Gibraltar: Treinta años con la verja abierta

Publicado por el dic 13, 2012

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El 14 de diciembre de 1982, poco después de llegar al poder, Felipe González decidió reabrir la verja de Gibraltar, que había sido cerrada por Franco el 8 de junio de 1969. En realidad, la verja fue un invento británico de 1909 con el que consagraron la ocupación ilegal de parte del Istmo que une el Peñón con la Línea de la Concepción. Pero, en fin, lo cierto es que, como consecuencia de los acuerdos de Bruselas entre Madrid y Londres, los llanitos y también la población linense obtuvieron  un gran alivio, después de más de trece años de incomunicación, que perjudicaron a mucha gente.

 

 

 

Se cumplen ahora, por tanto, 30 años de la reapertura peatonal del paso, que el 5 de febrero de 1983, se amplió también a vehículos y mercancías. Sin embargo, el pequeño territorio colonial británico sigue siendo una fuente de problemas para España y continuo motivo de informaciones en los medios de comunicación.

 

 

 

Las relaciones nunca han sido fáciles, pero a lo largo del último año, la tensión ha crecido y a ello no es ajena una actitud del ministro principal gibraltareño, Fabian Picardo, que lejos de buscar el entendimiento ha optado por políticas de confrontación. El conflicto pesquero, con la disputa de la soberanía de las aguas que rodean el Peñón de fondo, no ha hecho más que perjudicar a los pescadores andaluces de la Bahía de Algeciras, pero también a los llanitos cuando, de vez en cuando, se endurecen los controles aduaneros en la verja y se producen grandes colas de vehículos.

 

 

 

Picardo, con una política que no conduce a ninguna parte, no parece dispuesto a parar en su escalada y no sólo reivindica las tres millas alrededor del Peñón, sino que insta al Reino Unido a que reclame incluso 12 millas de aguas territoriales.

 

 

 

El ministro principal gibraltareño sigue sintiéndose bien respaldado por Londres, a pesar de que el Gobierno de David Cameron ha terminado por aceptar un encuentro bilateral con España, celebrado el lunes pasado, sin presencia de Gibraltar, para hablar de la gestión medioambiental de las aguas de la bahía. Una bahía, por cierto, que buscadores como Google o Bing, e incluso la Encilopedia Británica han pasado, en sus mapas, de denominar Bahía de Gibraltar a nombrarla como Bahía de Algeciras.

 

 

 

Es lógico que los gibraltareños quieran estar en unas conversaciones sobre un asunto que les afecta, pero eso pueden hacerlo formando parte de la delegación británica, del mismo modo que representantes de la Junta de Andalucía, con competencias sobre medio ambiente, pueden ir en la delegación española. Unos y otros deben tener interés en preservar la ecología de la zona. Pero las autoridades de Gibraltar no deben perder de vista que, más allá de declaraciones formales que les halaguen los oidos, que al Reino Unido, puede empezar a interesarle más una mejor relación con España, socio europeo y aliado, que seguir la política de Picardo que la provoca más problemas que buenas noticias. Y eso, por más que el bien engrasado lobby gibraltareño en el Parlamento británico, siga mostrándose muy activo contra la pérfida España y calificando hasta de “acto de guerra”, la entrada de barcos españoles en las famosas aguas en disputa, consideradas por Londres como británicas y por Madrid como españolas.

 

 

 

 

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