El Despacho Oval no es gratis

Publicado por el oct 12, 2009

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Cuando uno entra como periodista en el Despacho Oval de la Casa Blanca, tras haber pasado un estricto control, va con la idea de fijarse en el mayor número de cosas posibles del lugar donde se supone trabaja el presidente de Estados Unidos. Luego, la verdad es que no hay tiempo para mucho, porque los servicios de prensa y seguridad te llevan a toda velocidad por los carriles previstos. Además, hay que procurar situarse en un buen lugar para ver lo mejor posible al huésped y al invitado, escuchar  lo que dicen y si es posible formular una de las escasas preguntas rápidas que dejan hacer en ese momento. He tenido la suerte de entrar allí varias veces, primero con Felipe González  y luego con José María Aznar. Siento no haber podido esta vez viajar para la visita de José Luis Rodríguez Zapatero, aunque, por lo visto, el dialogante Obama o sus asesores, son mucho más estrictos en materia de seguridad y han restringido bastante el acceso de los periodistas no sólo al Despacho Oval, sino también a la Casa Blanca. Así que no todos los periodistas que han viajado a Washington habrán podido acercarse al Nobel de la Paz en ese momento tan esperado por Zapatero.
Bueno, pues si uno consigue entrar en el famoso despacho, tal vez pueda darse cuenta de que la mesa de trabajo está prácticamente vacía, hecho que hace pensar que, o bien se limpia de papeles cuando va a haber visita –sobre todo si hay periodistas- o bien no es allí donde se toman las grandes decisiones.
Aunque uno, con un ojo, intente echar un vistazo a lo que hay allí, con el otro, tiene que fijarse en cómo los dos mandatarios se colocan en unos sillones y sus delegaciones en unos sofás cercanos. Mientras los cámaras tomas sus imágenes, el presidente estadounidense suele dar la bienvenida a su invitado, de quien dice alguna frase elogiosa, que casi siempre suele incluir algo así como destacar su liderazgo en alguna actividad concreta o zona del mundo. Unas sonrisas, un momento para la traducción, unas palabras del invitado, que en este caso será Zapatero, con probable felicitación por el Nobel pacificador, y tal vez un par de preguntas y respuestas breves. Y luego, todos a la calle, mientras comienza a hablarse en serio, ya sin prensa delante.
Será entonces, cuando Obama comience a desvelar a Zapatero su lista de peticiones políticas y, sobre todo, militares. Algo tiene el Despacho Oval, que a todos les hace dar el sí. Cuando Felipe González fue a ver a Reagan volvió decidido a hacer un referéndum para que nos quedáramos en la OTAN; y ya sabemos la fidelidad con que Aznar secundó la política de Bush. Después de cinco años y medio, la foto tan buscada no le saldrá gratis a Zapatero.

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