¡Viva Honduras!

Publicado por el May 24, 2011

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Ponerse a escribir ahora de Honduras cuando el mundo tiene puesta la vista en las revueltas del mundo árabe, puede resultar un poco fuera de lugar. Pero viene a cuento porque el Gobierno español acaba de hacer público un comunicado  en el que se alegra de la reconciliación pactada en ese país, que permitirá la vuelta al país de Manuel Zelaya -el presidente destituido por un golpe de Estado- y la normalización de las relaciones del Gobierno de Porfirio Lobo con sus vecinos centroamericanos.

Lobo ha tenido, sin embargo, que pasar mucho tiempo en el Purgatorio para que se le haya perdonado ser el heredero del golpe de Estado de Micheletti, aunque su elección como presidente se produjera en un proceso democrático limpio. Hay que reconocerle a Lobo que ha sabido aguantar las presiones internacionales y sufrir estoicamente los desplantes de que ha sido objeto.

Entre otros, del propio Gobierno español que ahora se felicita por el acuerdo alcanzado, pero que, en un primer momento, se puso claramente del lado de Zelaya, el hombre que, a la sombra de Hugo Chávez, estaba llevando a Honduras por la senda bolivariana. Recuerden que el ministro Moratinos decidió la retirada de nuestro embajador en Tegucigalpa, no reconoció el resultado de las elecciones que dieron la victoria a Lobo, le negó la entrada en España y decidió que el Príncipe de Asturias no fuera a su toma de posesión como presidente.

Con el tiempo, el Gobierno comenzó a modificar esa posición, gracias a la sensatez de algunos responsables del Ministerio de Exteriores, entre ellos el embajador, Ignacio Rupérez, que realizó una eficaz labor de información y relaciones con las fuerzas vivas hondureñas, incluso en los dos meses en que tuvo que aguardar en San Salvador a que Micheletti le permitiera entrar de nuevo en Honduras, como castigo por haber sido España uno de los más veloces en abandonar Tegucigalpa.

Además, cuando el Ejecutivo vio que Barack Obama también cambiaba su posición y optaba por aceptar a Lobo como presidente, se alineó con quienes abogaron por un acuerdo que permitiera dar una salida mínimamente honrosa a Zelaya y volviera a situar a Honduras en el concierto iberoamericano del que había sido expulsada de facto, al negársele a Lobo la presencia en la Cumbre UE-América Latina de Madrid y en la iberoamericana de Mar del Plata, debido a las presiones del bloque bolivariano.

Ahora, España tiene una especial responsabilidad, a la hora de ayudar a una plena normalización de la situación en Honduras, uno de los países, en peor situación de Iberoamérica. “¡Viva Honduras!”, que diría Federico Trillo.

 

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