De apestados a bendecidos

Publicado por el Oct 27, 2009

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Que  los gobiernos utilizan distintas varas de medir en sus relaciones con otros países es algo sobradamente conocido. Quien hoy es considerado un peligro, mañana puede convertirse en un fiel aliado. Y siempre habrá argumentos para justificar el cambio de actitud. Así, por ejemplo, el líder libio Muammar el Gadafi, incluido durante mucho tiempo por Estados Unidos en el eje del mal, por sus relaciones con distintas actividades terroristas, se convirtió de pronto en un personaje cortejado, por motivos estratégicos, por el propio George Bush cuando emprendió su lucha contra Al Qaida, trasel 11-S. Y cuando se perpetró la masacre de Tienanmen hace veinte años, las condenas que se lanzaron al régimen chino terminaron diluyéndose poco tiempo después porque las relaciones económicas con el gran país asiático pesaron mucho más.Moratinos, con Abdelaziz, durante su visita a Mauritania
Ahora, el repudio generalizado se lo lleva Roberto Micheletti por haber desalojado de la Presidencia de Honduras a Manuel Zelaya. Micheletti es el apestado, aunque Zelaya llevara una deriva nada tranquilizadora para la democracia hondureña. La promesa de celebrar elecciones el próximo 29 de noviembre no es suficiente.
Sin embargo, la actitud en otro caso similar, el registrado en Mauritania, ha sido muy diferente, alegando que ni la historia ni la situación es la misma en un país iberoamericano que en un país árabe, en el que la sociedad no está aún suficientemente vertebrada y donde el peso del Ejército sigue siendo aún muy fuerte.
En agosto del pasado año, el general Mohamed Uld Abdelaziz, dio un golpe de Estado en Mauritania, derrocando a.Sidi Mohamed Uld Cheij  -primer presidente elegido democráticamente desde que el país se independizó de Francia en 1960- quien pretendía, al parecer, destituir a la cúpula militar, en contra de la opinión del Parlamento. La condena fue generalizada. Ahora, sin embargo, a Abdelaziz se le abren las puertas de Europa, primero en Francia y mañana, en España, donde Zapatero se apresta a recibirle en el Palacio de la Moncloa, después de que Moratinos acudiera, presuroso, a Mauritania hace unas semanas.
¿Qué ha ocurrido para que se produzca ese cambio? Sencillamente que los países con mayores vinculaciones con Mauritania, es decir Francia y España, apuestan por la estabilidad en esa zona del Magreb, donde tienen intereses variados.
En el caso español, obviamente, hay mucho más intereses en Mauritania que en Honduras. Aquí puede haber algunos de tipo económico, pero en el país magrebí esos intereses son de mayor envergadura: el control de la inmigración ilegal que sale en cayucos de las costas mauritanas, la lucha contra el terrorismo islamista y el importante número de pesqueros españoles que faenan en aguas mauritanas gracias al acuerdo pesquero entre la UE y Nuakchot.
Francia y España han trabajado para intentar restaurar la normalidad institucional. Abdelaziz, tras cuyo golpe no hubo víctimas, se ha prestado a celebrar unos comicios con garantías, aunque presentándose él como candidato. Naturalmente, ha resultado elegido y, como la comunidad internacional considera que las elecciones fueron limpias, ahora se le da la bendición. Se olvida el golpe y se impone el pragmatismo.

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