Ante el juicio de Carromero

Publicado por el sep 18, 2012

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El régimen castrista ha elegido cuidadosamente la fecha para juzgar a Ángel Carromero por la muerte de Oswaldo Payá y Harold Cepero. Será el 5 de octubre, según se ha sabido por la prensa oficial cubana, que es como suelen conocerse las noticias en ese país. El dirigente de Nuevas Generaciones del PP en Madrid, conducía, como es conocido, el coche en el que iban los dos disidentes anticastristas cuando chocó contra un árbol cerca de Bayamo el pasado 22 de julio. Por eso, el fiscal pide siete años de prisión para Carromero, acusado de homicidio imprudente.

 

No hay nada de anormal en el hecho de que se produzca un juicio por ese accidente. En cualquier otro país habría sucedido lo mismo. Lo que es difícilmente aceptable es que desde que tuvo lugar el accidente Carromero haya permanecido en prisión desde hace dos meses, entre otras razones porque la familia de los fallecidos no ha presentado ningún cargo contra él. El régimen de los Castro no accedió a las demandas de las autoridades españolas para que el acusado pudiera quedar en libertad hasta el momento del juicio, aunque con la prohibición de abandonar el país.

 

No contentas con la desaparición de Payá, uno de los disidentes del interior de la isla con mayor prestigio, las autoridades cubanas han querido sacar el máximo provecho al caso. Después de haber ofrecido por televisión la “confesión” de Carromero en una puesta en escena que recordaba esos vídeos en que los secuestradores presentan a sus secuestrados, le han mantenido en prisión para lanzar un mensaje de lo que puede sucederles a quienes pretendan apoyar a los “contrarrevolucionarios” de la disidencia.

 

Y aunque inicialmente parecía que el proceso podía ser rápido, han dejado pasar los días hasta plantarse en una fecha que se sitúa a solo una semana de la Fiesta Nacional de España, el 12 de octubre, por si al Gobierno español se le hubiera ocurrido la idea de invitar de nuevo a los disidentes a la recepción en la Embajada. No parece que vaya a ser así, porque la crisis económica obliga a hacer serias restricciones en las invitaciones para participar en la fiesta, con lo que no será este un punto de fricción entre Madrid y la Habana.

 

Por otra parte, una vez fijada la fecha del juicio, el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, no tendrá que sufrir el apremio que, en caso contrario, hubiera tenido por parte de su colega español, José Manuel García-Margallo, con quien se reunirá la próxima semana en Nueva York, durante la Asamblea General de Naciones Unidas. No obstante, es obvio que el asunto estará presente en ese encuentro porque el Ejecutivo español y, singularmente su ministro de Exteriores, quieren alcanzar pronto el objetivo de que Carromero vuelva a Madrid: absuelto o condenado a pocos años de forma que pudiera ser expulsado del país o cumplir la pena en España.

 

No se debe olvidar que esa solución podría llegar en vísperas de la Cumbre Iberoamericana de Cádiz, prevista para mediados de noviembre. Al Gobierno español no le interesaría que el asunto no estuviera resuelto para entonces, porque provocaría distorsiones en la reunión y al cubano, aunque su presidente, Raúl Castro, no acuda a la cita, tampoco le agradaría convertirse en centro de atención por este caso.

 

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