Mohamed VI y la velocidad

Publicado por el Apr 29, 2011

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Hay que comenzar por decir que ojalá muchos de los países árabes que hoy ven revolucionadas a sus sociedades en demanda de democracia, se encontrarán ya en la situación en que está Marruecos. El régimen alauí tiene muchos defectos aún y sus dirigentes lo admiten, pero es verdad que ha avanzado en el camino hacia la democracia en los últimos veinte años. El problema es que esa marcha no es todo lo rápida que debería ser o que, almenos, aquí se espera.

 

Conmocionado aún por el salvaje atentado de Marrakech, el cabeza de la amplia delegación de ministros económicos marroquíes que ha visitado estos días España, subraya que la acción criminal no va a  frenar la voluntad de Marruecos de seguir el proceso democratizador. Salaheddine Mezouar, responsable de Finanzas, un hombre muy preparado y a quien se le dan muchas posibilidades de ser en el futuro primer ministro del país, enfatizó que “la democracia no es incompatible con el mundo árabe y con los valores del Islam”.

 

Marruecos necesita solidaridad en estos momentos y el Gobierno español se la ha ofrecido. Y tal vez sea el momento para que la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, escenifique ese respaldo político haciendo el viaje que tiene pendiente a Rabat, frenado por los incidentes que comenzaron el pasado verano y continuaron después con el desmantelamiento de un campamento saharaui.

 

Pero las autoridades marroquíes y, especialmente el Rey Mohamed VI, debe ser consciente de que frente a los atentados de los radicales islamistas, la receta debe ser más democracia y mejora de las condiciones de vida de las clases populares. Hay a su alrededor una camarilla demasiado amplia interesada en mantener sus  privilegios.

 

Mohamed VI ha anunciado reformas ambiciosas y, posiblemente, eso ha frenado las demandas en las calles, pero el rey tiene que ser quien acelere la marcha. Los miembros de su Gobierno han asegurado estos días en Madrid que las reformas comenzaron en 1992 y que en Marruecos no hay ninguna ruptura, sino una transición. Lo que sucede es que una transición de casi veinte años debería haber dado ya unos resultados mucho mejores y tangibles para el pueblo del querido país vecino. Las reformas necesitan ponerse en marcha a mayor velocidad.

Los ministros han pedido inversiones a los empresarios españoles, pero estos no aceptarán la invitación sino cuentan con mayores garantías de seguridad jurídica.  Aunque seguimos siendo el segundo inversor en Marruecos y las relaciones comerciales marchan bien, en los últimos tres años, las inversiones españolas en el país magrebí pasaron de unos 580 millones de euros en 2008, a 58 en 2009 y a sólo 6, en 2010. Grandes empresas como Telefónica o el Banco de Santander han abandonado el país. Por el contrario, Francia, dispuesta siempre a aprovechar las ausencias y más si son españolas, ha aumentado sus inversiones. Algo, sin duda, debe ser corregido.

 

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