¿Tiene Carromero un trato de favor?

Publicado por el Jan 9, 2013

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Resulta curiosa la preocupación del PSOE y el PNV por evitar que se dé un trato de favor a Ángel Carromero en la cárcel española. Lo del coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, no puede extrañar a nadie. Para un comunista como él, la Justicia que se practica en Cuba, como todo lo que viene de aquel régimen es lo mejor del mundo. Lo extraño es que no haya pedido hace tiempo la nacionalidad cubana, donde seguramente obtendría mejores resultados electorales que aquí.

 

La pasión de los socialistas y de los nacionalistas vascos por que se respeten escrupulosamente las normas solo es comprensible por el afán de hacer más difíciles las cosas al Gobierno. Una cosa es aceptar la sentencia, como ha hecho el Ministerio de Asuntos Exteriores, porque era la vía más rápida de lograr su vuelta a España, y otra es que en España se considere esa sentencia como fruto de un juicio con todas las garantías. Porque no lo es. En la vista hubo bastantes irregularidades, la más importante, quizás, que sus abogados no pudieran acceder a todas las pruebas, algunas de las cuales habían sido manipuladas.

 

Pero sobre todo, no se puede dejar de subrayar una cosa: Lo que llevó a Carromero a Cuba fue su deseo de apoyar a quienes luchan por llevar la democracia a ese país. No parece que ese sea un delito en España. Muchos demócratas españoles recordarán, agradecidos, las ayudas, que de una u otra forma, se recibían del exterior durante el franquismo. Desgraciadamente, se produjo el fatídico accidente –para muchos con bastantes puntos oscuros- que motivó el encarcelamiento de Carromero. En la mayoría de los países  y, desde luego en España, no hubiera sido condenado a prisión por conducir el coche en el que murieron Oswaldo Payá y Harold Cepero. En la dictadura cubana, sí.

 

Si el régimen castrista se hubiera negado a alcanzar un acuerdo con el Gobierno español, Carromero seguiría en una prisión de la isla, pero las autoridades cubanas sabían que eso les traería más problemas que los beneficios que puedan obtener de su entrega a España. También es verdad que podrían haber optado por la expulsión, como hicieron hace un año con el periodista Sebastián Martínez Ferraté, pero eso hubiera sido demasiado cómodo para Carromero y para el Gobierno español.

 

Quienes en nuestro país se consideran demócratas no pueden pretender que al dirigente juvenil del PP –obligado a autoinculparse en un vídeo más parecido a las declaraciones de un rehén y mantenido en prisión en Cuba durante más de cinco meses- se le hagan aún las cosas más difíciles una vez que se logró su regreso.

 

No se trata de que se le apliquen normas distintas a las de otras personas en prisión, pero no se puede considerar un trato de favor que se acelere lo que sea posible, dentro de la ley, la calificación de su grado penitenciario, con el fin de que pueda abandonar la cárcel.

 

Si el dirigente juvenil del PP, que llegó a España el 29 de diciembre, hubiera estado comiendo en su casa tranquilamente las uvas dos días después, tal vez se pudiera haber tenido argumentos sólidos para hablar de trato de favor, pero lo cierto es que sigue en prisión, esperando que se cumplan los trámites necesarios por parte de la Audiencia Nacional y de la Junta de Tratamiento de la cárcel de Segovia, para que se le pueda conceder el tercer grado, algo a lo que tiene derecho a optar porque reúne todas las condiciones necesarias.

 

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