El proceso de Carromero

Publicado por el Jul 31, 2012

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El dirigente de las Nuevas Generaciones del PP Ángel Carromero no va a olvidar este mes de julio, ni tampoco el tiempo que aún le queda por pasar en Cuba, tras ser acusado de homicidio involuntario por la muerte de los disidentes Oswaldo Payá y Harold Cepero. Sin duda, lo que más le dolerá es precisamente la pérdida de la vida de dos seres humanos, el primero de ellos, la figura más señera de la disidencia anticastrista en el interior de la isla. Pero, además, esta viviendo en sus carnes lo que pueden vivir muchos cubanos, sometidos desde hace más de medio siglo a la dictadura castrista.

 

 

Recomiendo vivamente el artículo de  mi compañero Alberto Sotillo, en la edición impresa de ABC del 1 de agosto. Sotillo, que vivió como corresponsal en Moscú los últimos años de la Unión Soviética refleja espléndidamente cómo eran los procesos en el régimen estalinista. Puede que en Cuba las condiciones no sean tan duras, pero los mecanismos son muy similares. El régimen no va a perder la ocasión de dejar pasar este trágico accidente para intentar dar un escarmiento a quienes se esfuerzan por ayudar a los opositores. En Granma ya han dejado claro que conocían todos los pasos que daban Carromero y su colega sueco. No resulta difícil aventurar que hubiera algún seguimiento cercano del viaje de La Habana a Santiago de Cuba en que se produjo el accidente.

 

 

El castrismo va a sacar todo el rendimiento posible a un accidente que ha dejado a la disidencia sin un líder respetado y abnegado como era Payá. No le basta con eso. Quiere también colocar al Gobierno español en una posición difícil, al menos por algún tiempo: el que lleve la celebración del juicio a Carromero y una posible sentencia condenatoria, en un proceso que se ha abierto con una confesión, indudablemente provocada, al más puro estilo estalinista.

 

 

El Ministerio de Asuntos Exteriores extrema la prudencia, buscando ante todo que Carromero pueda estar de vuelta a España en el menor tiempo posible, pero todo apunta a que no será fácil. Habrá que esperar al juicio oral y a conocer la sentencia, algo que, en ele mejor de los casos, tardará como mínimo un mes, en el que los esfuerzos de las autoridades españolas estarán centrados en que pueda estar en libertad. Después, en el caso de una sentencia condenatoria, cabría acogerse al acuerdo de cumplimiento de penas en el país de origen, que España y Cuba tiene suscritos. O incluso, cabría la expulsión, si así lo decidiera graciosamente el poder político cubano, al que están sometidos en ese país el resto de los poderes.

 

 

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