El diálogo ha muerto

El diálogo ha muerto

Publicado por el Sep21, 2017

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Como un capricho, pero no de Francisco Goya, la realidad catalana se parece cada vez más a uno de sus grabados: «El sueño de la razón produce monstruos». Hemos engendrado uno gigantesco. Imposible de parar sólo invocando diálogo cuando se impone los gritos. El diálogo ha muerto. Nunca fue tan de sordos. Tan decepcionante.

Desde el desaparecido en combate de Pedro Sánchez, que ha estado en Moncloa pero no ha dicho esta boca es mía, sacando únicamente pecho por la Comisión para revisar el modelo territorial del Estado. Salió adelante con el soporte del Partido Popular. El mismo día que el PSOE votó en contra de apoyar al Gobierno frente al 1-O. No se entiende ni su tactismo ni su silencio.

Quién sí ha dado la cara es Miquel Iceta. Pidiendo también la apertura de un diálogo de todos, después de que la Generalitat renuncie al referéndum unilateral: «El diálogo político es la única vía que puede permitir salir de este callejón sin salida». La postura del PSC es clave en Cataluña. No hay que olvidar que son sus alcaldes y concejales quienes están sufriendo amenazas y acosos por defender la legalidad. Como me decía Cristina Narbona: «Esa actitud valiente es la mejor declaración práctica».

Otro que anuncia diálogo es Pablo Iglesias. A su manera. «Creo que no es sensato que en un país democrático haya presos políticos. Y creo que cargos públicos del conjunto del Estado debemos dar una respuesta llamando al diálogo». Aprovechando para atizar al Gobierno. En ningún momento ha denunciado el asalto a la ley de Carles Puigdemont. El único asalto que le interesa es a los cielos. Su único objetivo es echar al PP. Y su línea de actuación, las barricadas. «La calle es mía», como decía Ramón Tamames que le contó Manuel Fraga.

Quiénes siguen en sus posturas sin moverse un ápice son los protagonistas del choque de trenes. Mariano Rajoy invocando a la ley por encima de todas las cosas y Puigdemont mostrando a la Generalitat como víctima de un Estado totalitario. Sus palabras son en clave europea: «El Gobierno ha pasado la línea roja y se ha convertido en una vergüenza democrática… Lo que está viviendo Cataluña no lo vive ningún estado de la Unión Europea». Intenta presentar al pueblo catalán como si estuviera oprimido, una de las situaciones que reconocería el derecho a la autodeterminación. Sabe que el referéndum del 1-O es ilegal y está condenado al fracaso.

Vivimos en la crónica de una ruptura anunciada. Una fractura difícil de gestionar si no se hace política de verdad. Dejando a un lado los dos relatos enfrentados imposibles de conectar. Si eres facha o independentista, si ha triunfado la represión contra la democracia, si vivimos en una dictadura. Ni estamos en un estado de excepción ni hay presos políticos. No hay un derecho a decidir la independencia unilateralmente. Ni aquí ni en Pekín. Pero tampoco se puede dar la espalda al estado de ánimo que recorre las principales arterias de Cataluña. La movilización ciudadana pide votar y le da igual quién tenga la razón. Esa razón que ha provocado monstruos.

¿Resucitamos de una vez el diálogo?

 

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Ante todo, periodista. Desde 1993 he trabajado en los más diversos medios. Empecé en El Diario de Cádiz, he sido jefa de comunicación, reportera de investigación, productora ejecutiva de Las Mañanas de Cuatro en la etapa de Concha García Campoy, directora de programas de actualidad y coautora de dos libros en Ediciones Deusto: #Podemos. Deconstruyendo a Pablo Iglesias y #Ciudadanos. Deconstruyendo a Albert Rivera. Escribo la sección de entrevistas políticas «Conversaciones con causa» en ABC. Y siempre ando «descargando» todo tipo de temas… Más sobre «Loading...»

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