Homenaje a la ORCAM II: José Ramón Encinar

Publicado por el Dec 27, 2012

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            En un artículo anterior quise homenajear a la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid en la figura de su fundador, Miguel Groba: http://www.abc.es/blogs/libros/homenaje-a-la-orcam-miguel-groba/  Quisiera continuar dicho homenaje con el director actual de la ORCAM, José Ramón Encinar.

            José Ramón Encinar nació en Madrid el 1 de marzo de 1954. Comenzó sus estudios de música y guitarra a los seis años. En 1966 se matricula en el Real Conservatorio de Madrid, donde conocerá a su gran maestro Federico Sopeña, considerado por Encinar su «principal mentor, ayuda fundamental en los años de Conservatorio y en los primeros en los que lo estudiantil y lo profesional corrían parejos». En 1969 obtuvo una beca de la Fundación Castellblanch para recibir en Santiago de Compostela clases de José Tomás (guitarra) y Genoveva Gálvez (música antigua). Otra beca del año siguiente le permitir asistir en Granada a las clases de análisis musical de Gerardo Gombau y de composición de Cristóbal Halffter.

            Entre 1971 y 1972 estudió composición con Franco Donatoni en Siena y Milán, donde se relaciona con la editorial Suvini Zerboni que publicará gran parte de su producción. De nuevo en España, en 1973 se convierte en director del Grupo Koan y recibe una beca de la Fundación JuanMarch con el objeto de componer una obra para orquesta, hoy descatalogada. Entre 1976 y 1983 será profesor adjunto de Donatoni en los cursos de verano de la Accademia Chigiana de Siena.

            Su primera obra importante es Cum plenus forem enthousiasmo (1973), para vihuela o guitarra y conjunto de diez instrumentos, que representó a Radio Nacional de España en la Tribuna de Compositores de la Unesco. No obstante, ya llevaba al menos un par de años ofreciendo piezas de interés, como el Quinteto nº 1 (Quinteto para el comienzo del mundo) (1970) para cuarteto con piano –hoy fuera de catálogo-, su Homenaje a Cortázar (1971), para voz y conjunto, o el Quinteto nº 2 (1971), sólo para conjunto. Con la posible excepción de Intolerancia, el año 1972 se caracteriza en la producción de Encinar por lo que Tomás Marco denomina «un cierto perfume oriental»; es el caso de Yantra (1972), para trombón y violoncello, Abbava (1972), para guitarra y cinta magnética, o Samadhi (1972), para conjunto de cámara.

            El segundo de sus hitos quizá sea Por gracia y galanía (1976), pieza coral de gran éxito en su tiempo que atrajo la atención de un público ya entusiasmado por la guitarra de El aire de saber cerrar los ojos (1975), la voz soprano y el piano de L’invito, opus 10 (1975) o el homenaje a Joan Guinjoan de Música per a un amic (1976). Además es finalista del III Concurso de Composición Arpa de Oro con Quinteto nº 3 (1976). La sucesión de creaciones sutiles y delicadas continúa con la revisión de los componentes de L’invito en Ballade (1978), también para soprano pero con arpa en lugar del piano y la base de unos textos de Carlos de Orleáns, pero acaso la gran obra de este momento sea el Quarteto nº 1, La folía (1978).

            En una fecha tan temprana como 1981, ya escribía Tomás Marco que Encinar estaba «llamado a ser con el tiempo uno de los directores españoles de más amplia carrera», dado que «muy precoz, Encinar ha simultaneado la composición con la dirección de orquesta, terreno en el que ha desarrollado una impresionante labor en pro de la música contemporánea, singularmente con el Grupo Koan, pero también con otras formaciones y en una creciente carrera internacional al frente de diversas orquestas y con el más variado repertorio». Pero el interés de Marco iba más allá: «Es además una persona culta, preocupada por los problemas intelectuales y sociales de su tiempo, y ello tiene, a no dudar, un reflejo en una obra compositiva que surge continua pero lentamente, sin prisas, alcanzando cada vez mayores cotas de perfección. Encinar no compone pensando en lo espectacular y su música es un universo sutil y complejo en el que es menester penetrar con la inteligencia y la sensibilidad».

            A partir de textos de Luis Cernuda compone la Canción (1981), para coro femenino y conjunto, que obtiene el Premio de Composición en el Concurso de Polifonía Juvenil del Instituto de la Juventud. También gana el VII Concurso Arpa de Oro con Opus 22 (1981) para piano y conjunto instrumental. En 1983, Opus 23 es seleccionada por la Tribuna de Compositores de la Unesco y, por encargo de Patrinonio Nacional, compone Cadencia a tres para ser interpretada por el conjunto de Stradivarius –violín, viola y violonchelo- del Palacio Real de Madrid.

            Mientras tanto progresa su trabajo como director tras su debut al frente de la Orquesta Ciudad de Valencia en 1979: participa ese mismo año en el ciclo Conozcamos los Nombres de la Unión Europea de Radiodifusión con obras de Hans Peter Jorgensen, Tchaikovski y Béla Bártok, y dirige en 1981 la primera audición en el siglo XX del Concierto para violín y orquesta, de Fernando Sor, con Montserrat Cervera y la Orquesta de Cámara Santa Cecilia de Roma, en lo que fue un proyecto organizado por Federico Sopeña en el periodo en que dirigió la Academia de España en Roma. Además, durante las temporadas 1982-1983 y 1983-1984 es director artístico y musical de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria y tiene la oportunidad de dirigir el estreno mundial de Sestina D’autunno, de Goffredo Petrassi.

            Son varios los estrenos absolutos que se sucederán a partir de entonces, especialmente óperas: de Luis de Pablo, Kiu (1983) –también la nueva producción de 1993-, El viajero indiscreto (1990), La madre invita a comer (1994) y La señorita Cristina (2001); Francesca o El infierno de los enamorados (1989) de Alfredo Aracil, El bosque de Diana (1990) de José García Román, Luz de oscura llama (1991) de Eduardo Pérez Maseda y El secreto enamorado (1993) de Manuel Balboa; aunque también ballet: La Celestina (1998) de Carmelo Bernaola. Además dirige en 1985 la primera representación en España durante el siglo XX de La Clementina, de Luigi Boccherini, sobre texto de Ramón de la Cruz, así como el estreno en Europa de La zapatera prodigiosa de Juan José Castro en 1986.

            Sobre un libreto propio compone la ópera Fígaro (1986-87), que él mismo dirige musicalmente –Simón Suárez lo hace en la vertiente escénica- en su estreno de 1989. Para Marco, «se trata de una obra importantísima en la operística española, porque es la primera que propone formulaciones diferentes a las de De Pablo o Soler. Fígaro tiene una trama compleja que no es fácil de seguir, pero, a pesar de que su estructura vocal es novedosa y atractiva, lo que más llama la atención es la manera en que las voces se entreveran con una orquesta maravillosamente tratada que es de una calidad extraordinaria».

            Para Luis de Pablo, «José Ramón Encinar es un personaje de una riqueza musical absolutamente impar. Resulta difícil ser justo con él: siempre nos quedaremos cortos. Son innumerables los logros que ha conseguido en la interpretación, la composición, la organización… y todo ello con la sencillez de lo natural, como si sus constantes hazañas fuesen lo más fácil del mundo: hacedero, casi esperable…»

            Añade el autor de Kiu: «Su obra composicional no es muy abundante, pero le acredita como un artista significativo, original y necesario. Encinar compositor está en las antípodas del español expresionista o gesticulante. La Italia renacentista, con su brillante y durísima pasión mental (recordemos a Leonardo) es quizá su modelo o, por mejor decir, corresponde más fielmente a su sentir profundo, a su temperamento… ¡que, me apresuro a añadir, también puede ser español! Pensemos en el Guillén de Cántico o en el Cabezón de los Tientos. Algo, diría, muy castellano, si se me permite el localismo»

            Tras recibir el Premio Nacional de Música en 1988, Encinar dirige en Turín y Estrasburgo sendos monográficos dedicados a Franco Donatoni. En 1991 dirige el estreno absoluto de la Sinfonía nº 3 de Carmelo Bernaola, y en 1992 los de Krinoidi de Iannis Xenakis, Concerto Grosso de Donatoni y Sueños de Luis de Pablo. También en 1992 estrena su obra para orquesta Proyecto, encargada por el Consorcio para la Organización de Madrid Capital Europea de la Cultura. Con motivo del noventa aniversario de la Orquesta Sinfónica de Madrid, estrena Pieza en 1994, y en 1998 dirige la recuperación de Los amantes de Teruel, de Tomás Bretón, en el Teatro de la Zarzuela.

            Entre 1999 y 2001 fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica Portuguesa. Desde 2000 lo es de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. En 2008 obtuvo el Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid. Antes, en 2005, a propósito de su ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, exponía la siguiente declaración de principios:

            «Creo en una música que no sea forzosamente deudora de otras disciplinas ni esté supeditada a texto o intención alguna que no procedan de la propia música.

            »Creo en un arte cuya complejidad surja de la mente de un creador atento a su propia voz interior, sin que su tarea tenga que ser filtrada a través de gustos mayoritarios, pero también con el convencimiento de que la modernidad debe ser algo implícito, un supuesto mínimo pero no un valor absoluto.

            »Estoy convencido, desde la humildad de quien no es nada y quiere serlo todo, de la exactitud de las palabras que dejó escritas Ludwig Tieck: “Longino dice que para crear algo grande es necesario poseer un alma grande y elevada; yo voy más allá afirmando que también es preciso tener un espíritu igualmente grande para comprender lo que es grande y elevado”.

            »Considero que si, como artista que crea, como compositor, tuviese yo como principal finalidad llegar al mayor número posible de receptores, traicionaría la propia esencia del artista, hoy más que nunca.

            »Hago mías absolutamente las palabras de Dahlhaus, comentario a su vez a los escritos de Karl Philipo Moritz, cuyas tesis fueron compartidas plenamente por Goethe: “Lo que debe tener valor decisivo no es el placer que proporciona el arte sino el conocimiento que promueve”».

www.pedrovillora.com

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