CONTINENTE SALVAJE

Publicado por el mar 25, 2013

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Continente salvaje (Círculo de Lectores-Galaxia Gutemberg) es un libro incómodo para lectores de piñón fijo. Su autor, el historiador inglés Keith Lowe, es una autoridad en la II Guerra Mundial. Un investigador de hechos poco trillados sobre la contienda más sanguinaria que ha conocido el mundo y despeñó a Europa en el abismo.

En Continente salvaje, Lowe expone el caos que imperó, recién terminada la guerra, en esa Europa destruida económica y moralmente por la hecatombe. Es un libro que remueve espectros del pasado, poco recomendable para los contemplativos de la historia como un juego infantil de buenos y malos. Las víctimas, todas juntas a un lado, y los verdugos, al otro.

Keith Lowe revela verdades molestas. Verdades que se resumen en que los crímenes de guerra en Europa, sobre todo en Europa del Este, no acabaron con el fin del nazismo. Hubo represalias indiscriminadas contra las poblaciones civiles. No contra los exterminadores nazis y sus sicarios, algo justiciero y comprensible, sino, en muchos casos, contra los más débiles: mujeres, niños y ancianos que solo  intervinieron en la contienda como blanco de los bombardeos aéreos y los cañonazos. No hubo borrón y cuenta nueva, dice Lowe. En el periodo inmediatamente posterior al fin de la guerra, “oleadas de venganza y castigo inundaros todos los ámbitos de la vida europea.” Millones de mujeres alemanas, húngaras o austriacas fueron violadas, hubo limpieza étnica, deportaciones, saqueo, mano de obra esclava y asesinatos. Sí, por supuesto- admite el historiador británico-, cierto es que los nazis lo hicieron antes, que fueron peores, pero …

El aluvión de datos recogido en Continente salvaje describe una Europa agonizante, podrida y sin alma, que pocos quieren ya rememorar, quizá con razón. Junto a sus grandes logros y su cultura omnipresente, Europa es también un pozo negro de metralla oxidada. Un palenque bajo el que yacen rencores de ancestrales matanzas y pesadillas recurrentes. Un campo de minas de odios y revancha. Un volcán dormido que regurgita lava cuando menos se espera. ¿ Habrá que recordar las masacres recientes en la extinta Yugoslavia? Si algún día quiere ser algo más que un concepto geográfico y monetario, Europa deberá perdonar y correr un tupido velo. Las víctimas tienen perfecto derecho a exigir que los crímenes no se olviden, pero Europa es un viacrucis de víctimas desde la noche de los tiempos. ¿ Cómo olvidar y al mismo tiempo construir sin odio? ¿Cómo guardar memoria de lo malo y seguir unidos? Un gran desafío pendiente para esa Europa que pudo ser y todavía no es. Asfixiada por sus propias contradicciones.

Fernando Martínez Laínez

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