Las cumbres iberoamericanas, un instrumento válido 25 años después

Las cumbres iberoamericanas, un instrumento válido 25 años después

Publicado por el Sep 1, 2016

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Los días 18 y 19 de julio de 1991 se hacía realidad en la ciudad mexicana de Guadalajara una iniciativa que España y México impulsaron y a la que lograron atraer, no sin reticencias, a otros países: la primera Cumbre Iberoamericana, que reunía a los Estados de habla hispana y portuguesa a ambos lados del Atlántico.

 

Con la excepción cubana, América trataba entonces de dejar atrás una época de dictaduras y enfrentamientos civiles, mientras España y Portugal podían presentar ya unos resultados admirables tras transitar pacíficamente hacia la democracia. A partir de aquel momento, cada año (desde 2014 cada dos años) los jefes de Estado y de Gobierno de los países americanos, más España y Portugal y la posterior inclusión de Andorra, se han dado cita para abordar la situación de un espacio que tiene una gran cantidad de cosas en común, unos lazos históricos muy sólidos y un potencial de actuación todavía infrautilizado.

 

En estos 25 años, he tenido ocasión de seguir muy de cerca, como periodista, el desarrollo de la gran mayoría de esas cumbres y no ocultó que me hubiera gustado ver un número de resultados más concretos, que los que hoy se pueden apreciar. Hubiera sido deseable contar con más acuerdo prácticos como el Convenio multilateral de Seguridad Social, que permite sumar las cotizaciones hechas en diversos países iberoamericanos.

 

Sin embargo, lo cierto es que las cumbres han servido de catalizador para acelerar otros procesos de integración regional que no existían, como recordaba recientemente la secretaria general iberoamericana, Rebeca Grynspan, aludiendo a Celac, Unasur, el Alba o la Alianza del Pacífico. Ni siquiera se había puesto en marcha, entonces, la Cumbre de las Américas, de la que forma parte también Estados Unidos.

 

Los presidentes iberoamericanos volverán a verse los días 27 y 28 de octubre, de nuevo en Cartagena de Indias, que ya acogió en 1994 una cumbre. El tema de esta XXV edición será “Juventud, emprendimiento y educación”, una cuestión de relieve, como indican algunos datos, entre ellos, que dos terceras partes de los estudiantes universitarios en América Latina son la primera generación de su familia que llega a la universidad.

 

De todos modos, como sucede siempre la atención sobre ese tema se verá superada por acontecimientos de actualidad, como el acuerdo de paz en Colombia; la delicada situación que viven, por distintos motivos, Venezuela y Brasil; o la tímida apertura de Cuba.

 

Lo cierto es que, hoy por hoy, las cumbres iberoamericanas siguen siendo un elemento válido, del que nadie quiere prescindir, por más que algunos hayan tratado de ningunearlo enviado a representantes de menor nivel, como ha sucedió en bastantes ocasiones con Cuba y Venezuela. Aunque sólo fuera como foro para encuentros bilaterales de los distintos mandatarios, las Cumbres seguirían siendo de gran utilidad.

 

Y, en cualquier caso, desde la perspectiva española, el mantenimiento de las cumbres es una necesidad. No hay ninguna región en el mundo en el que España tenga tantos vínculos históricos, ni una zona en la que la apuesta económica de las empresas españolas haya sido tan grande. Tal vez se pueda culpar a los últimos gobiernos de este país de no haberse involucrado todo lo que hubiera sido necesario en el acompañamiento del progreso de América Latina, pero aún se está a tiempo de corregirlo y esa debe ser una de las tareas que se imponga el tan esperado nuevo Ejecutivo.

 

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