Wikileaks, terror de los diplomáticos

Publicado por el nov 30, 2010

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Una de las coss que queda clara de las fitraciones que vamos conociendo de Wikileaks es que, por regla general, los gobernantes de los países escamotean la verdad de las cosas a la opinión pública. Los periodistas que hemos asistido a muchas ruedas de prensa tras cumbres internacionales o reuniones bilaterales, estamos cansados de escuchar a los protagonistas decir que todo se ha desarrollado con normalidad, que las relaciones entre unos y otros nunca han sido mejores y, en fin, que el encuentro ha sido muy positivo. Nos aburren las notas de prensa en las que se hace un repaso a los temas tratados, sin contar nada sustancioso.

 

 

Luego, con lo que cuentan distintas fuentes, por aquí y por allí, terminamos haciendo una crónica que no suele coincidir con esas proclamas, pero que, normalmente, se ajusta más a la realidad de lo que sucedió.

 

 

El conocimiento de las notas de la Embajada estadounidense en Madrid no desvela, hasta ahora, hechos espectaculares, porque seguramente las grandes decisiones y acuerdos no quedan por escrito. Sin embargo, confirma lo que pensábamos sobre la idea que Washington tiene sobre Zapatero y su Gobierno y las maniobras y presiones ejercidas para defender los intereses norteamericanos.

 

 

Pero que tire la primera piedra quien esté libre de pecado. Si es que es pecado ejercer la tarea para la que los países tienen hoy distribuidas embajadas por el mundo.

 

 

Si se filtraran los telegramas de las embajadas de España en países en los que tenemos muchos intereses, nos encontraríamos posiblemente con situaciones similares. Nadie tiene una representación diplomática en un país simplemente para dar un cóctel el día de la Fiesta Nacional. Los diplomáticos de todas las embajadas, si hacen bien su trabajo, elaboran informes y notas sobre sus actividades y contactos con las autoridades y las fuerzas vivas del país en el que están acreditados. Y si quieren que tengan valor para sus Gobiernos habrán de ser sinceros en lo que dicen, lo que, muchas veces, supondrá dejar en mal lugar a alguien.

 

 

Desde luego, si los autores de esos informes supieran que se iban a hacer públicos, medirían mucho más sus palabras, y, en consecuencia serían menos eficaces. Wikileaks puede convertirse en el enemigo mortal de los diplomáticos.

 

 

Pero no creo que muchos periodistas se molesten por las filtraciones. Si acaso, habrá discrepancias sobre la forma en que se producen. Pero si se trata de hechos ciertos, los límites que deberán ponerse a esas filtraciones son, sencillamente, que no se ponga en riesgo real la seguridad de un país, ni la vida o la integridad moral de las personas.

 

 

Lástima que, por ejemplo, no dispongamos ahora de los telegramas que se han cruzado las Embajadas de Maruecos en Madrid y de España en Rabat en el reciente contencioso del Sahara. De todos modos, me temo que, ni aún así, llegaríamos a conocer el verdadero por qué de la actitud del Ejecutivo español.

 

 

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Una mirada a las coordenadas en las que se mueve la política exterior de España, que, desde hace tiempo, ya no es un verso suelto en el concierto mundial. Un blog para analizar... Más sobre «Terminal Cero»

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