que vengo a San Agustín, de hecho con esta ya van cuatro, pero no podía dejarla de lado en mi recorrido por el legado español en Florida. Lo cierto es que me siento aquí como en casa cada vez que vengo, y no puedo dejar de reconocer la hospitalidad con que siempre me recibe mi colega María D’Adamo, una argentina que quedó hace años prendada de la ciudad y trabaja en la publicación bilingüe Eco Latino.

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San Agustín ha encontrado en la explotación para el turismo de su pasado español un auténtico filón y el número de visitantes que llega buscando algo más que las playas y los parques temáticos de Orlando crece año a año. De hecho, el pasado marzo se abrió un gran museo al aire libre conocido como Colonial Quarter que está teniendo ya notable éxito.
Estos días, además, se encuentra atracado en el puerto de la ciudad el Galeón de la Fundación Nao Victoria, una formidable embarcación construida para ensalzar el valor de las exploraciones marítimas españolas y que ahora está contribuyendo también a acercar al gran público la historia española en Estados Unidos. Ayer subí a bordo a echar un ojo y pude comprobar la curiosidad que despierta. “Está teniendo muy buena acogida, el fin de semana fue espectacular, ha superado con creces nuestras previsiones”, me contaba con evidente satisfacción Manuel Minero, el miembro de la tripulación encargado de la comunicación.
No pude hablar con el capitán, que está ahora en España, pero en cambio tuve la sorpresa de toparme con un antiguo compañero de ABC Sevilla, Miguel Talegón, que ha cambiado las cuatro paredes de la redacción por embarcarse en esta aventura. “Me encanta navegar y por eso estoy haciendo las Américas”, me explicaba.
Al final de la tarde me acerqué también al parque estatal del fuerte Mose, un lugar que por sí mismo merecería un post. Fue levantado en 1738 para servir de refugio a esclavos huidos de las colonias británicas. Destruido en 1740 en un sangriento ataque lanzado desde Georgia, volvió luego a construirse y allí pudo vivir en libertad una comunidad negra hasta que Florida pasó a manos británicas en 1763. Hoy no queda nada de aquellos fuertes y todo lo que hay es un centro de visitantes y un agradable paseo por la zona donde se suponía que estaban.

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Cuando llegué me encontré con que el centro de visitantes cerraba los miércoles y sólo había allí una jovencísima ranger comiéndose una naranja y que con su traje verde parecía más bien una girl scout. La cogí con ganas de conversación y pasamos un buen rato charlando de historia. Le debí de caer bien a Tonya, como se llamaba, porque me abrió el centro para mi solito y tuve una explicación personalizada. “Los españoles ofrecían libertad a los esclavos con la condición de que se bautizaran y se unieran a la milicia. Con ello conseguían dejar a las colonias británicos sin nadie que cultivase sus campos y soldados con los que atacarles”, me explicó.
Este post lo estoy terminando ya en Miami, donde esta tarde se inaugura la exposición “Imaginando la Florida”, que organiza Acción Cultural Española. Por cierto que en el hotel me he encontrado a su comisario, Michael Francis, que me ha agradecido la publicación de un artículo suyo en la prestigiosa Tercera de ABC. Ya estoy deseando ver la muestra.

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