Por qué dicen escrache cuando (no) quieren decir acoso

Por qué dicen escrache cuando (no) quieren decir acoso

Publicado por el Apr 4, 2013

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Convendremos todos en que la manipulación del lenguaje puede llegar a ser muy eficaz para quien lo utiliza como arma arrojadiza o en la búsqueda de los más variados fines políticos. El nacionalismo vasco, y en particular su rama terrorista, nos ha bombardeado hasta la victoria semántica con expresiones en principio agresivas o inaceptables para una gran mayoría, pero que con el uso continuado y en un contexto excesivamente buenista, se terminaron incrustando en muchas personas, instituciones o medios. Hasta interiorizar y utilizar con normalidad, por ejemplo, términos como “organización armada” u “organización separatista” para referirse a la banda terrorista ETA, o “izquierda abertzale” para aludir a Herri Batasuna o las sucesivas y tramposas marcas que se han aprovechado del Estado de Derecho que pretendían derribar. El nacionalismo catalán no le ha ido a la zaga. Después de múltiples expresiones y términos edulcorados, en este caso por el viento favorable que sopla en el oasis (el ruido suele dar miedo a la mayoría silenciosa), el último soniquete amable es el del “derecho a decidir”. Suena bien, porque en realidad lo que hace es suplir torticeramente una terminología más agresiva y que choca con el reconocimiento universal mucho más limitado que sostiene Naciones Unidas para los estados reconocidos (sólo para los casos de descolonización). En una suerte de caballo de troya del lenguaje, esta estrategia tiende a ocultar las realidades del “derecho de autodeterminación” o el “referéndum para la independencia” y se ofrece como un ejercicio aparentemente legítimo e investido de legalidad democrática para satisfacer la aspiración de un pueblo, en este caso únicamente la del suyo (que es el nuestro, pero eso no interesa).

El último hallazgo, empleado por un sector de la izquierda radical representado en este caso por las plataformas contra los desahucios, y en concreto, por aquellas que han decidido no respetar el derecho a la intimidad de muchos cargos y responsables públicos (del PP, claro), es el término “escrache”. Con un concepto tan cool como el que utilizaron desde mediados de los 90 movimientos supuestamente pacifistas de Argentina y Uruguay para protestar frente a las sedes de partidos e instituciones o directamente ante los domicilios particulares (tal es el origen del uso de la palabra, aunque las teorías sobre la procedencia del vocablo se reparten confusamente entre el inglés, el castellano y el italiano…), sus actores enmascaran el término (y su significado) de nuestro castellano que entiende todo el mundo: acoso o coacción. ¿No parece mucho más aceptable socialmente hacer escrache que coaccionar o acosar a alguien, aunque semánticamente sea lo mismo? Pues sí. Es el eufemismo el que permite a la consejera de la Junta de Andalucía Elena Cortés y otros miembros de Izquierda Unida decir que es justificable. ¿Cuál es el límite de este ejercicio de violencia: que acabe pasando algo de lo que arrepentirse?

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Sin comillas. Españar, como suena. Sí, después de más de cinco siglos de una historia pendular entre fuerzas centrífugas y centrípetas, el dibujo vuelve a la parte más baja del diente de sierra, la de Más sobre «Toca españar»

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