Un embajador sin pelos en la lengua

Un embajador sin pelos en la lengua

Publicado por el sep 10, 2014

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El embajador de España en París, Ramón de Miguel, se incorporó hace poco a su puesto, pero no ha tardado en señalar, con una claridad poco usual, donde radican los problemas en las relaciones con Francia. Lo acaba de hacer ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados, que ha puesto en marcha el mecanismo establecido en la Ley del Servicio Exterior para que los nuevos embajadores informen a sus señorías de las instrucciones que llevan para sus destinos.

A De Miguel, curtido en muchos años de peleas comunitarias y conocedor por tanto de por dónde van los tiros en el país vecino, le han bastado pocos días para señalar sin tapujos que Francia- gobierne quien gobierne allí- no muestra un especial interés por facilitar una auténtica implantación del mercado único europeo. Y eso, naturalmente, afecta a España.

Así, por ejemplo, el embajador no ha tenido pelos en la lengua para explicar qué es lo que pasa con el asunto de las interconexiones energéticas a través de los Pirineos, del que siempre se habla cuando se reúnen gobernantes de los dos países, pero en el que hay muy pocos avances. Las interconexiones –según recordó- sólo representan el 1,4 por ciento de la capacidad instalada, muy por debajo del objetivo del 10 por ciento que estableció el Consejo Europeo de 2002 en Barcelona. Hay tres conexiones pendientes de realizar por otros tantos puntos, pero Francia ya ha renunciado a hacerlo por vía área y opta por hacerlo a través de túneles subterráneos, lo que encarece las obras.

De Miguel afirma que en el fondo lo que subyace es el “nulo deseo” de Francia de que la electricidad española, que es más limpia, compita con la estatal compañía eléctrica francesa, que actúa en régimen de monopolio. O sea, París, que no quiere perder el negocio, pone todos los obstáculos posibles y no respeta las reglas del juego del Mercado Único.

Si esto ocurre en las interconexiones eléctricas, otro tanto pasa en las gasísticas, de forma que la capacidad que España tendría de suministrar hasta un 40 por ciento del consumo de Alemania y varios países del Este, gracias al gas que le llega de Argelia y a las siete regasificadoras que posee, no se puede hacer realidad por la falta de conexiones con el territorio francés.

El embajador puso de relieve también el hecho de que pese a los grandes intercambios comerciales que se dan entre los dos países, la presencia de las grandes empresas españolas en Francia es muy pequeña. Con la excepción de Abertis, ninguna de las compañías del IBEX tiene inversiones importantes en Francia, debido a las políticas restrictivas de los sucesivos gobiernos.

Puede que las manifestaciones de Ramón de Miguel ante los parlamentarios españoles no gusten a las autoridades francesas, pero si de verdad se quiere que el mecanismo introducido en la Ley del Servicio Exterior resulte útil, deberían señalar el camino a otros embajadores. Denunciar los problemas públicamente es muchas veces la única manera de que se aborden en busca de soluciones.

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