La pasión cubana

La pasión cubana

Publicado por el mar 8, 2015

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Cuba está de moda. Es algo indudable. La UE y Estados Unidos negocian con las autoridades castristas. Gobierno y guerrilla colombianos negocian la paz en La Habana. El presidente francés, François Hollande, ya ha anunciado que viajará a la isla el 11 de mayo, en la que será la primera visita de un jefe de Estado galo al país. Y aquí, en España, el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, irá del 13 al 16 de abril a Cuba, acompañado de una delegación de empresarios.

En realidad, nunca se ha dejado de mirar hacia Cuba. Al menos, en algunos países. En España, por razones históricas y sentimentales. En Estados Unido, porque siempre se ha considerado la isla como su patio trasero. Y en otros, como Canadá, porque han sabido aprovechar económicamente el enfrentamiento entre La Habana y Washington; por no hablar de la Venezuela chavista, último gran aliado del castrismo en su afán por expandir la causa bolivariana.

Ahora, mientras la Venezuela de Nicolás Maduro recibe críticas de todas partes, se ha suscitado una especie de pasión cubana. Todo el mundo quiere viajar a La Habana y, si es posible, reunirse con Raúl Castro, ya que Fidel hace mucho que dejó de estar para aquellos maratonianos encuentro de varias horas en alguno de sus Cayos favoritos.

En España, las primeras muestras de esa pasión cubana las comenzó a dar hace casi una década Miguel Ángel Moratinos, que durante su paso por el Ministerio de Asuntos Exteriores viajó cuatro veces a la isla y se convirtió en el principal valedor del régimen ante la Unión Europea. Después, Moratinos ha seguido viajando a Cuba, aunque ahora, con intereses económicos de por medio y arrastrando con él al ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, en una desafortunada actuación que entorpeció algunas gestiones del Ejecutivo para lograr la extradición de varios etarras que viven aún en Cuba.

Con el tiempo, el Gobierno de Mariano Rajoy, que tanto criticó en la oposición las gestiones de Moratinos para que se abrieran negociaciones entre Cuba y la UE  terminó por aceptar, e incluso promover entre sus colegas europeos, que era mejor buscar vías de diálogo, porque en Estados Unidos las cosas comenzaban a moverse y porque, al final, como pasa casi siempre en los asuntos que afectan a la política exterior comunitaria, cada Estado tira por su lado. Así, que el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, después de ver que algunos otros ministros europeos ya habían viajado a Cuba para situar a su país ante posibles cambios, tiró por la calle del medio y se presentó en La Habana muy oportunamente, sólo dos o tres semanas antes de que cubanos y estadounidenses comenzaran el deshielo de sus relaciones.

Es verdad que a García-Margallo le faltó la guinda del encuentro con Raúl Castro, molesto seguramente por su conferencia sobre la Transición española en La Habana o por sus comentarios en el sentido de que llevaba algún mensaje de Washington, pero, después de todo, al jefe de la diplomacia española el plantón le vino bien para consumo interno en España. Por otra parte, el ministro no deja de lanzar mensajes hacia los cubanos, mientras estos negocian con la Unión Europea y con Estados Unidos.

Aunque los objetivos de las negociaciones son distintos, en el fondo subyace el deseo de que el régimen castrista emprenda el camino de las reformas no sólo en el terreno económico sino también en el político. Por eso, García-Margallo afirmó hace unos días, desde Letonia, que Bruselas y Washington tienen que cooperar para “restablecer la estabilidad política” en la isla, aclarando que esa expresión debe entenderse “en los términos” que recogen los Acuerdos de Asociación y Cooperación y Diálogo Político de la Unión Europea y terceros países “que incluyen una cláusula democrática, es decir, el respeto de los Derechos Humanos, el derecho de los representados a elegir a sus representantes”.

En esta loca carrera por posicionarse mejor que los demás ante los posibles cambios en la isla, sería bueno que los gobernantes que se han lanzado a vivir con pasión la aventura cubana no olvidaran a quienes llevan mucho tiempo luchando por lograr mayores espacios de libertad a su país, especialmente los que viven en su interior y siguen sufriendo detenciones arbitrarias por parte de la Policía castrista.

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