Supermadres y superpadres

Publicado por el Nov 5, 2013

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No sé vosotros, pero, antes de tener hijos, mi vida consistía básicamente en trabajar. La de mi marido, aún más. De las 24 horas que tiene el día, pasábamos ocho (con suerte) durmiendo, entre 10 y 12 fuera de casa para trabajar, y solo 4 o 6 disponibles para el tiempo libre y para todas las demás tareas que podamos necesitar hacer (cocinar, limpiar, comprar o ir al dentista)

Cuando tienes un hijo, estos esquemas no son válidos. Lo normal, es que cueste mucho cambiarlos y, casi siempre, solo uno de los dos padres , generalmente la madre, los cambie, poniendo en peligro con casi toda seguridad su prestigio profesional.

 

No  todos vivimos así, aún quedan amas de casa, también personas con horarios de trabajo más flexibles, empresas conciliadoras, gente que trabaja por turnos y profesiones liberales que no siguen estos esquemas y que a lo mejor no tienen estos, sino otros problemas.

Os hablo de nuestra realidad, porque sé que no somos los únicos que la sufrimos y porque, como os digo, como padres de un bebé de 10 meses, aún estamos en proceso de transición, intentando encontrar la fórmula que nos permita conseguir cierto equilibrio entre atender a nuestro hijo como necesita y continuar siendo buenos profesionales.

La crisis no ayuda, es verdad, hace que todos los que tenemos la suerte de tener un empleo tengamos que trabajar más y en peores condiciones. No ayuda a tener recursos de reserva, ni a reunir la valentía para asumir el riesgo que implica bajar el ritmo, cogerse una excedencia o reducirse la jornada.

La semana pasada os decía que las nuevas generaciones son las que tienen la oportunidad de generar ese cambio profundo en la mentalidad de nuestra sociedad que nos ayudará a tener un país mejor, pero para ello es imprescindible que existan esas nuevas generaciones.

Entiendo a las familias que no encuentran el momento para tener hijos, porque la sociedad actual no lo pone fácil. Todos querremos que alguien pague nuestras pensiones cuando nos jubilemos, o que los impuestos de los jóvenes paguen nuestros médicos cuando seamos pensionistas. Sin embargo, estamos exprimiendo de tal forma a los ciudadanos en edad de tener hijos, que nos estamos cargando esa nueva generación.

Tengo la teoría de que los que nos estamos atreviendo a tener hijos hoy lo hacemos  de forma inconsciente. Es probable que, de pensarlo con profundidad, de saber lo que nos esperaba, hubiéramos frenado en seco. El problema, para las mujeres como yo, es que no se nos pide ser madre, sino que se nos exigen ser supermadres.  Las supermadres tienen que educar, trabajar, pagar una guardería carísima, ocuparse de que sus hijos aprenda idiomas, ser además ama de casa, cocinar en base a una dieta saludable y levantarse cada noche cada vez que mi hijo llora.

 

A los superpadres, además de todo eso, se les pide que trabajen hasta la hora de cenar. A las mujeres no, porque son madres,y muchas tienen jornada reducida. Tienen suerte, con sus reducciones de jornada, nunca llegarán a ser jefas, y nunca les obligarán a trabajar hasta tarde. Eso sí, cuando sus hijos crezcan y ya no las necesiten seguirán ocupando la misma mesa que hoy, porque “fueron madres” mientras podrían haber hecho carrera.

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Las aventuras de una madre primeriza © DIARIO ABC, S.L. 2013

Madre primeriza, arquitecta, viajera y bloggera aquí y en www.delunaresynaranjas.com... Más sobre «Las aventuras de una madre primeriza»

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