Cerrar centros del Cervantes, una difícil tarea

Publicado por el Oct 26, 2012

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La necesidad de ajustar los presupuestos a los tiempos de crisis que vive el país ha obligado a los responsables del Instituto Cervantes a plantearse el cierre de algunos de los cerca de 80 centros que hay repartidos por todo el mundo. El director del Cervantes, Víctor García de la Concha, ya expuso sus intenciones en una comparecencia ante el Congreso de los Diputados el pasado 8 de octubre, pero no resulta tan fácil llevarlo a cabo por las presiones que de inmediato surgen en los países afectados.

 

 

 

Así, en las primeras exploraciones se planteó la posibilidad de echar el cierre a los institutos de Damasco (Siria), Sofía (Bulgaria), Recife y Curitiba (Brasil), citados por De la Concha, y además a los de Estocolmo (Suecia) y Nicosia (Chipre). Sin embargo, ahora el plan de cierre parece que afectará únicamente a Damasco (en la imagen), dada la situación de guerra civil que vive Siria, por lo que, de hecho ya no tiene actividad desde el pasado mes de abril; y a Curitiba, ya que en Brasil, además de ese centro y el de Recife, hay otros siete. El embajador de Brasil en España pidió a las autoridades españolas que no se cerraran los dos centros.

 

 

 

No se cerrará tampoco el Cervantes de Sofía -y al cambio de decisión no han sido ajenas las gestiones de Simeón de Bulgaria-, aunque sí cambiará posiblemente de sede a un espacio más reducido. También se mantendrá el centro de Estocolmo, porque es el único existente en los países nórdicos; y el de Nicosia, porque sólo tiene una persona en plantilla.

 

 

 

Sin embargo, se estudia compensar los recortes vendiendo algunas sedes, como las de Tel Aviv, Sao Paulo y Bruselas, trasladando los centros a otras dependencias menos amplias, una medida que tiene también sus problemas por cuestiones de representatividad.

 

 

 

En cualquier caso, los dirigentes del Cervantes ven necesario llevar a cabo algunos cambios, porque se han encontrado con algunos casos que suponen un coste excesivo para las arcas del estado. Así, por ejemplo, por el centro de Nueva Delhi se paga un millón de euros al año en concepto de alquiler; y por el de Tokio, dos millones, por lo que se está intentando renegociar los contratos.

 

 

 

En otros casos, pese a disponer de una sede, el Cervantes no puede desarrollar todas sus actividades, como sucede en Sanghai, con un alquiler anual de 800.000 euros y donde no cuenta con autorización del Gobierno chino para impartir clases de español, por lo que solo puede funcionar como una Biblioteca y acoger alguna conferencia. Esta circunstancia hace que el centro no pueda tener ingresos, ya que buena parte de la autofinanciación de los Cervantes viene por las clases de español. Así, el instituto de Moscú, que es uno de los que mejor marcha, tiene un 78 por ciento de autofinanciación.

 

 

 

Pese a todo, no se renuncia a utilizar parte de lo que se ahorre en la posible apertura de nuevos centros en zonas donde se considera necesario. Es el caso de Estados Unidos, donde cada vez se utiliza más el español. En ese país, el Gobierno querría contar con un centro en Miami y otro en Washington, además de con un Observatorio de la evolución del español en Estados Unidos, en colaboración con alguna universidad norteamericana.

 

 

 

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