Siria: la difícil situación de los cristianos

Siria: la difícil situación de los cristianos

Publicado por el sep 8, 2013

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Más de un millar de cristianos rezaron el sábado en la catedral de Damasco, uniéndose al Papa Francisco, que en ese mismo momento presidía, en la plaza de San Pedro una jornada mundial de oración y ayuno por la paz en Siria. La comunidad cristiana, formada por unas 850.000 personas, es una de las minorías que se está viendo más afectada por el conflicto en ese país. Sobre todo porque los grupos de Al Qaida que se integran en las fuerzas rebeldes están aprovechando la guerra civil para amedrentar y tratar de expulsar a los cristianos.

De ello daba cuenta hace unos días Mikel Ayestarán en ABC al relatar la entrada de tropas islamistas radicales en Malula, conocida como la “Lourdes” siria, y donde aún viven 5.000 personas, la mayoría de ellas de religión cristiana y que aún hablan arameo, la lengua que utilizaba Jesucristo. Los rebeldes ametrallaron  dos iglesias y recorrieron las calles instando a sus habitantes a convertirse al Islam si querían salvar su vida. Pocas horas después, las tropas de Bashar Al Assad recuperaron el control de la ciudad.

Los cristianos, que bajo el dominio de la minoría alauí en Siria, han gozado de bastante libertad de movimientos, ven con enorme preocupación el predominio que, en las fuerzas rebeldes, están tomando los fundamentalistas islámicos. La evolución que están viendo en otros países donde prendió la llamada “Primavera Árabe” y donde los islamistas se hicieron también con el poder, no hace más que aumentar su preocupación. La realidad es que en todos esos lugares, los cristianos han sido los grandes perdedores y los grandes olvidados de la comunidad internacional. Además, el precedente de Irak les confirma en sus temores. Con Sadam Hussein, no eran molestados. Tras la guerra, se calcula que unos 800.000 cristianos huyeron de Irak –muchos de ellos buscaron refugio en Siria- y algunas fuentes hablan de que 2.000 cristianos han muerto en ese país en los últimos años. Incluso, el primer ministro, Nuri Al Maliki, pedía hace unos meses a los cristianos que no abandonaran el país.

Ahora, Barack Obama, con el respaldo, si no militar, si político y, posiblemente logístico, en el caso de España, se dispone a poner en marcha una operación de castigo contra el régimen de Bashar Al Assad, en represalia por el uso de armas químicas. La comunidad internacional tiene sus razones para asestar ese golpe a la dictadura siria, siendo consciente, incluso, de que eso puede favorecer a Al Qaida.

La tardanza en reaccionar ante las atrocidades de Bashar Al Assad, fue un grave error, pero, además se está cometiendo otro de proporciones enormes, al no adoptar medidas para proteger a las comunidades cristianas. De manera especial, Europa, que hunde sus raíces en el cristianismo, mal que les pese a muchos,  debería tomar la iniciativa en este campo. Y no sólo para el caso sirio, sino para proteger a los cristianos en todos los países en los que se ven perseguidos, encarcelados y hasta condenados a muerte por profesar su religión, como es el caso de Asia Bibi, en Pakistán.

En el Ministerio español de Asuntos Exteriores hay desde hace tiempo un proyecto que debería haberse presentado en la Unión Europea de manera conjunta con Italia, para que se reconozcan los derechos religiosos de las minorías cristinas y no sólo los individuales. Es hora de que se reactive.

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