Se tranquilizan las aguas en Gibraltar

Publicado por el ago 4, 2012

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El acuerdo alcanzado el pasado viernes para que, a partir del 16 de agosto y hasta diciembre, los barcos pesqueros españoles puedan faenar como lo venían haciendo tradicionalmente en aguas próximas al Peñón es, indudablemente, una buena noticia. Unas 300 familias del Campo de Gibraltar han vivido cinco o seis meses de zozobra, ante el hostigamiento por parte de la Policía gibraltareña, desde que el ministro principal de la colonia, Fabian Picardo, suspendiera el acuerdo alcanzado en 1999 entre los pescadores y su antecesor, Peter Caruana.

 

Tal vez Picardo, que blande la bandera del socialismo, haya comprendido que no es precisamente un ejercicio de progresismo hacer pagar sus pretensiones nacionalistas a unos trabajadores del mar, en una zona especialmente castigada por el paro. Es más posible que el ministro principal, que tiene abiertas vías de comunicación para saber lo que piensa el Gobierno español, se haya dado cuenta de que una política de confrontación con España puede traerle, a la larga, más perjuicios que beneficios. Y no sólo porque las colas en la verja se alarguen a consecuencia de unos controles más estrictos. La amenaza, veladamente apuntada desde el Gobierno español, de prohibir nuevamente los sobrevuelos sobre territorio español de los aviones con salida o destino Gibraltar, causaría serios problemas a la colonia.

 

Seguramente, las autoridades de Madrid no quieren tampoco llegar a esa medida, que, lógicamente, tensaría las relaciones con Londres, pero no deja de ser una baza que se guardan, si los gobernantes de la colonia continúan su política maximalista.

 

Habrá que confiar en que, tras el informe de la comisión técnica sobre el asunto de la pesca y el impacto medioambiental en las aguas que rodean el Peñón, se logre un acuerdo definitivo para que los pescadores no tengan más problemas y se eviten los momentos de tensión en que se han visto involucradas embarcaciones policiales británicas y españolas.

 

A pesar del conflicto pesquero, el Gobierno español parece encontrarse contento de lo que han sido sus siete primeros meses de relación con Gibraltar. Desde aquel “Gibraltar español” de José Manuel García-Margallo lanzado a un antiguo colega europarlamentario del Reino Unido, se han producido algunos hechos que en el Ministerio de Exteriores valoran mucho: Han denunciado en la UE el nuevo régimen fiscal de Gibraltar; las lanchas de la Guardia Civil han dado cobertura a los pesqueros que se lanzaban a faenar cuando han sido acosados por la Policía gibraltareña; y han dado por muerto el Foro Trilateral de Diálogo, estableciendo que las cuestiones de soberanía sólo se tratan entre Madrid y Londres y que el Peñón con quien tiene que negociar cuestiones de cooperación es con las autoridades del Campo de Gibraltar.

 

La realidad es también que el Gobierno de David Cameron parece hoy por hoy cerrado a hablar de soberanía, escudándose en que el pueblo gibraltareño no lo acepta, y haciendo caso omiso de las resoluciones de Naciones Unidas y de la Declaración del Proceso de Bruselas de 1984. Y no parece que en Madrid haya una estrategia clara para que Londres cumpla esos acuerdos.

 

  

 

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