Bernardino y Moratinos. Dos hombres, dos destinos

Publicado por el jun 24, 2011

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Miguel Ángel Moratinos y Bernardino León han compartido muchas horas de trabajo juntos. Primero, cuando Moratinos era enviado especial de la UE para Oriente Próximo y después, en el Ministerio de Asuntos Exteriores, hasta que León pasó a Moncloa para intentar que José Luis Rodríguez Zapatero se interesara un poco más por la política exterior.

 

Ahora, cuando el mandato de los socialistas en España parece tocar a su fin, uno y otro buscan acomodo en instancias o misiones internacionales. Y hay que reconocerle al presidente del Gobierno que ha echado la casa por la ventana para agradecer a ambos los servicios prestados. No ha habido restricciones para la campaña de Moratinos a dirigir la FAO y ha cogido al vuelo la oportunidad que ha ofrecido la primavera árabe para presentar a Bernardino León como candidato a un puesto que todavía no se ha creado: el de enviado especial de la UE para el Mediterráneo Sur.

 

Aunque el arranque del secretario general de la Presidencia del Gobierno ha sido más tardío que el del ex ministro, su futuro está hoy por hoy más claro. Todo apunta a que los Veintisiete, sin mucho entusiasmo y con algunas reticencias hacia Catherine Ashton por la manera en que la Alta Representante para la Política Exterior y de Seguridad de la UE, ha propuesto la creación del puesto, terminarán por darle luz verde. Y como Ashton se siente en deuda con España por no habernos tratado especialmente bien a la hora de componer el núcleo duro de su equipo, apoyará a León para el puesto, ya que, además, hasta ahora es el único candidato.

 

Bernardino León, el "chico de oro", como le llamaban los cables de la Embajada de EE. UU. en Madrid, se puede convertir en un par de semanas en el enviado especial para informar de lo que está pasando en el  Norte de África y en otros países árabes. Conoce la zona y sabe moverse bien, aunque seguramente no podrá ser tan autónomo como hasta ahora, porque previsiblemente países como Reino Unido, Francia o Italia intentarán colocarle gente en su equipo. Pero, en fin, el puesto si se aclara su mandato y contenido, puede resultar interesante y es bueno que sea un español quien lo ocupe.

 

Mientras, Moratinos se encuentra en capilla, a la espera de la votación para elegir nuevo director general de la FAO. Varios meses de campaña en los que ha recorrido más de ochenta países en busca de votos. A su disposición ha tenido un equipo de seis o siete personas, un despacho en el Ministerio de Exteriores, las embajadas y un avión Falcon de la Fuerza Aérea Española cuando ha tenido que recorrer zonas en las que los traslados son difíciles, por no decir imposible.

 

En su entorno se justifica el despliegue, porque hace muchos años que no tiene España un puesto de ese nivel en la ONU y porque es la única forma de conseguir asegurar los votos frente a su principal rival, el candidato brasileño José Graziano, que también se ha movido mucho por el mundo, y con gran apoyo de su gobierno.

El domingo será la votación en Roma y se sabrá si las promesas se cumplen o no, y también si Moratinos ha conseguido una colocación para los próximos cuatro u ocho años, o tiene que volver a su escaño en el Congreso.

 

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